Corazón y potencia

Lomachenko tenía todo bajo control hasta que Linares lo sorprendió con un potente recto que lo envió a la lona y abrió el trámite del combate. Sin embargo, el ucraniano supo restablecer la superioridad y cerró la pelea antes de tiempo encontrando el hígado del venezolano.

Corazón y potencia
Ambos púgiles protagonizaron una de las peleas más emocionantes del año. Foto: Top Rank.

Todo iba según lo planeado para Vasyl Lomachenko (11-1, 8ko). Acortaba constantemente la distancia con Jorge Linares (44-4 27ko), anulando la mayor estatura y largo de brazos del venezolano, y se movía siempre hacia la izquierda de su rival, manteniéndose lejos de su mano derecha. Incluso empezó a conectar combinaciones, cuando ya había logrado estudiar los movimientos del ahora ex súper campeón mundial liviano AMB. Pero muchos expertos habían dicho que esta podía ser la pelea más difícil de la carrera de Lomachenko hasta el momento, y nadie podrá negar que no les falta razón.

Todo iba según lo planeado para el retador, es cierto. Sexta vuelta de la pelea y “Loma” seguía estableciendo los términos de la pelea. Ahora combinaba golpes con más naturalidad, y ya no debía estar tan pendiente de un contraataque de su par venezolano, que de a poco empezaba a simplemente cubrirse con los brazos. Pero el “niño de oro” sabe de peleas duras y, cuando el ucraniano se inclinaba hacia adelante para atacar nuevamente, un veloz recto de derecha impactó de lleno en la cara de Lomachenko, enviándolo a sentarse a la lona.

Oscar de La Hoya, promotor de Linares, saltaba de su asiento en el legendario Madison Square Garden, extasiado ante el gran derechazo del campeón. El público rugía de emoción, porque hasta entonces era muy clara la superioridad del retador, pero esto modificaba totalmente el sendero de la contienda.

Sin embargo, Lomachenko se encargó de demostrar que las cosas estaban en orden, “no pasaba nada”. Muy rápido se incorporó y con total tranquilidad se dirigió al rincón neutral esperando la cuenta de protección del árbitro Ricky González. Sin problemas caminó, le dio los guantes en señal de encontrarse en buen estado, y con escasos diez segundos restantes, el ucraniano optó por “subirse a la bicicleta” y evitar entrar en el palo por palo. Sabía que si lo hacía, corría grave peligro de sufrir más golpes por parte de su rival.

Puede que esa caída no haya dañado severamente al bicampeón olímpico, pero sí fue una inyección de confianza para Linares, que salió al séptimo asalto resuelto a dar vuelta la pelea. Mientras el retador intentaba enfriar la disputa, manteniendo su distancia y volviendo a usar el jab, ahora era Linares quien iniciaba combinaciones de golpes, la mayoría llegando a destino. Final del séptimo round, y la sensación era de que podía ocurrir cualquier cosa, de que ninguna predicción era descabellada.

Algún estímulo intenso le debe haber dado su padre y entrenador, Anatoly Lomachenko, ya que salió a la octava vuelta decidido a volver a establecer su supremacía en el combate. Otra vez volvió a acortar distancias y moverse constantemente hacia la izquierda de Linares, protegiéndose de esa derecha maldita que le había propinado su primera caída en su carrera profesional.

Pero las ganas del campeón también eran grandes. En palabras de Timothy Bradley (33-2-1, 13ko), que oficiaba de comentarista para ESPN: “con esta caída, Linares acaba de probar que Lomachenko no es ningún súper hombre. Es humano, como todos los demás. Ahora tiene que demostrarle que a parte de ser humano, puede perder”. Y eso fue a hacer Linares, demostrarle que no era invencible. A pesar de los certeros movimientos evasivos de Loma, continuó combinando golpes, y recibiendo también. Por mucho, el noveno fue el asalto más parejo de la pelea.

Todo indicaba que se venía un final electrizante, cargado de mucho suspenso, ya que la línea que daba la victoria a uno u otro era extremadamente fina. Nuevamente, Lomachenko volvió a dar certeras combinaciones a la humanidad del campeón. Fue en una de ellas que un zurdazo en curva fue a parar a la zona hepática del venezolano, que dos segundos después dejaba caer la rodilla en la lona, luego de sentir el punzante dolor. El retador dejaba escapar algo de su emoción y nervios contenidos, con un pequeño festejo antes de dirigirse al rincón blanco.

Intentó levantarse, y eso tiene un valor enorme. Mentalmente, el púgil nacido en Barinas, Venezuela, seguía en combate. Pero son muy pocos los casos en los que los boxeadores pudieron seguir luego de recibir el famoso gancho al hígado. Y desgraciadamente, este no fue uno de ellos. El árbitro decretó el knock out técnico, y desató el festejo del nuevo campeón mundial de los livianos. Un dato adicional, para demostrar lo parejo del combate. Hasta el décimo round, las tarjetas eran las siguientes: Julie Lederman 85-85, Robin Taylor 86-84, y Steve Weisfeld 84-86.

Así, Vasyl Lomachenko se convierte en el boxeador que en menor número de peleas profesionales (12) es campeón de tres categorías distintas. Hasta este sábado, el récord pertenecía a Oscar de La Hoya, presente en esa pelea, con 22.

“High-tech” demuestra que tiene todo para ser el mejor libra por libra del momento. Hasta ahora, nadie ha podido demostrar que se equivoca.