Descubriendo un soplo de aire fresco: "Superbrothers: Sword & Sworcery EP"

Superbrothers, Capybara Games y Jim Guthrie nos brindan una experiencia única dentro del mundo de los videojuegos.

Descubriendo un soplo de aire fresco: "Superbrothers: Sword & Sworcery EP"
(Fotos: elpixelilustre.com)

Un disco de vinilo acompañado de una relajante música es lo primero que veremos al comenzar el que es uno de los títulos más particulares de los últimos años. Nos disponemos a tratar una de esas joyas independientes únicas en su concepción y que no abundan en demasía en el panorama actual del entretenimiento lúdico. Este es ni más ni menos que “Superbrothers: Sword & Sworcery EP” (al que a partir de ahora nos referiremos como “Sworcery”).

Un pintoresco personaje, al que conoceremos como “El Arquetipo”, será quien nos de la bienvenida y alguna que otra explicación sobre el juego. Poco más sabemos acerca de este individuo más allá de que parece conocerlo todo acerca del juego y de que será quien nos guíe en algunas ocasiones durante nuestro periplo. Una vez pasado este breve prólogo entraremos realmente en lo que es el juego en sí, y por consiguiente a su correspondiente análisis, para lo que comenzaremos con la siguiente pregunta: ¿En qué consiste Sworcery?

Nuestra protagonista, “La Escita” (procedente de la antigua civilización de Escitia), debe emprender un “lamentable recado” cerca de las montañas del Cáucaso, en el que tendrá que reunir todas las piezas de una fuerza cósmica conocida como la “Trigon Trifecta” para transportar el Megatomo hasta el Caótico Infinito. Con esta trama tan particular se nos presenta un juego que bebe de las clásicas aventuras gráficas y de su mecánica de “point & click” para movernos por el escenario e interactuar con los elementos del juego.

 A través de este sistema avanzaremos por los impresionantes escenarios cuyo estilo gráfico destila un particular culto al pixel por los cuatro costados. Árboles, matorrales, ovejas y personajes reducidos a un compendio de cuadraditos que no desmerecen en absoluto la belleza artística del juego, conseguida a través de unos efectos de luz y partículas y unas animaciones realmente logradas que juntas nos brindan una auténtica delicia visual simple y minimalista.  

Durante nuestra aventura nos encontraremos con diversos personajes que viven en estas montañas y que nos contarán más acerca de nuestro periplo y de la historia que se esconde detrás de este. Todo siempre narrado por la propia protagonista como si de un diario se tratara, de forma además muy imprecisa, con el objetivo de invitarnos a reflexionar y a deducir nuestro próximo objetivo, y siempre con un tono humorístico que será difícilmente apreciable si no contamos con un nivel de inglés adecuado, siendo esta una de las mayores barreras con las que el título cuenta de cara a jugarlo.

Otra de las peculiares características de Sworcery es su sistema de combate y cómo este se encuentra implementado. Estos encuentros se nos presentarán a lo largo de la aventura y, aunque a priori parezcan simples y forzados, pronto veremos que suponen un auténtico reto para nuestros reflejos y nuestra habilidad, y cómo estos tendrán lugar cuando realmente tengan que hacerlo, sin atosigarnos constantemente con combates innecesarios. Cabe mencionar la manera tan única de entrar en combate en el caso de que juguemos en un dispositivo con Android o iOS, donde tendremos que cambiar nuestro terminal de posición horizontal a vertical para que de comienzo la batalla, y mantenerlo así durante la misma.

Una vez comentadas las principales características del juego, es hora de enfrascarnos en lo que es el talón de Aquiles del mismo, su original concepción y planteamiento que le hacen distanciarse de cualquier otro del género. A diferencia de otras aventuras gráficas que podrían considerarse como referentes en su género, Sworcery no busca el proporcionar al jugador un desafío intelectual ni complejos puzles que resolver. El título en sí, más que como juego, está concebido como un experimento, tal y como nos explica El Arquetipo durante el comienzo. Un experimento sobre el comportamiento del propio jugador y lo que siente a la hora de jugar. Es por ello que durante el juego no contaremos casi con ningún tutorial o indicadores que nos marquen nuestro objetivo más allá de vagas indicaciones que más que ayudarnos lo que pretenden es incitarnos a experimentar con el juego y sus elementos. Es aquí donde entra en escena el apartado sonoro, compuesto en su totalidad por el músico Jim Guthrie, y piedra angular de Sworcery. Tal es así que durante la explicación inicial se nos recomienda jugar en todo momento con auriculares para disfrutar al máximo del componente sonoro del título. De esta forma nos encontramos con una banda sonora que, al igual que su estilo visual, posee un marcado estilo minimalista que nos acompañará a lo largo de melodías tanto ambientales, como de batalla, e incluso de tensión, ayudando a crear una atmósfera sobrecogedora durante cada una de las sesiones o capítulos en los que se divide el juego. Mención especial para los efectos sonoros de cualquier elemento del juego, increíblemente conseguidos y que suponen la guinda del pastel para una experiencia sensorial como pocas hemos vivido en videojuego alguno. Con todo esto, unido con su excepcional apartado visual, así como con la capacidad de interactuar con cualquier elemento en pantalla, Sworcery nos brindará momentos de auténtica magia y deleite sensorial, que dependerán de nosotros para descubrirlos y experimentarlos.

En cuanto a la duración del juego, dada su naturaleza no es de extrañar que no sea precisamente longevo y, mucho menos, rejugable. De hecho, al principio se nos menciona que si vamos directamente a la meta podríamos completarlo en alrededor de una hora. Una duración, cuanto menos, irrisoria para cualquier título hoy en día. Sin embargo, y por detalles de la trama que no revelaremos, el juego puede alargarse considerablemente más de lo esperado, además de que la primera vez, como es lógico, se hará más duradero, pues requiere de que resolvamos los distintos enigmas que el juego nos propone, lo cual puede llevarnos más o menos tiempo, dependiendo de nosotros.

Pocos títulos merecen tan poco el calificativo de “juego” como Sworcery, y la mayor parte de estos lo hacen de forma despectiva. Tal vez no sea un concienzudo rompecabezas que resolver, pero sí que mantiene ese espíritu de investigación tan característico de las aventuras gráficas. Tal vez no sea un juego de acción, pero cuenta con batallas absolutamente magistrales que no tienen que envidiar a ningún otro título. Lo que Superbrothers nos propone es algo distinto, algo que para el videojuego podría asemejarse en cierto modo a lo que los movimientos vanguardistas significaron para el arte. La búsqueda de algo diferente, con identidad propia, que trata de alejarse de lo ya establecido para crear algo fresco, original, bello, que siga siendo divertido, y que a su vez suponga una crítica de los convencionalismos actuales en los videojuegos. Tal vez el hecho de que el juego no busque ofrecernos un reto de gran dificultad pueda echar para atrás a los más puristas del género, pero, como ya hemos comentado, no es eso lo que busca Sworcery. Dada su concepción tan única es obvio que se trata de un título no apto para todo el mundo, o mejor dicho, que mucha gente no sabrá apreciar. Pero, aquellos que sepan verlo, encontrarán en él una auténtica obra de arte lúdica como pocas se ven en esta trillada industria.