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Ferrero sortea el peligro

El valenciano remonta un ‘break’ en el quinto set ante Kukushkin (6-1, 4-6, 7-6(2), 4-6 y 6-4) y adelanta a España ante Kazajstán.

Ferrero sortea el peligro
Ferrero celebra su victoria sobre Kukushkin en Oviedo.

Cuando Juan Carlos Ferrero, un tenista que arrastra más de cuatro meses sin conocer la victoria, pisa la roja tierra de Oviedo, un recuerdo le devuelve la sonrisa. Y le muestra una fortaleza. Sobre esta arena de gladiadores, España acumula 21 eliminatorias consecutivas (no pierde desde 1999) en su casillero en la Davis como local. Sobre este hábitat natural, la Armada baila para curar heridas y blindar corazones. Así, consciente de esta garantía como legado, el ex número uno del mundo (hoy 48 del ránking) se sobrepone en el abismo. Remonta un 0-4 adverso en el tercer parcial, un problema muscular en el muslo derecho y una nueva situación comprometida en la manga definitiva (1-3) hasta que finalmente se adjudica el partido (6-1, 4-6, 7-6(2), 4-6 y 6-4) en 4 horas y 27 minutos de batalla encarnizada. Lo que deja España con ventaja (1-0) ante Kazajstán a la espera del segundo punto entre Nicolás Almagro y Andrey Golubev.

Y si el choque bordó tintes trágicos fue por el brazo anárquico de Kukushkin (número 61 del circuito), tan letal como suicida. Vive en el riesgo, azotando cualquier bola como si rivalizara con ella. Su ‘drive’ dibuja tantos ganadores (68) que exigen un pago excesivo (computó 89 errores no forzados, demasiados). De este modo, cómodo en la trinchera, Ferrero rivaliza con la experiencia. El resultado le sonríe (6-1, 3-2 y ruptura para el español), aunque la realidad es otra. Cuando Kukushkin se libera, cuando el partido obedece más a las sensaciones, su contundencia se impone. Se levanta e intimida hasta igualar la contienda y poner distancia en el tercer acto (0-4 y saque a favor). Es el momento de las dudas en Ferrero. “¡Vamos, confía! Machácale el revés, destrózale. Lo sabes bien, ¡tú decides el punto!”, le grita Alex Corretja, debutante como capitán.

El efecto es instantáneo. Ferrero se atreve a sondear los intercambios, a salir del parapeto. Avanza metros, abre la pista con ángulos y alturas indescifrables y ataca el segundo servicio del kazajo, quien apenas sumó el 43 por ciento de los puntos discutidos. En definitiva, recupera los automatismos de la arcilla tras meses de pisadas sobre cemento. A partir de aquí, la montaña se ve cuesta abajo. Crece (4-4) para enfundarse el set en el ‘tie-break’ y se mantiene intacto pese a los latigazos ciclotímicos de Kuskushkin, que llevan la agonía en los cuerpos a un quinto set.

Porque a pesar de comenzar con un ‘break’ adverso, de deslizarse con unas piernas más maduras de esfuerzos (el domingo cumple 32 años) y de no poder competir en igualdad de condiciones en el cuerpo a cuerpo, Ferrero sobrevive. Debate con puntos largos, con la pericia del aventajado, y siembra de dudas la muñeca timorata de Kukushkin, ahogado por la presión al estar a tres juegos del partido (1-3). “¡Eres un campeón!, se oye desde la grada, aún con el susto en el cuerpo, mientras Ferrero estalla. Esta celebración describe el mito de España. Pese a no contar con la seguridad de Rafael Nadal o David Ferrer en el cartel, esta renovada selección hace de la imbatibilidad (11 años en casa) una muralla impenetrable. Una forma de ser.

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