Djokovic derrota a Nadal en una final para la historia
Novak Djokovic derrota a Rafa Nadal en una de las mejores finales de Grand Slam de la historia. El serbio se impone al tenista español por 5-7, 6-4, 6-2, 6-7 y 7-5 tras casi seis horas de duración.
Legendario, mágico, histórico, épico... se podría llenar toda una crónica con adjetivos de este estilo y seguramente no se resumiría ni minimamente lo que acaba de suceder en Melbourne. Novak Djokovic y Rafa Nadal acaban de regalar al mundo del tenis una de esas batallas que jamás se olvidan, uno de esos partidos que desde el mismo momento en que terminan forman parte de la leyenda del deporte mundial. Los dos mejores tenistas del mundo han recitado una oda a su deporte con una final grandiosa que ha terminado llevándose el de Belgrado (5-7, 6-4, 6-2, 6-7 y 7-5) tras casi 6 horas de juego ante la mirada de un público australiano totalmente enloquecido con lo que sus ojos estaban viendo.
Un momento resume la esencia de esta final. Novak Djokovic domina el marcador (5-7, 6-4, 6-2 y 4-3) y Rafa Nadal sirve para mantenerse vivo en la final. El serbio desata su furia y se coloca con un 0-40. El palco del serbio está exultante mientras en el lado del manacorí se puede leer a Miguel Ángel Nadal recitar "no está bien". Pero en la pista está Rafa Nadal, ajeno a todo lo demás y con el coraje del Cid Campeador. En su vocabulario no existe la palabra rendición. El de Manacor conecta tres ganadores imposibles para igualar el juego y posteriormente cerrarlo y empatar a 4. La Rod Laver entera se levanta exultante, en ese momento empiezan a darse cuenta de que están ante un partido para la historia. Nadal nunca se rinde.
Y todo esto en un momento en el que Djokovic parecía el tenista perfecto, sin fisuras, que conectaba ganador tras ganador, que había llevado a la mente de Nadal todas las derrotas del último curso. La versión moldeada del de Manacor parecía que daba resultado en el comienzo del partido. Un Nadal agresivo y creyendo en sí mismo se apuntó el primer set tras casi hora y media de batalla. Un golpe moral y psicológico para el serbio que veía ante sí a Golliat, que sabía en ese mismo momento que si quería reeditar el título iba a necesitar de 5 horas de enfrentamiento a tumba abierta con el Nadal de antaño. Pero estaba dispuesto a ello, este Djokovic acepta cualquier reto.
La segunda manga cambió de aires. Novak Djokovic dio un paso al frente y metido en la pista empezó a llevar el mando del partido, a dominar con el resto y a no conceder oportunidades con su servicio ante un Nadal espectacular en bolas de break convertidas durante todo el envite (4/6). Pero el corazón de Nadal es inquebrantable y supo aprovechar las dudas de Djokovic cuando éste servía para cerrar el set. El de Manacor lograba el imposible de romper a Nole e iba a servir para colocar el 5 iguales en el marcador. En ese momento, con la final más cerca que nunca apareció sobre la Rod Laver la versión de 2011 de ambos tenistas. Los miedos pasados atentaron contra Nadal y una inoportuna doble falta regalaba el break y el set a Djokovic. Partido totalmente nuevo, una guerra sin cuartel a tres sets se iba a disputar sobre la penumbra de la ciudad de Melbourne. El mundo entero solo tenía ojos para los dos mejores tenistas del momento.
Pero el guion del partido empezó a virar en dirección a Serbia de manera imparable. Djokovic había superado sus dudas y el pánico antentaba contra Nadal. El partido empezaba a parecerse cada vez más a las últimas peleas entre ellos. El español alejado de la pista sólo podía correr y defenderse ante los ganadores de Djokovic, que en cada golpe aceleraba el rumbo hacía su quinto Grand Slam. En un instante el de Belgrado se llevaba el set por 6-2 y las sensaciones empezaban a hablar de "tocado y hundido" para Nadal. Craso error.
Sentado en su silla, con la mirada al frente y la convicción de un héroe de leyenda Nadal agitaba su mente en busca de soluciones. Y las encontró, como no podía ser de otra manera. Cambió la dinámica en el servicio, buscó la potencia en cada golpe y martilleó la resistencia de un Djokovic al que empezaban a entrarle las dudas conforme avanzaba la cuarta manga sin que pasase nada relevante en el marcador. Los servicios se imponían a los restos. Y cuando Nadal lanzaba el puño al aire tras empatar a cuatro (con un breve parón por lluvia incluido) Djokovic se daba cuenta de que había final para rato. El tie break demostró este hecho. Nadal, herido en su orgullo pero sin márgen de maniobra fue mas agresivo que nunca, mientras Djokovic no daba crédito a la garra y el empuje de su rival. 7-6 para el español, el partido ya era historia y todavía quedaba lo mejor.
Con el reloj marcando las 5 horas justas de guerra daba comienzo la última batalla, la definitiva, el todo o nada. Ambos acusando el cansancio acumulado, Djokovic con la pesadez en las piernas de su partido anterior con Murray y Nadal acusando la cantidad enorme de quilómetros recorridos persiguiendo los mísiles teledirigidos del serbio. Así se citaban ante el último set. El primer bocado lo dio el español rompiendo el servicio de Djokovic para situarse con 4-2 y servicio. Era el momento de rematar al número uno del mundo, pero el tenis es un deporte que nada en la épica. Un revés paralelo de un Nadal abandonado a la suerte esquivava la raya lateral y se marchaba fuera por un milimetro. Era la bola que iba a atormentar a toda España en esta tarde de domingo. Ahí cambió el rumbo de la final. Djokovic recuperó fuerzas para terminar agonizando a Nadal en un último servicio para la historia.
El 7-5 final ponía el broche de oro y diamantes para una final antológica del Abierto de Australia. Los dos tenistas no eran conscientes de lo que acababa de ocurrir. Nadal miraba el horizonte incrédulo, incapaz de reconocer lo que había sucedido. La última derecha ganadora de Djokovic había resonado como un fuerte golpe en su rostro. Al otro lado de la red Novak Djokovic celebraba entre dolores y rezos su mejor victoria. Pasarán los años y la gente seguirá hablando de aquella final del Abierto de Australia de 2012 entre Rafa Nadal y Novak Djokovic. El tenis está de enhorabuena.



