La Ley Bosman cambió el fútbol

La Ley Bosman cambió el fútbol

En un mundo donde se avanza hacia la universalidad, hacia la extinción de las fronteras, y donde en todos los ámbitos, prima la idea de ser ciudadanos del mundo en todos los aspectos, personal, laboral...etc.... El fútbol, como yo lo concibo, es otra cosa.

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En un mundo donde se avanza hacia la universalidad, hacia la extinción de las fronteras, y donde en todos los ámbitos, prima la idea de ser ciudadanos del mundo en todos los aspectos, personal, laboral...etc....
 
El fútbol, como yo lo concibo, es otra cosa. Quede claro que todos los valores que expongo en éste primer párrafo del artículo, me parecen recomendables. Además son prácticos y deseables en el mundo del siglo XXI. Para entender la reflexión que quiero exponer a los lectores hay que ver el fútbol desde un punto de vista romántico y desde el punto de vista de la afición, porque por encima del dinero, que por supuesto mueve el fútbol actual, es un deporte de la gente, que provoca pasiones, y desata sentimientos como muy pocas cosas consiguen hacerlo. La última prueba en España, la tuvimos el pasado 11 de Julio y los días posteriores, con la conquista de la Copa del Mundo por parte de la selección española. La explosión de júbilo, en todos y cada uno de los rincones de este país con el triunfo, no se ha conseguido, con esa unanimidad, nunca. Gracias al fútbol se consiguió.
 
En 1990, Jean Marc Bosman, un modesto futbolista belga, entró en conflicto con su club, el RFC Lieja, al querer abandonar su club y éste querer cobrar una cláusula de indemnización por ello. Bosman denunció a su club, el RFC Lieja, a la Federación belga y la UEFA, alegando que sus normas no le permitían marcharse del club y realizar su traspaso al Dunkerque francés. Bosman se acogió al Tratado de Roma, de 25 de marzo de 1957, donde se prohíbe que las asociaciones o federaciones deportivas nacionales e internacionales limiten el acceso de jugadores extranjeros de la Comunidad Europea a la competiciones que organizan y que los clubes puedan exigir y cobrar una cantidad, si el jugador ya ha terminado su contrato, como era el caso de Bosman.
 
Pues Bosman ganó el litigio. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en 1995, dictó en su sentencia que era ilegal indemnizar a un club por un traspaso, si el jugador había cumplido contrato y lo más importante, declaraba ilegales los “cupos de extranjero” de jugadores nacionales de estados miembros de la Unión Europea.
 
En España se estaba disputando la temporada 95-96 y en los clubes se permitían cuatro extranjeros por plantilla, de los cuáles sólo podían jugar tres a la vez. Los equipos estaban compuestos por jugadores nacionales y con la contratación de los extranjeros se buscaba conseguir la diferencia de calidad.
 
EL CAMBIO
En la temporada 96-97 cambió todo. Se rompió de golpe todo el sistema que conocíamos hasta entonces. Los clubes renegociaron sus derechos televisivos a cambio de suculentas cantidades. A la vez, no había límite de jugadores “comunitarios” por plantilla, ni en el terreno de juego. A la liga se le denominó “La Liga de las Estrellas” y había una sensación de euforia general.
 
Hoy en día, 14 años después, la realidad del fútbol español a nivel de clubes, no es ni mucho menos la mejor. Todo el mundo se queja de la diferencia de presupuestos entre Madrid, Barça y el resto. Se dice que la liga es cosa de dos y además hay muchísimos equipos que pasan apuros económicos, equipos que se acogen a la Ley Concursal... Aquel dinero fresco, que recibieron los clubes, tras cobrar por adelantado los contratos televisivos de la televisión de pago, de los partidos de los lunes, etc... se malgastó en jugadores “comunitarios”, que no superaban ni por asomo la calidad de gente de la casa, o de los jugadores de cantera.
 
Se empezó pronto a pagar caro. El Sevilla de Marinakis, Rytter, Oulida, Jelicic o Mornar o el Hérculés de Artner, Longui, Huard y compañía, dieron con sus huesos en la segunda división. Por supuesto que no fue culpa sólo de los jugadores “comunitarios”, pero es innegable que los clubes sufrieron una desnaturalización evidente, que han ido pagando sus aficiones, sufriendo penurias deportivas y económicas.
 
No se puede ir en contra de cómo evoluciona el mundo, eso está claro, pero el fútbol, a veces, no se maneja con las mismas claves que otros sectores de la sociedad, y muchos de los dirigentes que están al mando de los clubes, parece que siguen sin saberlo.