Los síntomas mentales de los boxeadores retirados

Los boxeadores se exponen continuamente a duros golpes que inevitablemente dejan secuelas físicas y mentales durante su carrera y, especialmente, una vez que se retiran. Con los avances de la ciencia y más exactamente la neurología, se ha podido aclarar los rumores y mitos sobre el fenómeno que padecen los ex-boxeadores.

Los síntomas mentales de los boxeadores retirados
Foto: Brains and concepts

Un reciente estudio revela que el 90%  de los boxeadores sufrirán algún tipo de lesión cerebral al terminar su carrera. ¿Por qué? La principal razón es que los continuos golpes que reciben inundan el cerebro de sustancias químicas, debido a la despolarización de las neuronas. Según recoge el cerebro de un boxeador es castigado durante un combate como si le dieran con un mazo acolchado de seis kilos a 30 kilómetros por hora, 30 veces al día. 

¿Qué secuelas provoca? Los primeros síntomas son la disminución de la agilidad mental, la falta de coordinación motriz, dificultades para ordenar pensamientos, es decir, problemas a la hora de realizar un discurso. Ya con el tiempo, pueden aparecer comportamientos psicóticos y hasta derivar en demencia o Parkinson.  

Síntomas pugilistas 

Los síntomas iniciales de la demencia pugilística suelen ser temblores en las extremidades inferiores, trastornos del lenguaje, pérdidas de memoria y de más enfermedades ya citadas anteriormente. A largo plazo, acarrea dificultades para andar, sordera y un deterioro mental progresivo que puede llevar a la incapacidad total del boxeador. 

Una de las complicaciones que pueden presentarse en los boxeadores es la demencia pugilística, una enfermedad neurodegenerativa originada por conmociones cerebrales producidas por los constantes golpes que reciben en la cabeza cuando están peleando. 


La encefalopatía secundaria a la práctica del boxeo se conoce como: demencia o encefalopatía pugilística, encefalopatía crónica traumática de los boxeadores o punch drunk syndrome, (de punch, puñetazo y drunk, ebrio) traducido al español como síndrome de puño borracho, y fue descrita así desde 1928, por Harrison Martland; las manifestaciones clínicas de este padecimiento son: anormalidades en la memoria y en la conducta, cambios en la personalidad, parkinsonismo y anormalidades en el habla. 

Estudios señalan que en un golpe en boxeo se produce la interacción de dos vectores, la fuerza del guante lanzado y la resistencia de la cabeza al golpe. En el impacto, las dos masas se deforman, se acelera la cabeza y se desacelera el puño. La cabeza es desplazada mientras la masa encefálica sufre un retraso en su desplazamiento por razón de inercia.  

La distancia entre el encéfalo y el interior del cráneo se reduce y se produce un aumento de la presión intracraneal. En un golpe directo que impacta periféricamente en la cabeza puede producirse una hiperextensión del cuello y de la columna cervical; en un golpe oblicuo se combina una aceleración lineal y rotativa de la cabeza; el cráneo, inicialmente, se desplaza más rápidamente que la masa encefálica, esta situación provocará una distensión de las venas entre el encéfalo y el seno longitudinal superior, pudiendo causar sangrado venoso y una hemorragia subdural. 

Dick Swaab, neurólogo holandés especializado en estos problemas, trató las consecuencias del boxeo en su libro "Somos nuestro cerebro": "Retransmiten detalladamente en primer plano, con el griterío acalorado de fondo y todas las repeticiones que haga falta, el origen de una lesión neurológica: inestabilidad de la marcha, trastornos del lenguaje, ojos que se mueven constantemente, algún ataque epiléptico clásico, alteraciones de memoria a causa de un fuera de combate, la pérdida de conciencia después del KO, y veces el coma o la muerte", menciona el doctor en su vademécum. 

Como ocurre en otros deportes duros como el fútbol americano, los problemas neuronales son uno de los riesgos más importantes a largo plazo.