La rivalidad como un devenir
Los amigos vuelven a enfrentarse

Y un día, se odiaron. Pareciera ser tan sencillo generar una rivalidad, quizás inventarla, con el fin de tener con quién competir. Pero alimentar esa idea y fomentarla con el paso de los años ha dado lugar a un momento clave en la historia de dos clubes que pertenecen a la Zona Sur del Gran Buenos Aires.

La historia, una costumbre en sociedad

La historia se construye. En un momento nace, va tomando forma y, claramente, se altera. Son las circunstancias las que ceden el paso a la dinámica y no necesariamente deberán comprometer a una parte.

Lanús en 1927. Foto: Lanús.com

El Club Atlético Lanús y el Club Atlético Banfield fueron en amigos en su infancia. Se enfrentaron por primera vez allá por 1920, en un empate que dejó un saldo más que amistoso entre ambos.

Fuente: CAB

Así crecieron, próximos a la unión y ajenos a la rivalidad. El “Granate”, por su lado, midiéndose con Talleres de Remedios de Escalada, el original rival vecino. En otra vereda cercana, Los Andes y Temperley, fervientes competidores del ascenso, chocaban miradas. En tanto, el “Taladro” pretendía medir pasiones con Los Andes, proponiendo un duro quinteto.

Lanús enfrentando a Talleres de Remedios de Esacalada (Primera B 1950). Fuente: Lanús.com

Todo cambia. En la vida uno transita distintos caminos, aspira a otros destinos, progresan, decaen… En el fútbol pasa igual. Cada club toma su rumbo o cada rumbo toma a un club, y lo lleva. Lanús supo escalar categorías, al igual que su fiel compañero Banfield. Así, ambos se fueron distanciando de sus “viejos” enemigos, quienes quedaron disputándose entre sí un lugar preponderante.

Banfield en 1930. Fuente: CAB

La lejanía que los acercó

La década de los ’80 los ubicó a ambos en la B Nacional, luego de la reestructuración del fútbol argentino en 1986, aún realizando visitas a sus enemigos. Entre los años 1990 y 1991 tanto Lanús como Banfield alternaron malos y buenos pasajes.

Banfield en la década del 80. Foto: CAB

En la temporada 90-91 Banfield estuvo a punto de ascender a Primera mientras que Lanús bajaba a la segunda en 1991 luego de haber ascendido un año antes. Tras finalizar la temporada de 1992 el Granate retornó a la A y en la 92-93, el Taladro tuvo su premio de estar en Primera

Lanús y Talleres tuvieron su último encuentro en 1992, en la B Nacional, después ascendió el Granate. A partir de allí, Talleres bajó varios escalones hacia la B Metropolitana y tropezando hasta la Primera C sin poder tocar la A.
Los años corrieron y la falta de roce entre ellos involucrando a Los Andes y Banfield, opacó la enemistad generada.

Tanto Banfield como Lanús lucían sus camisetas en la máxima categoría, a mediados ya de esa década, mientras que sus adversarios retrocedían escalones. No obstante, fue desde la temporada 2000/01 que empezaron a verse siempre durante más de veinte años.

El nuevo clásico

Durante gran parte de ese tiempo, los amigos comenzaron a competir entre sí. Ya en la Primera División del fútbol argentino, de a poco, comenzaron a intercambiar miradas diferentes. La cercanía, tanto geográfica, teniendo en cuenta la proximidad de ambas instituciones, como profesional, al frecuentarse choques entre sí, fue colocándolos en un escenario de competencia. La prensa no tardó en realizar su trabajo para echar leña al fuego de la rivalidad y la comparación.
La gente, por su parte, dejó de alentar únicamente a su equipo añadiendo a sus cánticos la referencia en contra de su –nuevo- vecino.

Los primeros pasos del equipo verde y blanco en Primera fueron fructíferos, aunque todo fue de mayor a menor. En frente, los de camiseta más oscura lograron su primer título internacional (la Copa Conmebol de 1996) y sus éxitos, lógicamente, tomaron mayor fuerza.

Como si el destino tuviera ganas de alimentar el contraste, no se dedicó solamente en elegir a uno como primer campeón internacional sino además, como el primero en serlo a nivel local, allá en el Apertura 2007. En ese torneo consagratorio para Lanús, se dieron el gusto de robarle un triunfo a Banfield en Peña y Arenales.

Banfield en un encuentro con Lanús previa al descenso. Foto: Olé

Pero la historia quiso emparejar la situación un años más tarde y le obsequió a Banfield la posibilidad de golear al reciente campeón por 5 a 0, produciendo la mayor difrerencia de goles entres ambos. Atrás quedará ese 5-0 a favor de Lanús en los ’40, donde la amistad no conocía de goleadas.
El 2009 esperó a Banfield con otro regalo: campeón del Apertura de aquel año llevándose tres puntos de Arias y Guidi.

Actualmente la rivalidad ya está asumida. Será de pocos años, pero existe. Los jóvenes la tomarán como costumbre y aquella gente grande lo verá con la memoria un tanto distorsionada. El descenso de Banfield en 2012 fue motivo de alegría para la gente de enfrente, que poco después alzarían una Copa Sudamericana bajo las felicitaciones por parte de la institución Banfileña, en un gesto con sabor a amistad.

Y cuando el estadio Florencio Sola fue fiesta verde y blanca tras ascender tras dos años, disfrutaron además la derrota del Granate en sus dos finales internacionales que le quitaron la posibilidad de sumar más a su vitrina.

La amistad quedó atrás, en blanco y negro. Los colores ya no pueden mezclarse.

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