Una vez campeones, por siempre leyendas (Parte III: 1974-1990)

ALEMANIA 1974: OTRO GRAN GOLPE DE ALEMANIA

En un Mundial en donde brilló el “Fútbol Total” holandés, la Selección Alemana fue el único equipo que supo hacer frente a tal demostración de fútbol.

En el duelo inicial, los locales vencieron a Chile por la mínima. La buena racha continuó al vencer a Australia por 3 a 0, sin embargo, en el cierre del grupo, Alemania perdió 1 a 0 ante la otra Alemania, la Alemania Democrática, aunque esta caída no evitó que se clasificara a la segunda ronda. Allí dejó en el camino a Yugoslavia, Suecia y Polonia y logró el pase directo a la Final, donde esperaba Holanda.

Holanda era el candidato de todos. La Naranja Mecánica, con Johan Cruyff como director de orquesta e intérpretes de lujo como Johan Neeskens, Rudi Krol o Johnny Rep, impuso un juego dinámico, virtuoso, pero por sobre todo, atractivo, que marcó un antes y un después en este deporte. Había recorrido sin mayores problemas el camino hacia la Final, pero fue allí donde se encontró con su verdugo: Alemania.

Pero… ¿Qué tenia de especial ese elenco alemán para derrotar a los grandes favoritos? Aquel era un equipo de especialistas. Cada jugador conocía hasta el más mínimo detalle de su puesto. Aquel conjunto contaba con una sólida columna vertebral, que comenzaba con el arquero Sepp Maier y continuaba con Franz Beckenbauer como líbero, secundado por una línea defensiva formada por Hans Schwarzenbeck como central, Berti Vogts a la derecha y Paul Breitner a la izquierda. El dueño del mediocampo era Rainer Bonhof y sus laderos eran el incansable Uli Hoeness y el talentoso zurdo Wolfgang Overath. Finalmente, la principal arma de ataque era Gerd Müller, un excepcional delantero conocido como el Bombardero de la Nación.

En el partido decisivo todo parecía darse según lo esperado. A sólo 2´ del pitazo inicial, Holanda se ponía en ventaja con gol de Neeskens desde los doce pasos. Pero el conjunto teutón supo reponerse y dar vuelta el marcador. A los 25´ Breitner igualó el marcador, también de penal y por último, Gerd Müller puso el 2-1 sobre el final de la primera etapa. Durante el segundo tiempo no hubo más nada que hacer. Alemania sostuvo el resultado y se consagró Campeón.

ARGENTINA 1978: ARGENTINA, JUSTO CAMPEÓN MÁS ALLÁ DE LAS SOSPECHAS

La delicada situación política que se vivía en ese momento en el país organizador, hizo de este, un Mundial bastante particular. Argentina atravesaba el periodo más oscuro de su historia, sumida en una sangrienta dictadura militar, que para muchos, fue un factor determinante en el resultado final de la competición.

Más allá del contexto y las sospechas, los albicelestes tenían suficientes recursos más que legítimos y estrictamente deportivos para llegar hasta donde finalmente llegaron. El orden y la disciplina impuestos por el entrenador César Luis Menotti fueron claves en el desempeño argentino. Aquel equipo contaba con un magnífico Ubaldo Fillol en el arco y una defensa liderada por el capitán, Daniel Passarella. En el medio, Américo Gallego hacia el trabajo sucio, mientras que Osvaldo Ardiles y Mario Kempes eran los creativos. La ofensiva la formaban Daniel Bertoni y Oscar Ortiz como extremos abastecedores de Leopoldo Jacinto Luque.

Los dueños de casa fueron cabeza de serie del Grupo 1. Allí vencieron a Hungría y a Francia, en ambas ocasiones, por 2 a 1, pero en el tercer partido cayeron por la mínima ante Italia, aunque igualmente lograron accede a la siguiente fase, donde compartieron el Grupo B junto a Polonia, Brasil y Perú. En dicha instancia superaron por 2 a 0 a los europeos, con Mario Kempes como protagonista principal y con polémica incluida. En esa ocasión, el Matador no sólo convirtió ambos tantos, sino que también evitó un gol contrario tocando la pelota con la mano. Luego, Argentina empató sin goles con su clásico rival y en el cierre, le propinó un sospechoso 6-0 a los peruanos, que sembró las dudas con respecto a un posible arreglo, ya que los locales debían vencer a los incaicos por cuatro tantos o más para acceder al partido definitorio.

En la Final, el rival fue Holanda, que a pesar de no contar con Cruyff había hecho un gran Mundial. Sin embargo, el elenco albiceleste se impondría por 3 a 1 en tiempo suplementario y ante 71.000 espectadores que colmaron el Estadio Monumental, terminaría consagrándose Campeón del Mundo por primera vez.

ESPAÑA 1982: ITALIA, UN CAMPEÓN QUE FUE DE MENOR A MAYOR

Tras una primera ronda que no invitaba a la ilusión, Italia reaccionó en el momento indicado y de ahí en más, no se detuvo hasta lograr el título.

Aquel elenco italiano contaba con grandes jugadores. El experimentado Dino Zoff era el dueño del arco, Claudio Gentile, Gaetano Scirea y Fulvio Collovatti le daban solidez defensiva, mientras que Paolo Rossi era ese goleador intratable que todo campeón necesita. El autor intelectual de este equipo era Enzo Bearzot, un técnico que a pesar de las críticas a su estilo y las dudas sobre su capacidad, supo llevar a la azzurra hasta lo más alto.

Los tres empates conseguidos ante Polonia (0-0), Perú (1-1) y Camerún (1-1) en la primera fase hicieron suponer que este equipo no estaba para grandes cosas. Aún mayor fue el grado de desesperanza cuando se supo que en segunda ronda tocaba compartir grupo con el siempre poderoso Brasil y con Argentina, el último campeón. Sin embargo, tras la apretada clasificación, Italia despertó y se tornó imparable. Venció 2 a 1 a los defensores del título y 3 a 2 a los cariocas, de la mano de un inspiradísimo Paolo Rossi, autor de un hat-trick. En semifinales, se volvió a encontrar con Polonia, a quien esta vez despachó con un doblete de Rossi. El último partido se resolvió con un contundente 3-1 a los alemanes, para que la azzurra conquiste de esta manera, su tercera Copa del Mundo.

MÉXICO 1986: ARGENTINA Y LA GENIALIDAD DE MARADONA

El Estadio Azteca fue testigo de la consagración de los dos más grandes jugadores que alguna vez hayan pisado una cancha de fútbol. En el ´70, fue Pelé quien deslumbró al mundo en suelo mexicano. Dieciséis años más tarde y con el mismo escenario, llegaba el turno de ver brillar a Diego Armando Maradona.

La albiceleste superó la primera fase sin mayores inconvenientes: venció por 3 a 1 a una violenta Corea del Sur, igualó 1 a 1 con Italia, la campeona reinante y culminó con un 2-0 ante Bulgaria. En octavos hubo clásico rioplatense y se le ganó con lo justo al siempre duro Uruguay. El cruce de cuartos resultaría un capítulo aparte.

A menudo se dice que toda persona puede ser un artista en lo que hace. Bien, Maradona hacia del futbol un arte y en los cuartos de final de México 1986 consumó su obra maestra. El destino hacía que Argentina debiera enfrentarse a Inglaterra, con todo lo que eso significaba. En este partido se pudo apreciar las dos caras del genio argentino. A los 56´, Maradona destrabó el partido con la polémica “Mano de Dios”, pero para que no quedaran dudas de que él era el mejor futbolista del planeta, materializó una jugada fantástica, arrancando desde su propia mitad de cancha, eludiendo a seis jugadores ingleses (incluido el arquero Shilton) para marcar, con el arco a su merced, el mejor gol de la historia de los Mundiales. Un gol único e irrepetible. Un gol que sólo él, con su zurda prodigiosa, pudo haber marcado. Aquel encuentro finalizó 2 a 1 a favor de los sudamericanos, que ya se encaminaban hacia lo más alto.

En la semifinal frente a Bélgica, otros dos goles del “10” fueron la llave hacia el partido decisivo, donde aguardaba Alemania. La albiceleste se puso en ventaja a los 23´ con un cabezazo de José Luis Brown y pasados otros 23´ estiró la diferencia con un tanto de Jorge Valdano. El resultado parecía definitivo, pero a 9´ del final, los europeos igualaron el marcador con goles de Rummenigge y Völler, dándole suspenso al partido. La Copa parecía escapársele de las manos al elenco dirigido por Carlos Salvador Bilardo. Sin embargo, sólo tres minutos después, apareció nuevamente Maradona para dejar solo a Jorge Burruchaga, que tras una corrida que pareció eterna, definió ante el cruce del arquero alemán. Argentina, finalmente, ganaría 3 a 2 y obtendría así, su segunda estrella.

Maradona fue la figura indiscutible de México 1986, de eso no hay dudas. Pero no estuvo solo. Estuvo sustentado por un técnico, Carlos Bilardo, que depositó en él toda la esperanza del pueblo argentino, pero que a la vez, supo rodearlo por un gran equipo formado por otros grandes jugadores como Oscar Ruggeri, José Luis Brown, Héctor Enrique, Sergio Batista, Jorge Burruchaga o Jorge Valdano, también protagonistas claves del éxito albiceleste.

ITALIA 1990: ALEMANIA Y UN TÍTULO CON SABOR A REVANCHA

En un Mundial que prometía un fútbol del mejor nivel, con grandes equipos e individualidades, pero que termino concretando poco, Alemania, con Franz Beckenbauer ahora como entrenador, conquistó su tercera corona.

La Selección teutona basó su juego en el talentoso trió proveniente del Inter de Milán: Andreas Brehme, un incansable lateral izquierdo de ida y vuelta, Lothar Matthäus, el dueño del mediocampo y el brillante Jürgen Klinsmann en el ataque.

El Grupo 3 no resultó un obstáculo para el conjunto alemán. Con dos contundentes triunfos (4-1 a Yugoslavia y 5-1 a los Emiratos Árabes) y un empate (1-1 ante Colombia) obtuvieron el pase a octavos de final. Allí se impondría sobre una fabulosa Selección Holandesa que contaba con Frank Rijkaard, Ruud Gullit y Marco Van Basten, integrantes de otro trió fantástico que también jugaba en Italia, pero en el Milán. En cuartos, Checoslovaquia resultó un duro rival al que sólo le ganó por la mínima y en semifinales, debió recurrir a la tanda de penales para dejar en el camino a Inglaterra.

El cruce decisivo fue una reedición de la Final jugada cuatro años antes en México. Nuevamente del otro lado estaba Argentina, aunque esta vez, con importantes ausencias y un Maradona disminuido por el cansancio y las lesiones. Si bien, Alemania dominó la mayor parte de aquel encuentro disputado en el Estadio Olímpico de Roma, recién pudo ponerse en ventaja a 5´ del final con un polémico penal que Brehme cambio por gol. Alemania alcanzaba la cúspide del fútbol mundial por tercera vez en la historia.

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