El milagro ateniense

En un partido signado por un alto nivel emotivo, Atenas se impuso 94 a 89 sobre San Martín de Corrientes. La figura excluyente del partido fue el experimentado Pete Mickeal con 28 puntos.

El milagro ateniense
Reynaldo García intentando dar un pase ante la marca de Baxley. Foto: gentileza de @isonpatoco.
Atenas
94 89
San Martín

El Griego cordobés, cuyo mote proviene de aquella nación que dio origen a la Cuna de la Civilización, logró cristalizar los conocimientos basquetbolísticos de Gustavo Miravet, mediante una buena tarea en los rebotes defensivos de Pete Mickeal. Los factores que jugaron a favor de Atenas fueron la intensidad defensiva y el buen cerco reboteador de un estimulado Dwayne Jones (es la especialidad de la casa del exPhoenix). El exBarcelona y Tau Cerámica, Pete Mickeal, estuvo intratable, inmarcable y nunca pudo estar controlado por las fuerzas de seguridad de San Martín de Corrientes. Otro player que apostó bastante en el juego en equipo fue Diego Gerbaudo, quien se adaptó perfectamente al planteo de doble base con Bruno Lábaque propuesto por el Zurdo Miravet.

Por su parte, las tropas correntinas se vieron cohibidas y fueron tomadas por sorpresa por el grupo de inteligencia ateniense, que de la mano del trabajo grupal de Jones, Mikulas y Lo Grippo, permitieron a Pete Mickeal que se erigiese como el hombre de la noche cordobesa. Lo que si intentaron los dirigidos por Sebastián González es apostar, a todo o nada, al famoso pressing (es decir, presionar desde la salida al equipo contrario con dos jugadores) que rindió sus frutos y "embarró" la cancha para que Atenas no se sitúe en su zona de confort y el partido terminase 48 a 35 a favor de los cordobeses. La importancia de haber disminuido la brecha de puntos, fue el puntal de una posible reacción sanmartiniana en el complemento.

En la segunda mitad, San Martín de Corrientes asfixió a Atenas, a través de los buenos trabajos de Federico Aguerre (21 puntos), Lucas Faggiano y Damián Tintorelli con 13 puntos. Esa unificación de criterios expuesto por el plantel correntino, hizo que los atenienses se "disfrazaran", por un momento, de espartanos. Saben decir que en el sufrimiento y en la adversidad, los equipos sacan su "león" interno. Pues, eso ocurrió durante todo el complemento e hizo que el encuentro fuese más placentero para los ojos de la parcialidad cordobesa.

El epílogo, como no pudo ser de otra manera, fue de alto impacto emocional (¡no apto para cardíacos!) a tal punto que cualquiera de los dos hizo los meritos necesarios para llevarse el cotejo. Sin embargo, una conversión del bendito Mickeal y los libres de Diego Gerbaudo, dieron lugar a la recuperación espiritual de un Atenas que venía alicaído y necesitado de resultados.

Así como sucedió en la posguerra (es decir, luego de la Segunda Guerra Mundial) con la recuperación económica de Alemania y Japón, cortesía de Estados Unidos, ocurrió exactamente lo mismo en el estadio Carlos Cerutti: el milagro ateniense.