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Un 2011 lleno de luces

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El rostro de 365 ovaciones metálicas

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El rostro de 365 ovaciones metálicas

Final. Udinese 2 - Atlético de Madrid 0.

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Memorias de un verano crispado

El verano es época de rumores, de palabras envenenadas, de opiniones que olvidan muy rápido lo ideal y dejan paso a la imaginación, la ilusión y el sueño. Mezcla de realidades y necesidades.

Memorias de un verano crispado
Memorias de un verano crispado

Las noticias van y vienen, como un conglomerado de información que varía según de dónde venga y cuándo lo haga. Las críticas son inevitables y las pretemporadas sirven para desnudar las carencias de los clubes, aturdidos por las vacaciones estivales. La sociedad no se muerde la lengua, ni tan siquiera se esconde para armarse en contra de lo que no le interesa, de lo que le aburre y no le seduce lo suficiente. Mientras, el balompié se debate entre giras y viajes que descubren su lado más comercial, quizás el menos sincero y natural. Siempre fue complicado ponerse de acuerdo, o al menos, tener la decencia de compartir las mismas ideas sobre tu equipo o tu rival. Cuando uno se defiende, el otro ataca. Cuando para uno es negro, para el otro es blanco. Así es el fútbol, un deporte arraigado que une y separa a los corazones, que hace reír y llorar con la misma facilidad con la que puedes ganar o perder.

Han sido unas vacaciones repletas de sensaciones y de pensamientos. De ideas y conocimientos que circulan por la mente y sirven de escaparate para el resto. Las playas y las piscinas han sido escenario de múltiples preguntas e infinidad de respuestas. Bajo la sombrilla escuchas voces que dialogan, que incluso discuten por querer saber de lo que más desconocen. Quizás nadie entiende ni comprende, pero la ingenuidad no conoce límites y cualquiera encuentra palabras para construir su particular guión. Enorme fue la victoria de nuestra selección sub-19 ante la República Checa (3-2) en el Europeo de Rumanía. Quinto título desde la instauración del torneo en 2001 y doblete español tras ganar a Suiza (0-2) en Aarhus en la final de la Eurocopa sub-21. Lo de Neymar, Agüero o Cesc son sólo algunos de los culebrones que han dado vida e intensidad a las portadas de periódicos y medios deportivos digitales. Rumores y fichajes de toda índole que han protagonizado idas y venidas, sin hablar del último y tan ajetreado cierre de mercado. Ni que decir tiene que desde 1984 no había una huelga en nuestro fútbol. Gloria bendita hasta que se convirtió en desagrado. Curiosamente, la LFP y la AFE han sido las protagonistas de una encrucijada de opiniones y declaraciones. Un parón ideal para unos e injusto para otros. Un avance para los futbolistas y un punto de inflexión. Claro, no siempre el fin justifica los medios ni tampoco llueve a gusto de todos. Una situación que no sólo empaña nuestro deporte rey, sino que es el resultado de un sin fin de despropósitos, algunos acrecentados por una crisis que no entiende ni de razas ni de clases sociales y que daña lo que encuentra a su paso.

Sueldos congelados, vidas quebrantadas por la falta de dinero. Se me vienen a la mente jugadores que no cobran su salario o equipos asolados por sus deudas, incluso embargados ante la falta de recursos. El mundo anda cojo, atolondrado al ver que países como Estados Unidos, Japón o Chile no ganan para dificultades. En México, sigue presente la balacera en los exteriores del TSM –jugaban el Santos Laguna y el Monarcas Morelia- y el atentado mortal contra el Casino Royale en Monterrey. Los narcos siguen retando al Gobierno de Felipe Calderón, cada vez más acorralado e inmerso en una crisis de inseguridad y con nubarrones que apuntan a una recesión económica. Incluso, no puedo olvidarme –porque el fútbol no lo es todo ni mucho menos- de las millones de personas que fallecen cada día en Somalia, Kenia y Etiopía. Un «Cuerno de África» que padece, que pide a gritos una ayuda que parece llegar a cuentagotas para la peor crisis humanitaria de las dos últimas décadas, producida por la sequía más devastadora de los últimos sesenta años. Triste realidad, inadmisible cuando observas que la sociedad en la que vives ha costeada la llegada millonaria del Papa a Madrid. Ni quiero criticar ni halagar, simplemente denunciar lo raro que está repartido el mundo. En Libia contrasta el posible fin de una dinastía con la voluntad de las fuerzas rebeldes. Destronar el duro régimen de Muamar el Gadafi no es misión sencilla, aunque sí el mayor logro por acabar con 42 años de dictadura. Trípoli vive en la euforia,  aunque eso no tapa las sombras de un país de seis millones de habitantes con estructuras políticas y sociales defectuosas, o simplemente irreales. Pero están luchando juntos, al menos para disponer de la suficiente libertad para expresarse, aunque sería burlesco admitir que no existen incógnitas para la futura reconstrucción de un territorio que acapara las mayores reservas de África. En la Cumbre de París se ha decido ayudar económicamente –con el dinero bloqueado al régimen libio en cumplimiento de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas- a las autoridades rebeldes para la salida a flote del país. La OTAN continuará con su misión mientras Gadafi siga siendo un peligro. De qué nos quejamos si ni siquiera sabemos que hay gente muriéndose por el mundo. Nos conformamos con marear la perdiz, con esa cita con la que los españoles quieren reivindicar el cambio: el 20N. Mucho ruido y pocas nueces. Demasiadas responsabilidades y tantos problemas. Y eso que la reforma de PP y PSOE sigue trayendo quebraderos de cabeza.

Mejor cambiar de tema, no por gusto sino por inquietud ante tanto desvarío. La Supercopa de España nos recordó al pasado, ese que nunca muere y aparece cuando menos te lo esperas. Una guerra que jamás se topa con su fin y sigue levantando ampollas. Rivalidad, competitividad y sí, absurdas necesidades. El fútbol es ante todo un deporte, un espectáculo que la sociedad ve y siente. Requiere respeto y cierta decencia, como la vida misma. Madrid y Barça han vuelto a mostrar esa cara amarga, ese enfrentamiento ensombrecido por una trifulca que dio la vuelta al mundo. Tito Villanova y José Mourinho en el centro del meollo. Que si yo te meto el dedo, que si yo te empujo. El portugués se siente el patriarca del madridismo, el héroe conforme con su club y pasota con aquello que nada tiene que ver con él. El Bernabéu lo ensalza como el jefe de la manada, pero ciertas lenguas siguen pensando que su comportamiento, a veces, no ayuda para nada. Lo que está claro es que Lionel Messi sigue siendo el que acapara los premios y el conjunto blaugrana acumula títulos que engrandecen aun más su historia. El último fue en Mónaco ante el Oporto en la final de la Supercopa de Europa. Su reinado no parece de este mundo y muchos hablan del "Dream Team" contemporáneo. El argentino es un fresco manantial de fútbol, un jugador irrepetible, de leyenda. Mientras, se abre la vieja herida que desemboca en la bipolaridad de nuestra Liga. En es esta competición nada ha cambiado. Mientras los dos grandes se retan a quién ofrece y da más, el resto lucha por su cuenta, no por caridad sino por incapacidad.

¿Quién no se acuerda de aquel once de julio en Johannesburgo? Nuestra selección absoluta de fútbol conquistó el universo futbolístico. Ahora Francia, Bielorrusia, Georgia y Finlandia serán los escollos para lograr la clasificación directa para un nuevo Mundial, que se disputa en 2014 en Brasil. Quedar segundos es sinónimo de tener que disputar la repesca, pero no nos olvidemos de la cita con la próxima Eurocopa de Polonia y Ucrania en 2012. Cambiaré de asunto, aunque éste no sea de tanto agrado. Ni que decir tiene que la LFP se ha empeñado en torpedear una vez más el trabajo del periodismo deportivo de nuestro país. El canon que exige la patronal a las radios vulnera el derecho a la información a oyentes y aficionados. Es un impedimento más de un circo que necesita un argumento más serio y menos siniestro, aunque queda demasiado a la vista que el dinero es el motor de tanto berenjenal. El balompié español no puede ser tratado como una marioneta, como un simple juguete. Ni lo merece ni lo requiere un deporte que lo que menos necesita es el cuidado de un grupo de mentes inquietas y sin escrúpulos. Empezando por Astiazarán y terminando por despechados como Jaume Roures. Dejemos que las radios sigan siendo el altavoz de miles de equipos de fútbol en municipios, el motor de tantas personas que se sienten identificadas y respaldadas por este medio. No imaginemos este juego sin ella, no cometamos ese error que algunos tanto desean.

Sería inoportuno acabar estas líneas sin acordarme de las pérdidas irreparables de Alfonso Reyes, padre del pívot de la selección y del Real Madrid Felipe Reyes, y del padre del valencianista Pablo Alcácer. Tampoco sin felicitar al etíope Haile Gebrselassie, reciente Premio Príncipe de Asturias de los Deportes, por su “excelencia deportiva y humana”. Raúl González, delantero del Schalke 04, se quedó a las puertas de conseguir la reproducción de la estatuilla de Joan Miró y los 50.000 euros del galardón. Pero eso no quita que sea un fantástico ejemplo para el deporte de ayer, de hoy y de mañana.

Mientras, las agujas de mi reloj siguen avanzando, muestra de que el mundo sigue cambiando. Estaré atento.

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