Seremos nosotros
Javier Mascherano

Como en el Credo de la Iglesia Católica Él se echó la culpa, ¿seré yo? Preguntó, y en sus ojos se pudo ver la tristeza de un país entero. Miró a todos los costados posibles y pestañeó mil veces para que no cayera esa lágrima, igual a la que se había podido ver mientras esperaba que empezaran esos malditos penales que iban a dejar, otra vez, al rey sin su corona. Y seguramente se acordó de que el año pasado se le había ido otra gran oportunidad. Una que Alemania festejó de la mano de Gotze en su cara. Y justo cuando ese dolor ya no parecía tan terrible y las ganas habían regresado, Chile le arrebató de las manos otra copa. Una copa a la que le pasó muy cerca y miró de arriba abajo. Una copa que volvió a mirar para después agachar la cabeza como quien entiende y acepta que en un juego, como en el amor, no siempre se puede ganar.

Porque la frase “dejar todo en la cancha” la tiene tatuada al igual que la cinta de capitán. Porque nadie puede discutir que Él, más que cualquier otro, se merece levantarla al menos una vez con la celeste y blanca. Porque si de pasiones hablamos, hablamos de Él. Y si de fútbol hablamos, hablamos de Él. Porque esto es solo un juego. Pero un juego para valientes como Él.

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