Perdimos todos
La pelota, el juego, el fútbol, olvidados en todo este caos (Foto: Conmebol).

Perdimos todos

La final de la Copa Libertadores se postergó por segundo día consecutivo y ahora todo es un mar de especulaciones: se evalúa jugarla ¡en Emiratos Árabes! Protagonistas, los dirigentes, jugadores y los violentos de siempre, menos la pelota.

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Nicolás Diz

Este fin de semana, que debía dejar a un ganador de la Copa Libertadores, que este domingo debería estar festejando el título, con la bronca deportiva del otro lado, donde los programas deportivos debían analizar el juego, la estrategia, a los protagonistas, o las estadísticas de una nueva edición del certamen ¿más prestigioso? de Sudamérica. Sin embargo, nada de eso pasó. La pelota quedó de lado, solitaria, oculta. Afuera, el caos, la desprolijidad, la desorganización y la desolación.

El sábado a las 17 hs era el momento para que Andrés Cunha dé el pitazo inicial para dar comienzo a la segunda final de la Copa Conmebol Libertadores, en un clásico que había entregado una ida apasionante, en La Bombonera, con un vibrante 2-2 que dejaba totalmente abierta la posibilidad tanto para River como para Boca. Sin embargo, la pelota nunca rodó en el verde e implecable césped del Monumental. Las casi 70.000 almas que colmaron el estadio Antonio Vespucio Liberti se quedaron más de siete horas esperando por un partido que nunca llegó.

Medios de decenas de países del mundo llegaron para ver la final, al igual que hinchas que recorrieron el globo para estar en el Monumental. Hasta vino el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.

Afuera, a cinco cuadras y a pocas horas del inicio del encuentro, un grupo de hinchas atacó al micro que transportaba al plantel de Boca Juniors, lanzando piedras, envases y todo objeto al alcance de la mano. Y un policía de la Ciudad de Buenos Aires lanzó gas lacrimógeno para dispersar a la multitud, provocando que esos mismos gases llegaran a los jugadores del Xeneize, que llegaron enfurecidos al Monumental por lo sucedido. Horas después, en medio del traslado de Pablo Pérez a una clínica por lesiones en su ojo izquierdo, la Conmebol, que retrasó en dos ocasiones el inicio del partido, finalmente decidió suspenderlo a las 20, dado que no estaban las condiciones para jugarlo, con el aval de la dirigencia de River. A la salida, más caos, con avalanchas, robos de entradas y malestar de miles de personas.

Dadas las circunstancias, la Conmebol decidió posponer el encuentro tal como en la ida, al día siguiente (aunque aquella fue por condiciones climáticas). Desde la cuenta oficial de River anunciaron que los tickets eran válidos y dijeron que el partido se jugaba a las 17 de este mismo domingo. Abrieron las puertas a las 13 y la gente reingresaba al estadio. En paralelo, desde Boca le pidieron a la Conmebol que se juegue "en igualdad de condiciones", dado que Pérez seguía con molestias oculares. Y a las 14, River cambia de discurso y confirma la suspensión del partido, nuevamente con público en la cancha. La entidad madre del fútbol sudamericano confirmó que este martes en Luque, con presencia de Rodolfo D´Onofrio y Daniel Angelici, se confirmará fecha, horario y sede para esta final. Probablemente fuera del Monumental, lo que ocasionará un malestar efusivo de los hinchas y socios que compraron su entrada y lograron que las arcas del club sumen 100 millones de pesos, solo por esta final.

Debido a este partido, que no se jugó, ayer se había postergado otro clásico, San Lorenzo-Huracán. La Superliga, también afectada.

De ahora en más, todo será especulación. Primero, de las groseras fallas del operativo de seguridad que debía custodiar la integridad física de los futbolistas, cuerpo técnico y directivos que viajaban en el micro, trasladándose peligrosamente hacia donde esperaba la multitud riverplatense (hay 56 personas entre detenidos y demorados). También de la acusación de una interna de la barra brava (en la semana, uno de los "capos" de Los Borrachos del Tablón" fue detenido con $7.000.000 y 300 entradas para revender) y las ventajas extrafutbolísticas que quieren sacar de un lado y de otro: en Boca, la lógica furia por el ataque, sumado a las declaraciones poco felices de Carlos Tevez y Darío Benedetto que solo echan más leña al fuego. Además, la comparación con los hechos de 2015 y el ataque con gas pimienta a los jugadores de River en la manga (que ocurrió dentro de la misma Bombonera, no fuera del estadio como ahora), que derivó en la sanción y exclusión de Boca de aquella Libertadores. ¿Boca debe ser considerado campeón "por escritorio"? ¿Cuáles fue la responsabilidad directa de River? ¿Qué gusto tiene? ¿Acaso así no se mata la pasión? La final perdió todo clima de final. El nerviosismo, la previa, el mensaje de paz, la euforia, los goles, quedaron empañados por un suceso que quedará en la historia negra del fútbol argentino, sudamericano y mundial.

El martes arrancará toda la burocracia, las sanciones a River, la definición del lugar. Se especula con que se juegue en diciembre en Emiratos Árabes, a puertas cerradas, con el fin de que el ganador se quede en el país asiático para disputar el Mundial de Clubes. Recién se sabrá en 48 horas. A todo esto, la que debía ser la protagonista quedó eclipsada. El fútbol quedó al margen. Perdió River. Perdió Boca. Perdió el Superclásico.

 

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