Ballet Azul, el Edén de los piratas

Las rotativas de El Tiempo, El Espectador y El Siglo, giraron cada segundo para contarlo, para hacer vivir a la gente con sus crónicas blancas, hojas caídas del árbol de la emoción, la cadencia de un baile azul inolvidable.

Ballet Azul, el Edén de los piratas
Ballet Azul, el Edén de los piratas

El azul dibuja un corazón sobre el tapiz verde de la danza, la leyenda viaja en un bajel pirata de secano que atraca en tierras colombianas. Es el azul de Millo, es el azul del mar que refleja día y noche sobre su pecho y despierta para la magia. Los corazones dormidos alimentan y sacian sus almas de fantasía, mientras en el Edén de los Piratas, el temido Francis Drake da cobijo a uno de sus más maravillosos tesoros en Bogotá, en cuyo puerto imaginario, que es una extensa planicie en la Cordillera de los Andes a 2.600 metros sobre el nivel del mar, atracó el bajel pirata que condujo a Colombia al "Maestro" Adolfo Pedernera. Lo hizo a finales de mayo del 48, de la mano de "cacho" Aldabe, Mauro Mortola, y los directivos del club azul. Desde ese mismo instante la sapiencia de Pedernera convirtió la pirata Liga Dimayor, en orbe intemporal, leyenda de otro tiempo, de la época más gloriosa del Club Millonarios.

Y es que El Millonarios del que hablamos es Bogotá, es el acervo cultural de un sueño, identidad cultural de Colombia, es la historia jamás vivida, jamás contada. Para Millonarios fue el fútbol de Nunca Jamás, pura fantasía, la célebre época recordada como la de "El Dorado", y no estamos ante la épica histórica de Lope de Aguirre, conquistador vasco al que Felipe II encargó la búsqueda del mítico reino, sino en la épica histórica del “Maestro” Pedernera, verdadero gran conquistador y, primer gran embajador de Colombia en el Viejo Continente. Las rotativas de El Tiempo, El Espectador y El Siglo giraron cada segundo para contarlo, para hacer vivir a la gente con sus crónicas blancas, hojas caídas del árbol de la emoción, la cadencia de un baile azul inolvidable.

¿Por qué Millonarios?

Y por qué Millonarios, sencillamente por las costosas contrataciones argentinas, por la reclamación de sus derechos. Las recordadas reuniones de los jueves de Vicente Lucífero, en las que el futbolista del Bogotá, apretaba a la junta directiva con la intención de negociar los pagos, puesto que los argentinos no tenían un contrato anual y percibían mucho más dinero. Una escala salarial que provocó una desigualdad que pronto propició la reclamación del resto del equipo, que exigió una remuneración ecuánime, para el conjunto de toda la plantilla. Reclamación que provocó que Luis Camacho Montoya, director de las páginas deportivas del “Diario El Tiempo” iniciara una clara ofensiva crítica hacia el equipo por su desvinculación del Municipio y le diera a los dirigentes el trato de nuevos ricos, de Millonarios, por pretender mantener a sus estrellas aun teniendo que equiparar salarialmente a toda la plantilla. La frase de Luis Camacho Montoya sentenció la leyenda con la que a partir de ese momento se conoció al club de Bogotá: "Los argentinos son muy exigentes, van a cobrar tanto y tanto, este es un club de Millonarios, los Municipalistas son ahora Millonarios".

El Maestro Pedernera y los filibusteros de la pelota

Pero esta historia de piratas y bajeles del fútbol, de la Liga pirata Dimayor, no se concebiría sin la figura inmortal de Adolfo Pedernera, personaje que revolucionó el fútbol en Colombia, un estilo y una concepción del juego que maravilló por la planicie colombiana, por el pasto verde de un fútbol y una afición que aun retrocede en el tiempo con sus ojos vidriosos. Jugador, técnico y dirigente de Millonarios, Pedernera encontró el Dorado y lo quiso compartir con Don Alfredo Di Stéfano, con Néstor Raúl Rossi…

Cuentan además que corsarios, piratas y filibusteros del balón llegaron allende de los mares, de tierras británicas lo hicieron el escocés Robert Flawell (del Swansea) y el inglés Billy Higgins (del Everton). A su vez, por medio de Adolfo Pedernera, el equipo se reforzó con la llegada del arquero de la Selección de fútbol de Argentina, Julio Cozzi, junto a otro grupo de jugadores, entre los que destacaron los argentinos Hugo Reyes, Antonio Báez, Reinaldo Mourin, Adolfo Jorge Benegas, Felipe Stemberg, Roberto "Tachero" Martínez, Julio "Stuka" Ávila y Oscar Contreras; los uruguayos Raúl Pini, Ramón Villaverde, Alcides Aguilera y Víctor Bruno Lattuada; el paraguayo, Julio César Ramírez; y los peruanos, Alfredo Mosquera, Ismael Soria y Jacinto Villalba.

Esta fue la dotación de un bajel pirata llamado Millonarios de Bogotá, aquel que desplegó sus velas para danzar por los campos de medio mundo y reinar en Colombia. Dimayor la Liga pirata a los ojos de la FIFA, era campo minado para el organismo internacional, aquellos filibusteros se habían desmarcado de la asociación internacional desde 1949 y habían osado crear su propia organización. Un 25 de mayo la División Mayor del fútbol colombiano fue expulsada de la FIFA y empezó a ser conocida como el ‘Edén de los piratas’. El 17 de junio de 1948 la Adefútbol estableció el fútbol profesional, y en junio de 1949 debutó el “Maestro” Pedernera. Poco después, un 13 de agosto de 1949, venciendo al Deportivo Barranquilla por 5-0, Millonarios se mostró por primera vez a la historia con dos goles de Di Stefano.

A partir de aquí Millonarios comenzó a gestar el que sería gran "Ballet Azul", para deleite de los aficionados colombianos y asombro del resto del planeta fútbol. La impresionante delantera azul consiguió su primera estrella en 1949, tras Dpvo. Cali. Más que nunca Colombia que se repartía entre el verde y el rojo se entregó a un eterno azul que les robó los corazones. En aquella campaña dejaron para la historia la impresionante cifra de 103 goles a favor y 35 en contra. Al año siguiente, en el 50, Pedernera se hizo cargo del timón de aquel bajel pirata como entrenador/jugador, se incorporaron al club el ya citado Julio Cozzi, Raúl Pini, el paraguayo Julio César Ramírez y el uruguayo Víctor Bruno Lattuada. Millonarios no consiguió el título (fue subcampeón), pero siguió en la línea ascendente que le llevaría a ser aquel gran "Ballet Azul" que maravilló en 1951.

En el 51 Colombia quedó nuevamente afiliada a la FIFA y Millonarios completó una campaña espectacular coronándose por segunda vez campeón. El fútbol criollo expresaba libremente su talante y talento por los campos de Colombia, la bonanza económica del dólar y la plata coincidió en un punto del planeta con una gran generación.  Millonarios firmó una de las etapas más gloriosas de la historia del fútbol. A la ya extraordinaria plantilla millonaria se incorporaron Hugo Reyes, ex River Plate, Antonio "Maestrico" Báez, y Reynaldo Mourin, conformando un equipo de auténtico lujo que arrasaría en el Campeonato colombiano, consiguiendo su segunda estrella y dando una lección de fútbol arte en cada partido.

Aquel equipo obtuvo un tricampeonato consecutivo (1951, 1952 y 1953). También ganó la Copa Colombia en 1952-53. Apelativos como "Embajador", "Mas Laureado" y "Más veces campeón" del fútbol colombiano, comenzaron a acompañar la leyenda del club de Bogotá. En Colombia el equipo azul es Millonarios y sus victorias ante el rojo se festejan como cohetes en la hoguera de la pasión, mientras la derrota se vive como velatorios de fin de semana y silencios en los que se buscan incesantes razones para seguir viviendo.

Esta maravillosa época de El Dorado encuadrada entre los años 1949 y 1954 es el relato de un tiempo y un fútbol que salió de la cabeza de Pedernera, del tuya mía con el que Don Alfredo creció y concibió el juego. Son muchos los momentos, los instantes legendarios que navegó aquel bajel pirata del buen fútbol. Todos querían competir en Colombia, la historia se anudaba a la hipérbole de un sueño, a una orquesta y un ballet de matices azules. Piratas y filibusteros de la creatividad escondieron en Bogotá el tesoro de una Liga pirata que no fue otra cosa que Edén del talento, la filigrana esculpida sobre la bota de la genialidad.

Piratas y filibusteros de la creatividad escondieron en Bogotá el tesoro de una Liga pirata que no fue otra cosa que Edén del talento, la filigrana esculpida sobre la bota de la genialidad.

Embajadores del fútbol

Pero la historia de estos embajadores del fútbol queda indisolublemente ligada a la magia de sus giras. Como ilusionistas del balón y evangelistas de la palabra espectáculo, dejaron huella en los aficionados y las crónicas de la época. La primera por espacio de casi medio año en Ecuador (Octubre 1946/Febrero 1947), en la que ganaron todos sus partidos (incluyendo al seleccionado ecuatoriano); luego por Brasil, en la que se convirtieron en el primer equipo colombiano en jugar allí y el primero en ganar en Río de Janeiro en diciembre de 1948 por (4:2) al Madureira. Se enfrentaron también al primer equipo europeo que visitaba Colombia (el "Hungaria", donde jugaba Ladislao Kubala y dirigido por Ferdinand Daucik) al que vencieron (2:1) en 1950; y en 1952 se convirtieron también en el primer equipo colombiano en jugar en, Uruguay, los vigentes campeones del Mundo.

En Bolivia abrumaron por su calidad, en Argentina ante San Lorenzo y Racing, apabullaron con su fútbol ultra ofensivo y se hicieron acreedores del mítico apodo con el que pasaron a la historia; el desaparecido locutor, Carlos Arturo Rueda los denominó como el "Ballet Azul".

Un grupo, un equipo conocido como Los Embajadores del 52, el Ballet Azul, que maravilló a media Europa, ante el Valencia en Mestalla, que perdió ante el Las Palmas, pero dejó una imborrable huella, en Chamartín ante el  Norrkoping, donde empataron a dos pero se metieron definitivamente en el bolsillo a la afición y la prensa española, que tituló lo siguiente: "Millonarios, auténticos artistas del fútbol asociado".

Pero lo mejor estaba por llegar, Millonarios coronó la hazaña ganando en su propio estadio, en sus bodas de oro al Real Madrid. Un incontestable 4 a 2 que dejó pensativo a Don Santiago, prendado de una saeta rubia que pisó sutilmente el pasto verde de Chamartín. Los goles de Castillo, Di Stéfano (2) y Baez, le pintaron el rostro al Real, rendido a un Ballet Azul sencillamente maravilloso.

Plasmaron la belleza y la estética del fútbol sobre el terreno de juego, danzaron sobre el verde césped haciendo honor a su apodo. Finalmente cerraron su gira de cinco partidos con un empate ante el Sevilla que les permitió coronarse campeón del torneo "Bodas de Oro", del Real Madrid. La prensa no escatimó elogios y algunos de los titulares fueron: “Millonarios, el mejor equipo del mundo" - "Lo más grande que ha visto Madrid: Millonarios de Bogotá."

Aquellos once filibusteros de la pelota fueron: Cozzi, Zuluaga, Pipo Rossi, Pini, Soria, Ramírez, Mourin, Báez, Reyes, Pedernera y Di Stefano. Once corsarios del balón que le tomaron la medida al legendario club español, que en sucesivas revanchas no pudo derrotar a aquel Ballet Azul que les hipnotizó.

Ese mismo año disputaron la Pequeña Copa del Mundo, en la que volvió a jugar dos partidos con el Real Madrid en la capital venezolana, con doble empate por 1-1, manteniéndose invicto contra los españoles. Una competición en la que Don Alfredo se enfundó por última vez la casaca azul de Millonarios de Bogotá (ante el Rapid Viena) y consiguió su cuarta estrella en el Campeonato colombiano.

El final de un ciclo maravilloso.

 Desgraciadamente para Millonarios en 1953 se cerró aquel maravilloso ciclo, coincidiendo con la marcha al Madrid de Di Stéfano, la de los gauchos Reinaldo Mourin, Hugo Reyes y el "Maestrico" Antonio Báez; la de los peruanos Ismael Soria, Alfredo Mosquera y la del uruguayo Alcides Aguilera. El Edén de los piratas el tesoro de Francis Drake, el Dorado de Pedernera quedaba así disperso por el planeta fútbol, no así para la memoria de la gente, que jamás olvidará el preciso y precioso baile fuera de la ley surgido hace seis décadas en la liga Dimayor

Y como bajel pirata al que llaman por su bravura el temido, en todo el mar conocido del uno al otro confín, en la lona del recuerdo gime el viento y alza en sutil movimiento, las olas de plata de un inolvidable Ballet Azul.

 Que es mi barco mi tesoro,/que es mi Dios la libertad,/mi ley,  la fuerza y el viento,/mi única patria, la mar..