Radiografía de la goleada
Foto: Perfil

Boca ganó, gustó y goleó a su máximo rival, River Plate. Fue 5-0 en Mendoza, lo que significa el segundo resultado más abultado en la historia del Superclásico. Pero no se trataba de cualquier River, sino del River que hace unos meses eliminó a Boca de la Sudamericana, que ganó la Copa y que fue el equipo sensación del último semestre del fútbol argentino. Goleó 5-0 a La Gallardeta Mecánica, probablemente, el mejor River de los últimos años.

Y lo hizo con un equipo que era una mix de suplentes con titulares y, gran parte de esos suplentes, menores de 20 años. Es que Boca supo reemplazar la jerarquía individual con la simpleza y con un libreto aprendido de memoria. El Vasco Arruabarrena ganó el partido desde el pizarrón, tanto ayer como la semana pasada.

En el 1-0 de Mar del Plata, Boca asfixió constantemente a su rival, no lo dejó pensar. River salió a la cancha a no permitir que aquello se repita haciendo exactamente lo mismo que había sufrido hace siete días y confiando en la pierna fuerte de sus jugadores para ganar las pelotas divididas. Ahí fue donde comenzó la victoria xeneize, en la anticipación a la táctica de Gallardo: Boca nunca se prendió en esa batalla propuesta por el Millonario, simplemente se dedicó a juntar sus líneas, achicarle espacios al dominio de balón del rival, sacar todo lo que pase por la defensa y explotar la velocidad de sus delanteros.

Fue una fórmula repetida: recuperación, pelota a Gago o Pérez, pase en profundidad a los delanteros, mano a mano de velocidad entre estos y los defensores. Así de simple. Así de efectivo. Con esta secuencia que, sistemáticamente, el Xeneize hacía una y otra vez, consiguió los tres goles que, cuando aún era temprano, decretaban un resultado cuesta arriba para cualquier equipo.

Los campeones de la Sudamericana se desesperaron y, en medio de la adrenalina que sostenían desde el primer minuto, empezaron a ser cada vez menos. Roja por aquí. Roja por allá. Luego de la primera, ya era una lucha desigual, que no requiere análisis alguno. Con más espacios y tres goles de ventaja, River estaba liquidado y todo dependía de la ambición de Boca, que, si bien fue poca, bastó para decorar el resultado y convertirlo en catastrófico. Por peso propio de la superioridad numérica, los dirigidos por Arruabarrena se acercaban casi sin quererlo al arco defendido por Barovero a tal punto que se metieron en él dos veces más.

Empezó por explotar sus virtudes a costa de las falencias del rival. Luego, solo aprovechó las consecuencias del daño causado. Simple. Esa es la palabra que más se ajusta para justificar el histórico Boca 5-0 River.

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