Juan Román Riquelme, el jugador que divide las aguas
De un lado los que lo aman y sienten que el equipo no es nada sin él. Del otro los que piensan que toma todas las decisiones y juega cuando quiere. Lo único que es cierto, y para algunos también molesto, es que es una persona auténtica. La historia de un jugador que despierta amores y odios.
Idolatrado y odiado. Admirado por algunos y juzgado por otros. Amor platónico de varios entrenadores que lo dirigieron y obstáculo molesto para otros. Esas contradicciones y muchas otras más genera Juan Román Riquelme en el mundo del fútbol. El hombre que fue capaz de todo: desde renunciar a la Selección Argentina hasta devolver su sueldo cuando estuvo lesionado; desde inmortalizar un caño hasta golpear a un rival al que se le fue la mano.
Cada vez que algo sucede en el vestuario del equipo Xeneize al primer hombre que automáticamente se le apunta es al número 10 de Boca. Lamentablemente en el mundo de la pelota hay ciertas figuras que dividen las aguas y pareciera que está mal ubicarse en un punto medio a la hora de hablar de dichas estrellas; entre esas estrellas, por nombrar algunas, están Diego Maradona, que como jugador fue indiscutible pero su mala conducta hizo que cierta gente olvide lo que demostró en los campos de juego, Lionel Messi, quien a pesar de ser comparado con el mismísimo Diego carga injustamente con el peso de “tener que jugar en la Selección Argentina como en el Barcelona” y por supuesto Juan Román Riquelme, que constantemente es acusado de armar equipos, contratar y echar entrenadores y tantos otros cargos de los que se lo quiere declarar culpable pero siempre termina absuelto por falta de pruebas.
Lider nato
Riquelme es un líder natural por su carácter fuerte, por su estilo de juego y también por su posición en la cancha, ya que es

el encargado de hacer jugar al resto de sus compañeros. Tan líder es el 10 de Boca, que en 2001 fue capaz de festejar un gol ante River colocando sus manos detrás de las orejas imitando al Topo Gigio en señal de protesta a Mauricio Macri, presidente del club en aquel entonces, debido a problemas contractuales de sus compañeros y a posibles transferencias del enganche no concretadas. Si hay un jugador que asume con creces el rol de referente, ése es Román, que no tiene problemas de decir que su equipo es justo campeón pero sin brillo ni tampoco se puso colorado al admitir que su equipo no está jugando bien, pero como últimamente parte del periodismo vincula cualquier frase de un jugador a una noticia sensacionalista, si Riquelme dijo que no está conforme con el rendimiento de Boca es porque “quiere echar a Julio Falcioni”. Por consecuencia, la realidad indica que si uno es sincero tendrá más problemas que si sólo repite constantemente la trillada frase: “No nos están saliendo las cosas pero con trabajo vamos a revertir la situación”.

La división de aguas que se genera alrededor de Riquelme no sólo se presenta en los periodistas sino también en los entrenadores. En su primera etapa en Boca, el Torero tuvo una relación idílica con Carlos Bianchi; no era para menos, ni bien fue contratado por el club de la rivera, Bianchi le dio plena confianza a Román para ser el técnico dentro del campo de juego y quizá fue por acostumbrarse a ser el dueño del equipo que luego no tuvo feeling con otros entrenadores. En Barcelona y Villarreal tuvo partidos brillantes pero en el equipo catalán no fue tenido en cuenta por Luis Van Gaal y pasó más tiempo viendo a sus compañeros jugar que dejándolos cara a cara con el arquero como suele hacer. En el submarino amarillo tuvo dos temporadas sensacionales: llevó a su equipo al tercer puesto en Liga y al año siguiente llegó hasta las semifinales de Champions League.
Luego del Mundial de Alemania 2006, en donde inexplicablemente José Pekerman decidió sacar a Riquelme en el segundo tiempo ante el local y finalmente la Albiceleste caería en los penales, Román volvió a España pero por diversas peleas con la dirigencia, el semestre no fue fructífero. La situación tensa en Villarreal se solucionó con un préstamo de seis meses al club de sus amores y vaya si sería un centenar de días espléndidos: bajo la dirección técnica de Miguel Ángel Russo y el talento de Riquelme, Boca obtuvo la Copa Libertadores 2007 con Juan Román como goleador del certamen. Lo que hubiese sido la coronación de ese gran momento no se pudo dar ya que en la Copa América disputada en Perú, bajo el mandato de Alfio Basile, Riquelme y compañía tuvieron un gran rendimiento pero en la final recibieron un duro golpe ante Brasil que los dejó con las manos vacías.
La segunda parte de ese mismo año demostró lo que Juan Román Riquelme puede provocar en dos entrenadores que casualmente son argentinos. Por un lado, el Ingeniero Pellegrini fue autorizado por el presidente de Villarreal para no tener en cuenta al crack y lo único que hizo el jugador fue entrenarse. Pero ese momento tan triste en la carrera de Riquelme tuvo pequeños destellos ya que Alfio Basile, entrenador de la Selección Argentina luego de la renuncia de Pekerman, lo citó para los cuatro partidos de eliminatorias que se jugaron en ese semestre a pesar de que Román no estuviera jugando oficialmente. ¿Cómo respondió el 10? Con cuatro goles.
Riquelme dice lo que siente y quizá eso es lo que reviva una y otra vez la eterna discusión de si su presencia favorece o perjudica a un plantel. Su autenticidad es tal que en 2009 decidió renunciar a la Selección Argentina cuando Maradona era el entrenador por sus diferencias con uno de los máximos ídolos nacionales. Desde ese entonces, sólo volvió a vincularse con la selección en 2011 cuando el Alejandro Sabella lo convocó para entrenar el predio de Ezeiza pero el jugador no pudo disputar los amistosos ante Brasil por lesión.
Profesionalismo al 100%
Si bien en los últimos tiempos no pudo mantenerse varios partidos en buen nivel a causa de diversas lesiones, si hay algo que marcó la carrera de Riquelme es su profesionalismo. Su pública enemistad con Martín Palermo no le impidió asistirlo cada vez que el delantero se encontraba en posición de gol y gracias a esa fórmula las vitrinas de Boca tuvieron que ser agrandadas porque no había lugar para las copas. Si Riquelme fuese tan egoísta como muchos dicen ¿le habría dado el pase a Palermo para que rompa el récord de máximo goleador de Boca? La respuesta es obvia pero sus detractores pusieron más atención en el festejo que en la jugada, pero Román, fiel a su estilo, justificó que no abrazó a su compañero porque no quería festejar cerca de la tribuna donde se ubica la barra brava del Xeneize, con quien él tiene mala relación.Otra muestra de sus códigos se dio al finalizar el año 2010, cuando Riquelme le devolvió a la dirigencia de Boca el dinero que debía cobrar en ese semestre porque sólo jugó 135 minutos. El dinero fue utilizado para refaccionar los vestuarios y mejorar las condiciones de los jugadores de inferiores.
Algunos quieren que siga jugando por siempre, otros quisieran no tener que verlo nunca más. Si la pelota hablara pediría, cada tanto, pasar por la suela de Román para ser tratada con cariño, al menos por un rato.



