Sin brújula
Chimi Blengio y Luna, ambos despejando una pelota en el área de Javi García. El perfecto resumen del desorden del Matador (FOTO: Tigre Oficial).

Otro golpe más para el Matador. El presente del equipo de Victoria no es alentador y su andar en el campeonato, totalmente irregular. En total, cinco partidos sin conseguir los tres puntos (aún adeuda 45´ ante Lanús, a completar el miércoles a las 19). Tan solo 17 puntos y el 12° puesto en la tabla.

Luego de dos caídas consecutivas al comienzo del torneo, vino un 4-0 esperanzador a Racing (hoy animador del certamen), para luego no volver a ganar y la despedida de Fabián Alegre. Asumió Gustavo Alfaro y Tigre parecía que iba a prenderse en la pelea, con cuatro triunfos consecutivos. La confianza, por las nubes.

Alfaro asumió e hilvanó cuatro triunfos consecutivos.

Sin embargo, el mayor cimbronazo fue haber perdido 4-3 ante Godoy Cruz un partido que el Matador iba ganando 3-1 a pocos minutos del final. Lo tenía cerrado, pero terminó con las manos vacías. Desde entonces, la caída estrepitosa del equipo, que incluyó el empate ante Arsenal (1-1), la derrota ante Independiente (1-3) y la de ayer ante Boca (0-2), donde el equipo esgrimió pocos argumentos futbolísticos y no puede interpretar la idea del entrenador.

En la tarde del domingo en la Bombonera, Tigre comenzó con el protagonismo, con las llegadas claras de Sebastián Rincón y Martín Galmarni, con el conjunto compactándose y presionando bien en la salida Xeneize, pero con su libreto defensivo y cauteloso.

La derrota dolorosa con Godoy Cruz encendió la alarma.

Con el correr de los minutos la idea del Matador se fue diluyendo, aguantando la embestida del local, que recién pudo encontrar el desequilibrio con el ingreso de Andrés Chávez y el (polémico) penal sancionado para Boca por la barrida de Erik Godoy sobre el delantero (quien se cayó alevosamente, pero existió el contacto). Luego, el segundo gol que nace de una falla compartida entre Juan Carlos Blengio y Pablo Cáceres, que Gigliotti aprovechó para sentenciar el pleito. El local fue superior pero ganó por dos errores capitales.

Olé

En lo que va del Torneo de Transición, Tigre solo pudo dar vuelta dos veces el marcador, ambas como local (en el 4-1 a Central y el 2-1 a Defensa y Justicia). Como visitante, es el gran défecit de los de Victoria, porque solo ganaron una vez (2-0 a San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro) y llevan seis derrotas fuera de casa.

Otra cuestión pasa por las fallas en ambas áreas porque en solo tres partidos el Matador logró mantener la valla en cero (Racing, Quilmes y San Lorenzo), mientras que en la ofensiva lleva 19 tantos convertidos en 14 partidos, de los cuales 12 fueron en solo tres cotejos (cuatro a Racing, cuatro a Rosario Central y tres a Godoy Cruz).

Un equipo con mucha insinuación pero pocas ideas.

Otro ítem para considerar es la falta de respuestas del esquema de Lechuga, fiel predicador del 4-4-2, con un juego ordenado, táctico y de contragolpe, cuestiones que sus dirigidos no cumplen, y además que el DT apuesta a la improvisación: Facundo Bertoglio como volante por izquierda (sacando a Lucas Wilchez, que es más idóneo a ese puesto), Galmarini, un clásico 8, jugando de doble 5 y dos hombres de punta (Rincón y Luna) muy aislados y debiendo retroceder para colaborar.

La buena del entrenador es que cuenta con un plantel completo para satisfacer sus necesidades, con apariciones interesantes de los juveniles, caso Leandro Garate. La idea debe ser pulir y proyectar a las promesas, para no terminar jugando a la par de sus compañeros y no entren cargados de responsabilidades.

En un torneo sin descensos, los equipos se dedican a jugar más y especular menos. Y Tigre, ya sin la Copa Argentina (eliminado en octavos de final), deberá apostar a terminar lo más decorosamente posible el campeonato y dejar de deambular en mitad de tabla. Quedan 4 partidos y medio de acá a fin de año, y la pregunta es ¿Alfaro hallará la brújula de este equipo perdido en un océano de dudas?

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