Un tropezón no es caída: A 14 años de Boca-Bayern Munich
Gol marcado por el ghanés Samuel Kuffour en tiempo suplementario. Foto: BayernZone

En noviembre de 2001, el sueño de Boca se hizo trizas. No pudo cumplir el objetivo de ser campeón de la Copa Intercontinental de forma consecutiva, ante un Bayern Munich que no hizo demasiado para obtener el triunfo, pero aprovechó la expulsión de Marcelo Delgado.

En un partido violento y con pocas luces, algunas polémicas opacaron el arbitraje de Kim Nielsen, que no sancionó con la misma severidad para ambos equipos, como resultado de ello, el Xeneize ha provocado un duelo aparte con el juez qué condicionó al resto de los jugadores vestidos de azul y oro.

Esa misma advertencia del referí, ha dejado con diez jugadores a Boca Juniors al cierre del primer tiempo, cuando el Chelo Delgado recibió un pase filtrado de la figura del equipo, Juan Román Riquelme, quien lo dejó en el área y frente al arquero Oliver Kahn, liberándolo de la defensa del Bayern. El jugador argentino avanzó adelantando la pelota, y ante la salida del portero alemán, simuló un contacto arrojándose por el aire, en vez de rematar el balón al arco. El árbitro expulsó a Delgado al mostrarle su segunda tarjeta amarilla y, a partir de ese momento, el partido fue otro.

Por otro lado, en el equipo teutón también debió ser expulsado el brasileño Paulo Sérgio que cometió una dura falta contra Riquelme, a mitad del complemento, pisándole un pie mientras le golpeaba la cara con un codazo. El juez resolvió no mostrarle ninguna tarjeta, a pesar de la opinión de algunos jugadores argentinos, que ameritaba una expulsión por juego brusco.

Finalmente, ya en el segundo tiempo suplementario previo a los penales, el defensor Samuel Kuffour logró el gol de la victoria para el equipo de Ottmar Hitzfeld, en una confusa situación frente al arco de Óscar Córdoba, producto de una jugada en la que se habría cometido una falta en ataque que podría haber anulado el tanto. Sin embargo, el árbitro validó la acción, dándole el triunfo al conjunto alemán. El ghanés resolvió a última hora un partido marcado por los temores de ambos conjuntos, que tuvieron como principal objetivo mantener el balón alejado del área propia.

El tiempo no daba para más. El coraje, el corazón, la garra, el orgullo, todo fue aplicado por el campeón de la Copa Libertadores, pero no le alcanzó. En una noche fría de Tokio, el campeón había caído de pie.

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