El cambio: de Russo a Coudet, estilos opuestos
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Primera intromisión como director técnico, retirado de las canchas hace un tiempo estaba esperando su oportunidad para volver al fútbol pero esta vez fuera de la línea de cal y se le dio nada más y nada menos que en el club de sus amores; Rosario Central.

La nueva comisión directiva, asumida en octubre del año pasado, ya sabía que bajo sus órdenes Miguel Ángel Russo no iba a continuar siendo el DT canalla y con la derrota en la final de Copa Argentina frente a Huracán todo se les hizo más fácil. Ahora el problema era saber elegir un técnico que lleve a Central a donde merecía estar nuevamente, era su primera decisión de importancia desde que habían asumido. No se pusieron muchos nombres sobre la mesa y la mayoría de ellos eran de ex jugadores, buscaban un sello canalla, alguien que conozca la gente, las arcas del club, como se vive en Rosario y no había nadie mejor que Eduardo Coudet.

Asumió a principios de enero y obviamente ya pusieron en tela de juicio como iba a ser su primera experiencia como técnico, no muchos le tenían fe, otros depositaron un granito de arena pero no lo veían coronarse con este final. Un tipo con una personalidad fácil de enamorar dentro de la cancha, con esa locura que lo caracterizó en toda su carrera; se imaginaban un DT alocado, poco trabajador y con mínimas convicciones sobre su laburo pero hoy podemos decir que el Chacho cerró varias bocas.

El paso de un nombre a otro fue ya de por sí brusco, de los años de experiencia de Russo a ver los primeros pasos de Coudet en esta profesión, de la tranquilidad, el saco elegante y las cábalas de Miguel a la vertiginosidad, la chalina y la tintura de Coudet.

Pucha que era mucho el cambio, pero algo sí se mantenía igual o aún se veía en creces; es el sentimiento profundo por Rosario Central.

Eso es algo que a Coudet no se le va a poder criticar nunca, el amor que desde un principio demostró tener por esta institución, algo que lo hizo meterse y centrarse aún más en su trabajo. Persistente, observador, meticuloso, siempre pensando primero en el rival para luego de eso armar una estrategia adecuada sacando lo mejor de su equipo y así poder encontrar las falencias más grandes del contrincante.

Central había ascendido con Russo y nuevamente se estaba reacomodando en Primera División con un juego particular, que se veía prácticamente cada fin de semana, una defensa ordenada, un doble cinco aguerrido y un punta bien alto al cual le llovían los pelotazos, Central aprendió a jugar a eso, sacó provecho de ese estilo de juego mientras pudo pero llegó un momento que se volvió un arma difícil de utilizar. A la gente no le agradaba ese juego, se hacía complicado jugarle de igual a igual a planteles con nombres importantes pero sin embargo fueron años excelentes con el ascenso, las victorias indiscutibles en cada uno de los clásicos y la vuelta de Central al plano internacional.

Llegó el Chacho y trajo con él otro estilo de juego, también basándose en una defensa firme que cuando pudo hacerlo decidió no revolear más la pelota sino salir jugando desde abajo, tomando buenas decisiones, sin apurarse y buscando abrir la cancha adecuadamente o encontrarse con el volante retrasado para que él (Nery Dominguez) sea el encargado de levantar la cabeza. Con volantes ofensivos, rápidos y que vayan pegados a la línea. Con un tanque como Marco Ruben que pasó mucho tiempo solo arriba, apoyado por 3 mediocampistas; un enganche y dos extremos; y ya en el segundo semestre encontró en Marcelo Larrondo como la pareja de baile ideal, dos jugadores grandes, de buen porte, con buen estado físico y manejo de balón.

Coudet fue mutando, no se casó con un esquema propio, lo que no faltó nunca fue la entrega de cada uno de sus jugadores hasta el último minuto sea cual fuere el resultado llegando siempre a presionar de manera adecuada. Todo jugador canalla se fue de la cancha dando el 100% en cada partido, eso es sin duda el principal mensaje que dejó el Chacho, mensaje al cual le fue sumando condimentos como fueron los de salir con la pelota por el piso cuando llegó Javier Pinola al plantel, el de jugar con un único volante central para tener más apertura por las bandas con la velocidad y los centros de Walter Montoya y José Luis Fernandez, optó por jugar con un enganche algo que ya no se ve en el fútbol argentino, pero vio que tenía un juvenil como Lo Celso entre sus filas y prefirió tirar a la basura su esquema anterior y buscar uno mejor para que así su equipo funcione casi a la perfección.

En resumen el cambio fue grande, no solo por el estilo futbolístico sino por lo que engloba a cada técnico, dos personas muy diferentes tanto en sus acciones como en su manera de transmitir el fútbol. Lo que queda claro en este primer año de Eduardo Germán Coudet como técnico es que la garra no se negocia, eso tiene que estar sin falta en cada partido desde el arquero hasta el último integrante del plantel.

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