Carlos Muñoz Martínez, un homenaje al ídolo

Son ya 18 años desde la partida del ídolo de todo un pueblo, del pueblo barcelonista que hasta el día de hoy lo recuerda y admira. Éste es el homenaje de VAVEL a Carlos Muñóz Martínez.

Carlos Muñoz Martínez, un homenaje al ídolo
Carlos Muñoz, el eterno número 7 de Barcelona Sporting Club

Muy pocas veces un jugador de fútbol se metió tan profundamente al corazón de una hinchada, muy pocas veces un futbolista logró calar tan hondo y provocar tales sentimientos en toda una afición; y es que muy pocas veces se vio tanta garra, tanto sentimiento y tanto amor por una camiseta, como se vio partido tras partido en los ojos de Carlos Muñoz Martínez cuando defendía los colores de Barcelona Sporting Club.

Un glorioso 13 de noviembre de 1964, la ciudad de Machala, provincia de El Oro, vio nacer a uno de sus hijos más ilustres, a uno de sus ciudadanos que más impacto social traería en la historia; ese día, Machala vio nacer un verdadero barcelonista que haría hasta lo imposible por vestir la amarilla y llevarle emoción a la hinchada del ídolo del Ecuador.

Fue Carlos Antonio Muñoz Martínez, del linaje futbolístico de genios como Garrincha y Jairzinho;  cabeceador espectacular y efectivo como ninguno; siempre con la camiseta pegada a la piel como si fuera una sola cosa a la que defendía como a su propia alma. Comenzó su carrera en la pasión más grande del mundo, el fútbol, jugando para la Liga de Guayaquil, pasando posteriormente al Everest de Guayaquil, llegando en 1985 al Olmedo de Riobamba. Luego de su paso por el Olmedo, volvió a su ciudad natal para unirse a las filas del Audaz Octubrino; para luego recalar en Filanbanco de Guayaquil.

Desde Filanbanco fue de donde el equipo más popular del país lo sustrajo para que vistiese los colores que más amó en su vida, los gloriosos amarillo, rojo y negro del Barcelona Sporting Club; recién llegado al ídolo, se enfundó la inmortal camiseta número 7 y comenzó a demostrar el porque de su incorporación, con goles y sobre todo con mucha pasión por la camiseta que defendía.

En 1990, su temporada de debut con el Barcelona, llegó a la final de la Copa Libertadores de América ante el Olimpia de Paraguay, formando parte de una alineación de ensueño que la hinchada torera recordará por siempre, la que compartió con Carlos Luis Morales en el arco; Jimmy Izquierdo siendo el gran bastión de la defensa; dos gigantes del fútbol como Mario Saralegui y Marcelo Trobianni en el mediocampo; y con Manuel Uquillas en la ofensiva.

Con la amargura de no haber conquistado el campeonato continental, en 1991 el frentón logra su primer y único título nacional vistiendo la camiseta de Barcelona. En 1992, Muñoz hizo algo que no cualquier jugador haría, rechazó una oferta económicamente muy importante por parte del club Las Palmas de España para seguir jugando en el club de sus amores. Este acto de verdadero amor por el equipo y no por el dinero, hizo que la hinchada torera realmente viera a Muñoz como uno de sus ídolos y como uno de esos jugadores que quedan para siempre en la retina del aficionado.

En 1992 Muñoz lleva a Barcelona a las semifinales de la Copa Libertadores y no contento con eso se coronó goleador del campeonato nacional de ese año, caracterizándose por su fútbol vertical, encarador, conjugado a base de una velocidad impresionante tanto mental como física y con una capacidad para apilar rivales digna de cualquier campeón de Copa del Mundo; todo esto sin mencionar su principal virtud, su habilidad para el juego aéreo a pesar de ser bastante bajo de estatura.

Llega el año de la desgracia, 1993. Fue convocado para disputar con su selección la Copa América que se jugó en tierras ecuatorianas, en la cual Ecuador consiguió la mejor participación de su historia al terminar en cuarto lugar.

El 22 de diciembre de 1993 en el estadio Monumental de la ciudad de Guayaquil, 50.000 personas se dieron cita para ver a Barcelona enfrentar a El Nacional en un partido en el que los amarillos debían anotar 3 goles para ser vice campeones y clasificar a Copa Libertadores.

Quién sino el ídolo de todo un pueblo, Carlos Muñoz, para anotar los 3 tantos con que Barcelona vencería y de esa manera se instalara en Copa Libertadores. Fue toda una mancha amarilla la que celebrara ese día los goles de Muñoz, los últimos que convertiría con la camiseta de Barcelona, que en total fueron 70; los últimos de su carrera, los últimos de su vida.

Fatídicamente, el 26 de diciembre de 1993, en un accidente de tránsito en la vía Guayaquil-Playas falleció uno de los más grandes delanteros que ha tenido Barcelona Sporting Club y el fútbol ecuatoriano, se fue a anotar goles al cielo el gran Carlos Muñoz.

Su cuerpo fue velado en el estadio Monumental, donde tantos goles marcó y tantas alegrías vivió, ante más de 20.000 que se dieron cita para en medio de lágrimas brindarle el último adiós a su ídolo. Posteriormente, en medio de un mar de gente, su féretro fue cargado por sus familiares y compañeros de equipo hasta la bóveda 4391, la que sería su ultima morada.

Los aficionados toreros lloraron hasta más no poder la partida del frentón, quién se fue de este mundo, pero nunca se irá de los corazones de la hinchada amarilla. Muñoz dejó con su muerte a un hijo y a su esposa embarazada. La dirigencia del equipo, encabezada en esa época por Isidro Romero, le rindió un justo y merecido homenaje a la memoria de Muñoz, bautizando con su nombre la general sur del estadio Monumental, donde actualmente se ubica la barra más grande del equipo, la Sur Oscura.

Muchos se han puesto la número 7 a partir de la muerte de Muñoz, pero ninguno le ha traído tanta gloria y tanto amor como lo hizo el machaleño, lo que demuestra que Muñoz es irrepetible y su mito es inalcanzable. Hoy por hoy, miles de hinchas visitan la tumba de Carlos Muñoz cada 26 de diciembre para entregarle sus ofrendas, para agradecerle por tantas alegrías, para darle un merecido reconocimiento a su memoria y para recordar cada uno de sus goles.

Los padres, los abuelos, le cuentan a sus hijos acerca de las hazañas de Carlos Muñoz; las palabras de los que tuvieron la dicha de verlo jugar no dejarán que su nombre quede en el olvido, mas bien lo mantendrán vigente para la posteridad.

Nació grande y murió con la grandeza de un gladiador. Pasarán los días, pasaran los años, pasará la vida y siempre serás recordado, Carlos Muñoz Martínez.