Tonga, mi buen amigo: el guerrero que nunca se dio por vencido
Foto: Prensa Temperley / Hernán Giles Jadli

Si hay algo que conoce bien un/a hincha de Temperley es la pasión. Aquello que es difícil expresar con palabras, pero que se puede expresar desde lo más profundo del corazón. Esa cultura de barrio, los amigos, las anécdotas… Todo eso convive y se encuentra enlazado en un sentimiento incondicional, que es el club donde crecemos, conocemos, aprendemos, festejamos, lloramos y volvemos a sentirnos parte de una familia.

Cuando tenemos obstáculos que superar, el acompañamiento de la gente que queremos y la convivencia en el club que amamos sirve como inspiración para hacernos más fuertes. Esto nos da poder, nos hace sentir parte de algo más grande. Nos ayuda a superar la angustia, la desolación, el dolor y la adversidad. Esta unión se solidifica en este inmenso amor llamado Temperley.

Como hincha de Temperley, Gastón Aguirre sabe de qué se trata. A partir de eso, consiguió concretar el sueño de todos los aficionados celestes: ponerse la casaca sagrada y jugar en la Primera del equipo. Fue allí por el ya lejano año 2000, el momento en que comenzaría esta relación de amor y pertenencia entre el Tonga y el club de sus amores.

Proveniente de una familia de trabajo y esfuerzo, Gastón siempre supo que, para lograr lo que uno se propone, es necesario luchar y perseverar aun en los momentos más duros. Al surgir de un club humilde como Temperley, poco a poco se fue ganando un lugar, provocando la atención de instituciones reconocidas de Primera División para hacerse de sus servicios. Fue así como llegó a Olimpo de Bahía Blanca en el año 2002, dando un salto significativo en su incipiente carrera como futbolista profesional. Tiempo después, el Tonga llegó a Newell’s Old Boys de Rosario, equipo en el cual consiguió ganar el Torneo Apertura 2004.

Allí, se dio el lujo de compartir vestuario con figuras como Ariel “El Burrito” Ortega, Fernando Belluschi, Sebastián Domínguez, Ignacio Scocco, Rubén Capria, entre otros. Además, tuvo el privilegio de representar a la Selección Nacional Sub 23 y supo salir campeón del Torneo Preolímpico Sudamericano previo a los Juegos Olímpicos de Atenas del 2004.

Más tarde, ya en el año 2007, llegó a San Lorenzo de Almagro, club que venía de ganar el Clausura de ese mismo año. En el “Ciclón” se asentó como titular, tanto en el torneo local como en la Copa Libertadores. Es más: con esta camiseta convirtió (según dijo el propio Aguirre en una entrevista con el programa Líbero) su mejor gol, en la victoria 4 a 1 frente a Independiente durante el Apertura 2008.

Pero, como dijimos antes, no todo es “color de rosas” en la vida de un futbolista. En el año 2010, Gastón sufrió la rotura del tendón de Aquiles, lesión que lo marginó durante meses de las canchas. Pero la pesadilla recién comenzaba para él, ya que, cuando volvió al ruedo, una nueva lesión lo tendría alejado de la actividad profesional.

Fueron en total tres roturas de ligamentos cruzados las que impidieron a Gastón Aguirre ponerse los botines y salir a defender una camiseta, cuestión que podría significar el retiro para cualquier jugador. Sin embargo, esa perseverancia y esa fortaleza para reponerse en una situación tan adversa fueron dos puntos muy importantes para que el defensor hiciera un último intento por recuperarse, junto a una motivación más especial: volver al club de sus amores y devolverle todo lo que le había permitido conseguir.

La ilusión de pisar nuevamente el barrio, de caminar las mismas veredas de la infancia, de juntarse con los amigos de toda la vida… La existencia de ese escudo blanco y celeste es un incentivo más que suficiente para seguir intentándolo, a pesar de las malas noticias médicas y los tratamientos que no traían los resultados esperados.

Pero, como sabemos, Temperley es una institución familiar, que se convierte en la segunda casa de sus hinchas. Y sí, puede que los jugadores sean circunstanciales. Pero, cuando se trata de Gastón, hablamos de un jugador que también es hincha. Por eso, resulta incondicional y poseedor de un sentimiento puro para con el club. Fue así que en el año 2012, estando el “Gasolero” en la Primera B Metropolitana, el “Tonga” firmó contrato para unirse al plantel y terminar la recuperación, tras dos años de calvario con las lesiones.

Sin dudas, la vuelta de Aguirre generó una sensación muy especial para todos los hinchas, incluso para quien escribe estas líneas. Es que, aquellos que éramos muy pequeños a principios del milenio no habíamos tenido la oportunidad de ver al Tonga en acción. Solamente, cuando mirábamos algún partido de Newell’s o de San Lorenzo en la TV, nuestros padres nos decían: “Mirá, ese es Gastón Aguirre y debutó en Temperley”. En el caso personal, era habitual conservar las figuritas adhesivas del Tonga o de Gabriel Hauche, quienes eran los representantes celestes de la Primera División de aquella época.

Finalmente, el tan esperado regreso a las canchas se dio en diciembre del 2012, en un partido disputado en Jáuregui frente a Flandria, donde el Cele ganó 3 a 2 con un doblete de Luis López y un tanto de Andrés Montenegro. Y, de esa manera, el Tonga entró a la acción y nunca más salió de ella. Pero, cuando podía llegar a pensarse que volvía al Gasolero a jugar sus últimas cartas, el destino le tendría preparado algo mejor.

Convirtiéndose en un total referente del equipo y una voz de mando en el fondo, Gastón Aguirre se afirmó en Temperley, disputando regularmente la temporada 2013 y siguiendo como titular en el 2014. Justamente, este último fue el año que más alegrías nos traería a todos los hinchas del Cele. Tras una excelente temporada, donde Temperley quedó como escolta del campeón Nueva Chicago, fue el Reducido la oportunidad para romper la maldición de los 14 años en la B Metropolitana.

Una llave final infartante (y bien conocida por los hinchas) ante Platense derivó en un grito sagrado de Ariel Rojas que significó la definición por penales. Esa noche mágica de junio también fue una revancha para nuestro homenajeado, quien tuvo el placer de lograr el ascenso con el club del cual es hincha. Pero las utopías seguirían convirtiéndose en realidad.

Ya en la B Nacional, Temperley jugó un torneo inédito dividido en dos zonas, otorgando cinco ascensos para cada una de ellas. Teniendo el presupuesto más bajo de la categoría, el Gasolero hizo una temporada memorable, en la cual el Tonga fue una figura fundamental para ganar batallas contra Patronato, Crucero del Norte, Atlético Tucumán y otros equipos poderosos del momento. Entre lágrimas, esa maravillosa tarde-noche de noviembre fue la instancia en la cual Aguirre tocó el cielo con las manos: había conseguido, junto a un grupo de guerreros y la confianza del legendario Ricardo Rezza, el ascenso a la Primera División del fútbol argentino.

Todas esas historias parecen aptas para adaptarlas en el metraje de una película taquillera, no lo vamos a negar. Pero la realidad es que esta pasión es propia de Temperley, la cual para nosotros es inigualable. Si empatizamos con el Tonga, nos encontraremos con la piel de gallina para entender todas las emociones que habrán pasado por su cabeza en ese tiempo. Una recompensa al esfuerzo, que deber servir como enseñanza para todos en cuanto a los objetivos que nos proponemos.

Lo fundamental es no bajar los brazos. Como cereza del pastel, Gastón pudo pisar La Bombonera, El Monumental y las canchas de los más grandes del país defendiendo los colores de su barrio, de su esencia. Eso también simplifica la razón por la cual los hinchas de Temperley lo consideramos como un verdadero ídolo. Esto es algo más que una cuestión futbolística o de rendimientos, es una cuestión de pertenencia. El contexto quiso que Gastón Aguirre juegue sus últimos partidos con la camiseta de San Martín de Burzaco, pero la historia siempre lo remontará a Temperley, porque el lazo de amor que lo une es irrompible.

Llegando al final del recorrido, solo queremos aprovechar este medio para agradecerte, Gastón, por habernos dado tantas alegrías, por haber defendido a capa y espada nuestros colores, por no rendirte. Queremos darte las gracias también por pensar siempre en el bien del club y por ser tan querible.

Este fin de semana nos despedimos de una leyenda de nuestro club, un símbolo de tres valores fundamentales: humildad, perseverancia y sentido de pertenencia. Tonga, mi (nuestro) buen amigo: ojalá que sigas ligado a Temperley de una u otra forma durante mucho tiempo. Se retiró un guerrero, ese que nunca se dio por vencido.

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