El niño que pisó el Bernabeu
"Cómo me gustaría tener esa camiseta, es muy bonita y me la pondré siempre que juegue al fútbol"
Mi papá me agarra tan fuerte la mano que se me empieza a dormir. Me ha dicho que no me separé de él. Yo sólo veo piernas corretear de un lado para otro, si miró hacia arriba veo a papá avanzar entre empujones hacia un lugar indeterminado. Me ha traído al Bernabeu porque he sacado buenas notas y porque desde que está en paro, hace ya varios meses, dice que se aburre mucho en casa porque tiene que aguantar a mi madre. Era albañil y, como dice siempre, la crisis de los coj…, le dejó en la calle. Luego el banco...
Luego el banco no le concedió un crédito para montárselo como autónomo, aunque tampoco entiendo muy bien qué es eso. Mi mamá le dice siempre que ese mismo banco le prestó el dinero a Florentino para pagar el fichaje de Cristiano, y que era con el dinero de los españoles que les regaló a los bancos Zetapé, y luego los dos se ponen a gritarse.
Yo eso no sé lo que significa, tengo 10 años y estoy siendo aplastado por millones de piernas justo antes de cruzar el torno de la puerta del estadio.
Le digo a papá que corramos para llegar los primeros a las gradas, aunque nos dicen unos chicos con uniforme que vayamos subiendo, que en ese piso ya no quedan sitios libres. Cada escalón que subo me da la sensación que más lejos voy a ver a Cristiano y me entristece. Al final, después de subir varios pisos nos sentamos muy arriba, pero aún sigue entrando gente que se sienta mucho más arriba que nosotros, eso me consuela. Esos van a ver al Cristiano como una hormiguita, le digo a papá.
Al rato sale Florentino, que tiene mucha pasta para fichar a los mejores, que ha traído a Kaká, a Benzema y los que quedan…, o eso es lo que dice papá. Empieza a hablar el presi, pero no le hago mucho caso. Estoy por primera vez en el Santiago Bernabeu y miro a todas partes, es enorme y está lleno de gente, 70.000 personas dijeron en la tele. No hay césped, sólo un caminito verde hasta el escenario, debe ser una alfombra. Papá me dice que en el escenario están todas las copas de Europa que ha ganado el Madrid, yo asiento pero desde tan lejos apenas puedo diferenciarlas. Menos mal que hay una pantalla tremenda y puedo verlo como en la tele.
Toda la gente corea cada frase de Florentino, yo también lo hago, aunque no comprendo muy bien qué significa lo que está diciendo, sólo pienso en que Cristiano salga ya al campo, estoy ansioso.
De repente se hace el silencio en el estadio y por fiiiinnn el futbolista sale al campo. La gente se pone de pié, así que tenemos que levantarnos para ver. No puedo dejar de sonreír, estoy muy feliz y aplaudo. El jugador camina aplaudiendo hacia el escenario y cuando llega se abraza con unos hombres que no conozco. Papá dice que son Di Stéfano, el presidente de honor, y Eusebio, un futbolista de hace muchos años, que también es portugués como Cristiano. Entonces el jugador, que va vestido como en los partidos, se pone delante de los micrófonos y todos gritamos. Comienza a hablar pero no se le entiende muy bien. Creía que hablaba español, pero no comprendo lo que dice. Papá grita que se le ha olvidado el idioma porque hace mucho que no tiene una novia española. La gente de alrededor ríe su broma. El jugador dice que le ayudemos, que va a contar hasta 3 y tenemos que decir ‘Hala Madrid’, así que todos le obedecemos y…1,2,3, y grito fuerte ¡¡¡‘Hala Madrid’!!!. La gente aplaude y grita emocionada. Yo también lo estoy, es maravilloso, es el mejor jugador del mundo y va a jugar en el Madrid.
En la pantalla grande veo que en la camiseta lleva el número ‘9’ y su apellido, 'Ronaldo'. Jo, cómo me gustaría tener esa camiseta. Aunque más me gustaría ser uno de esos dos niños que están en el escenario, les acaba de regalar un balón y una camiseta, ¡¡qué morro!!
El futbolista camina de nuevo hacia el vestuario y la gente empieza a saltar al campo. Un montón de personas corren hacia él y los de seguridad les paran y les tiran al suelo. Papá y yo reímos, ¡¡es alucinante!!
Esto ya se ha acabado, me dice papá aunque yo no me quiero ir. Le digo que me haga una foto con el móvil para enseñárselo a mis amigos. Después bajamos las escaleras y le digo que la camiseta es muy bonita, y Cristiano lleva el ‘9’ y pone ‘Ronaldo’. Me lleno de valor para decirle que yo la quiero, le recuerdo que mi cumple es el mes que viene y ese es el regalo que quiero. Papá me dice que no, que es muy cara y tiene que hablar con mamá. Yo le digo que jooooo, que es la nueva y es muy bonita y me la voy a poner siempre que juegue al fútbol. Me dice que no sea pesado y que ya verá.
Cuando salimos a la calle pasamos delante del escaparate y le convenzo de que entremos a verla. Hay muchísima gente y casi no podemos movernos. Buscó rápido la camiseta, ahí está colgada, es esa, el 9. Papá la descuelga, y mientras mira la etiqueta, veo a unos chicos que cogen un puñado de ellas y salen corriendo a la calle, ¡¡las están robando!!
Me dice que son 85 euros, es mucho dinero, que si me la compra ya no va a haber ningún regalo hasta Reyes y yo le digo que vale, que no voy a pedir nada en mucho tiempo pero que por favor me la compre. Después de pagar -al final ha sido menos dinero porque me vale la talla de niño, y es más barata-, me la pongo y voy por la calle orgulloso y feliz. En el metro, de camino a casa, no dejo de mirarla, le explico a papá lo que significa ese escudo de la derecha, es en honor a Santiago Bernabeu, es el estadio desde arriba, ¿lo ves? Sí, sí, me dice, pero no le quites la etiqueta a ver si tu madre me dice que la tenemos que devolver.



























