Una tortura sin castigo
Foto: Canchallena

Boca Juniors empató en La Bombonera 0-0 con River Plate en la ida de la semifinal de la Copa Sudamericana. Si bien en los duelos directos la igualdad sin goles favorece al local, ya que eso implica que su rival no pudo anotar en condición de visitante, es el Xeneize quien se lleva el sabor más amargo de su propia cancha.

Es que tuvo contra las cuerdas al líder del campeonato. Al River lujoso de Marcelo Gallardo que dio cátedra de buen fútbol en el torneo local. Al equipo que demostró estar un escalón por encima del resto. A aquel conjunto que no se le podía ganar.

Lo presionó en todo momento. Le quitó la pelota. Y además, lo obligó a pegar. Desde el primer minuto, los delanteros boquenses hicieron el sacrificio de ser los primeros defensores. Los mediocampistas estaban inmediatamente detrás y los defensores junto a ellos. El equipo entero estuvo muy junto y partió a su rival a la mitad.

Al Millonario le duraba poco la pelota, ya que siempre estaba incómodo y sus líneas muy lejos. Los laterales estuvieron contenidos. Ariel Rojas y Carlos Sánchez no lastimaron por las bandas tampoco y tanto Teo Gutiérrez como Gio Simeone estuvieron aislados de sus compañeros.

Pero Boca pecó de piadoso. Le faltaron ideas. Se aproximó a un River flojo y dubitativo en defensa, pero no lo penetró. Jonathan Calleri y Andrés Chávez tuvieron una noche desacertada. Al único que no podían parar era a Juan Manuel Martínez, pero salió por lesión en el primer tiempo y José Pedro Fuenzalida, su reemplazo, no supo desequilibrar.

Fernando Gago fue clave en el mediocampo para manejar el balón y capturar los rebotes de pelotas recuperadas por Cristian Erbes y Marcelo Meli. Pero cuando tenía que meter el pase hacia adelante y comenzar una ofensiva, estaba raramente impreciso y fue el responsable del gran déficit ofensivo de Boca.

En el complemento, quizás por orden de Rodolfo Arruabarrena, el Xeneize se retrasó un poco más. La decisión fue acertada, ya que River se adelantó y dejó espacios en defensa. Los delanteros de Boca quedaban mano a mano con los defensores rivales en pelotas puestas a la carrera y eso incomodaba al líder del campeonato local. Pero el dueño de casa no lo aprovechó.

Tampoco le sacó jugo a la pelota parada. Pésimas ejecuciones en los córners y en numerosos tiros libres, le dieron vida a La Banda. Pocas fueron las situaciones de gol y muchas fueron las ilusiones de jugadas peligrosas que tuvo el club de la Ribera. Actitud no le faltó. Precisión sí. Ató de pies y manos al mejor equipo de la Argentina, pero torturar no alcanza, hay que castigar. Y Boca perdonó. Perdonó a nada menos que a River Plate, su clásico rival y el equipo a vencer en el país. Dejó pasar una oportunidad.

Si bien el Xeneize salió ileso y puede marcar goles de visitante en El Monumental, habrá que ver si puede volver a someter a su rival en un césped donde los dirigidos por Marcelo Gallardo se sienten cómodos y donde, seguramente, la pelota rodará más rápido y favorecerá a los jugadores de banda roja.

Por culpa de la imprecisión del cuadro boquense, la serie está abierta y la emoción de un Superclásico que definirá todo se apoderará de todo el país. Y no una vez más. Si un simple amistoso de verano paraliza al país, el pase a la final de un torneo continental puede significar mucho más. El próximo River - Boca escribirá por sí mismo una página dorada en la historia de estos dos equipos.

VAVEL Logo