¿A qué juega el América?

Con espectaculares goleadas y tristes derrotas, las Águilas hacen que su afición vaya del cielo al infierno.

¿A qué juega el América?
América también perdió a Rosinei con los Gallos.

Si bien es cierto que de entre los llamados "grandes" el América no es el que peor está, también debemos ver que los de Coapa no se han ganado las palmas del público.

El último título que muestra en sus vitrinas el conjunto Azulcrema ya está expirando, las malas temporadas y las rachas de sucesos adversos,  comienzan a opacar la leyenda Águila, la verdad es que a muchos les importa más el chisme de vestidor que el juego.

El ex-técnico del conjunto capitalino, Manuel La Puente, alguna vez se dio el lujo de afirmar que  “El América defiende como el Inter y ataca como el Barcelona”, tiempo después el ex -artillero Águila Ángel Reyna declaró que “tenemos un capitán de agua y una defensa de plástico” después de salir molesto ante un marcador adverso en un clásico nacional. ¿A estas alturas del juego habrá que preguntar quién tiene más razón? 

Las afirmaciones de técnico y jugadores no están tan fuera de la realidad, pues la espectacularidad que por momentos muestra en su juego el equipo, hace más pesadas las derrotas ¿Cómo puede ser posible que un equipo que viene de pegarle al campeón pierda ante un conjunto que goleo dos veces en menos de dos meses?

Sin embargo el mal de los capitalinos no solo se trata de marcadores adversos o grandes goleadas, se trata también de jugadores y disciplina, pues parece ser que la caprichosa fortuna se ensaña con estos.

Después de la salida de Cuauhtémoc Blanco la escuadra azulcrema no ha podido encontrar en un jugador la habilidad para llenar la camiseta del ídolo de Tepito, cuando Salvador Cabañas se enfilaba para cargar la estafeta sufrió el tristemente celebre episodio del “Bar bar”, lamentablemente esto trae como consecuencia el final de su carrera como americanista.

La portería que fue durante años custodiada por Guillermo Ochoa, una de las posiciones de más cuidado en el esquema de juego, aún en la actualidad tiene un aire de polémica, pues con la salida de Ochoa a Francia y después de que Armando Navarrete no diera el ancho para ser titular, Moisés Muños se encargó de no dejar entrar goles en el arco, sin embargo, al sufrir este un accidente que lo alejó de las canchas por un tiempo, al juvenil Hugo González se le encomendó la labor de Muños; la polémica entra al preguntarse quién será el mejor para llenar el lugar de Memo.

Las contrataciones, un tema por demás manoseado en el conjunto águila, también ha dado de que hablar pues con la llegada del técnico Miguel Herrera al banquillo varios jugadores de su antiguo equipo, como el propio Muños o el delantero Christian Bermúdez, arribaron con este, sin embargo hasta la fecha de estos solo el arquero ha mostrado una regularidad en su juego.

Otro “refuerzo bomba” que ilusionó a las gradas del Azteca fue el defensa venezolano Oswlado Vizcarrondo, quien con la camisa azul y amarilla no hizo nada, caso contrario del volante argentino Rubens Sambueza, a quien se le criticó a su llegada al nido por indisciplinado, actualmente es de los pocos en mostrar valor y entrega en los juegos que disputa con al casaca águila.

El conjunto de Coapa vive con el semáforo entre rojo y amarillo, ensoñando y golpeando a su afición que cada vez es menos en sus citas en el Coloso de Santa Úrsula. Será quizá que las goleadas y derrotas duelen más para un grande, bien dice el dicho que mientras más grandes son más fuerte caen.  

A ciencia cierta atribuirle a un factor determinado la escaza productividad que ha mostrado el América de los últimos tiempos es un juego arriesgado, ya que si bien ha coqueteado con el olvido los capitalinos dan señales de vida.

Por el momento solo resta esperar que la llamada “restauración” americanista que se emprendió con Ricardo Peláez y compañía no de el mismo resultado que el ahora muy famoso cuadro del ecce homo.

¿A qué juega el América? Por el momento no se sabe, pero tarde que temprano será la afición, se encuentre donde se encuentre, la que se encargue de medir su grandeza y responder la pregunta.