No Morales, no party

Diego Morales es la gran figura de Tigre en esta temporada: aporta juego, desborde, asistencias y gol. Un momento que no se le veía desde su paso en 2012. Es el conductor de un Matador que necesita de su fútbol para salir del pantano del descenso.

No Morales, no party
La pelota, atada al pie del conductor (Foto: Tigre Oficial).

El plantel de Tigre tiene nombres más que interesantes, ídolos que son los referentes, jóvenes que piden pista y los distintos. Estos últimos, los que marcan la diferencia, los que generar el juego y la ilusión de un equipo, los que llevan en sus hombros la responsabilidad de siempre pedirla y devolverla redonda. En este grupo tenemos a Diego Morales, quien regresó a su casa, Victoria, a comienzo de este año, tras un paso muy fugaz por Colón de Santa Fe. Ya en el primer semestre de 2018 mostró su calidad, con más goles que producción futbolística. No obstante, en este arranque de Superliga, Cachete es quien marca la diferencia y señala el camino a seguir para Tigre si pretende seguir en Primera.

Morales se ganó el lugar definitivamente, por peso propio y por lo que le aporta al cuadro de Cristian Ledesma, que cambió varias veces la forma de jugar, sin acompañamiento de resultados, y en el 11 encontró a su timón. Recostado sobre el sector derecho, ahora tiene su socio ideal: Matías Pérez García, quien se ubica por el otro sector y le aporta más sacrificio que juego al Matador. Asimismo, Cachete tiene la compañía de Sebastián Prediger para cortar en el medio, a Lucas Menossi como opción de pase permanente en la zona de tres cuartos y a una dupla delantera que está en un momento dulce: Diego Vera y Juan Cavallaro

Morales también anotó un gol en la Copa Argentina (A Brown de Puerto Madryn), que valió avanzar una ronda.

A diferencia de torneos anteriores, Tigre comenzó con muchos goles convertidos y en eso tiene bastante que ver Morales, autor de uno de los ocho gritos tigrenses en estas cuatro fechas, a San Martín de San Juan, y entregando las dos asistencias, a Vera primero y Menossi después, en el triunfazo a Aldosivi en Mar del Plata. Si bien salió en el entretiempo por una fatiga muscular, le bastó una ráfaga para ser la figura en el José María Minella. Asimismo, fue importante en las primeras dos fechas del torneo, contra San Lorenzo y Colón, en este Tigre que marcha invicto, con seis puntos, en escala ascendente.

En su segunda etapa en el club, en el Torneo de la Independencia 2016/17, Cachete solo había aportado algunos chispazos, y se terminó contagiando de la irregularidad en general. Tras su mencionado paso por el sabalero, volvió para ayudar en un momento crítico. Y se está acercando al modelo de la primera etapa, entre 2010 y 2012, más joven y más lúcido en lo físico, donde la rompió y dejó un gratísimo recuerdo en el hincha de Tigre. Seis años después, de nuevo con el Matador comprometido con la permanencia, la magia sigue intacta y en Victoria necesitan que mantenga su nivel. Si hay material para soñar, de mucho dependerá de la producción de Cachete.