Paso a paso: Diego Martínez  en busca del modelo de juego
El pasado sábado, con River, el Expreso volvió a jugar en la provincia de Mendoza después de ocho meses. Foto: Prensa Godoy Cruz. 

Tres partidos. Tres derrotas. Las estadísticas reflejan un comienzo amargo de esta insólita Copa de la Liga Profesional para Godoy Cruz. En un contexto atípico, el conjunto mendocino cambió su entrenador para revertir la imagen de este último año y medio. Desde la salida de Diego Dabove a fines de 2018, el Tomba no encuentra el rumbo. En este inicio, el equipo de Diego Martínez dio algunos rastros de lo que desea su director técnico. A pesar de los resultados, la idea del ex DT de Estudiantes de Caseros vislumbra un enderezamiento para la vida del Expreso.  

Aun así, hay mucho para analizar. El cambio de sistema de un partido a otro, y en el medio del partido en Rosario contra Central, fue un primer mal síntoma -palabra de moda en estos días-. Ante un mal rendimiento en los primeros cuarenta y cinco minutos contra el "Canalla", cambió el 3-5-2 (ó 5-3-2) por el 4-3-1-2 (ó 4-1-3-2) que se mantuvo de allí en adelante. Pero, desde afuera, hay que comprender que esto, la modificación del "número telefónico", es lo menos importante. Más allá del parado inicial en el papel, después los jugadores se mueven y ahí es donde se ve la verdad. "Un jugador juega desde su posición, no en la posición".  

Ahora bien, en esa movilidad y ocupación de espacios tras el pitido inicial está el funcionamiento que proyecta cada entrenador. Cada uno con sus gustos e ideas, todos buscan lo mismo: ganar. Con mayor o menor urgencia, supeditado al entorno del club y la presión de la gente, el contexto también juega, en días en los que si perdés algunos partidos seguidos ya "no servís".

La idea de Diego Martínez está clara y fue dando algunos buenos indicios. Por fuera del resultado final, como se dijo, fue de menor a mayor. Presionar cerca del arco rival y un rápida, pero inteligente, circulación de la pelota para que el ataque sea preciso y agresivo, son los principios madre. La intensidad, a su buen entender de la palabra en el desarrollo de un partido, es otro concepto, cada vez más habitual, que pregona el DT. 

Después, cada partido es una película diferente, que se prepara como tal, y puede tener un desenlace positivo o negativo. En cuanto a resultados y funcionamiento, a lo que se hace referencia. En ese sentido, el primer pantallazo del Tomba no fue el mejor. El primer tiempo con Rosario Central, con el dibujo planteado unas líneas atrás, no dejó una buena imagen. En ataque, poco y nada, salvo la transición rápida de Ojeda ni bien empezado el encuentro, los jugadores ofensivos estaban inconexos y el arco rival se veía a un desierto de distancia. En defensa, la línea de cinco atrás se vio descoordinada y con problemas para cerrar las espaldas de los carrileros y los costados del cinco, Wilder Cartagena. Lo que se vio reflejado en la cantidad de faltas (19, según datos de Olé), y en las tarjetas que recibieron el peruano y dos de los centrales (Ferrari y Herrera). Martínez lo vio y cambió. 

El 5-3-2 que empezó el partido en Rosario.

El rombo en el medio, con la línea de cuatro defensores y dos delanteros fue lo elegido para dar más profundidad y opciones de pase en la salida. El desempeño mejoró, con la movilidad de Bullaude y las subidas de Silva por la derecha, pero no alcanzó. Por un punto clave: las transiciones defensivas. Godoy Cruz quedó mal parado cuando perdió la pelota en los tres partidos que jugó (con Banfield en menor medida). La derrota en Rosario llegó por esa fase del juego, y por la calidad en la definición de Gamba. El del "Taladro", llegó por una falta después de una pérdida de Wilder. En el golpe a golpe del segundo tiempo con River, además, se pudo apreciar con claridad cómo queda en desventaja la defensa bodeguera cuando se pierde el balón. 

Relacionado a lo anterior, está la coordinación para presionar. En este aspecto, los que padecieron fueron los volantes centrales. Cartagena, en primera instancia, y Jalil Elías. El Tomba presionó la salida del rival. Cuando llegó a dar frutos, fueron claras situaciones de gol, que fueron desaprovechadas, especialmente con River, otro tema a tratar más adelante. El problema está cuando esa primera línea de presión no logra dar con la pelota. El bloque de detrás está en desventaja y es donde el cinco debería convertirse en pulpo para poder marcar. Las espaldas de los internos (los costados de ese "centre half"), están despobladas y, por ende, hay espacios para que el rival progrese.  

Para finalizar con la fase defensiva, la espalda del cuatro (Carrasco, primero, Silva y Ferrari, después) y del tres (Damián Pérez) es otro sector "flaco". Con tendencia a pasar el ataque, muchas veces los centrales tienen que salir a hacer la cobertura, pero se hace un efecto dominó y se van dejando zonas descubiertas que el rival puede aprovechar. El gol de River, el último sábado, llegó después de un -gran- pase de Angileri por detrás de Gianluca Ferrari, para que Suárez envíe el centro al área y Girotti marque su primer gol con la camiseta millonaria en Primera División. 

Se cambia la página para entrar en la posesión de la pelota. Salvo con el equipo de Gallardo, Godoy Cruz tuvo más el balón en los partidos que jugó. Después, qué se hace con él es la tarea interesante. Sumado a cómo se elige atacar: por dónde, con cuánta gente (jugadores), en qué momento. El último partido se vio llegar al equipo de Martínez en cantidad al área del rival. El del lado opuesto a la pelota, se cierra para llenar y ocupar esos espacios claves. La segunda pelota, también, es más que importante, mientras más jugadores haya cerca, más posibilidades hay de recuperarla rápido (relacionado a la coordinación de la presión que se mencionó). 

Al primer tiempo con Central ya se hizo mención, fue pobre. En el segundo, el cambio de esquema le sentó bien, sobre todo con el ingreso de Bullaude, quien se mantuvo en los once iniciales siguientes. El juvenil dio esos desmarques de apoyo para salir limpio con la pelota y que el ataque prospere. Sin embargo, no queda reflejado en las situaciones de gol, salvo la chance del "Morro" ante el arco vacío. La participación del uruguayo es otra cuestión a tratar, que divide opiniones. 

El cambio de esquema para el segundo tiempo con Central.

En el Florencio Sola, la organización ofensiva no dio en la tecla. A pesar del sólido trabajo en la defensa, adelantarse en el campo le costó horrores al conjunto tombino que, salvo contados pasajes, no tuvo profundidad. Con Elías en el eje en salida, Andrada, Ojeda y Tesuri delante de él, más Bullaude "libre" cerca de Badaloni; el bloque medio de Banfield tomaba los posibles receptores cercanos y el ex Newell´s nunca pudo tener una opción de salida clara. ¿La mejor situación? otra vez de Santiago García, cuando estaba por finalizar el partido y Arboleda negó con una atajada en su palo izquierdo.  

La formación Vs. Banfield con un "segunda punta".

Con la vuelta al Malvinas Argentinas después de ocho meses, al Expreso le faltó el toque final. Con un ataque mucho más directo que en los partidos anteriores, los noventa minutos vieron varias ocasiones de gol por lado. Badaloni y Lomónaco, la dupla arriba, lucharon mano a mano con los centrales millonarios y tuvieron sus chances para convertir: "Bada", con algunas transiciones ofensivas que no pudo aprovechar (más el penal que atajó Bologna), y el ex Arsenal, un uno contra uno que tapó el ex arquero de Banfield. Como se dijo, hubo jugadas rápidas en las que quedó con ventaja, numérica y posicional, y con espacios para correr y ser punzante, pero los delanteros no estuvieron precisos para aprovecharlas. 

Los once del sábado contra River.

Por último, la acción que se trabaja y define partidos es la pelota parada: tiros de esquina, tiros libres e indirectos, saques de banda, saques de arco e, incluso, los saques iniciales. Y, para Godoy Cruz, fue otro aspecto que pagó caro. Especialmente los dos primeros partidos. Con Central, el primer gol vino de un córner y casi le hacen el segundo tras un tiro de Torrent que pasó cerca del arco de Ibáñez. Con Banfield, más allá del tiro libre de Cuero, el arquero de 39 años, recién cumplidos, salvó una clara ocasión de gol tras un cabezazo de Galoppo. Con River, a favor de los de Martínez, no pasó mayores inconvenientes con los nueve tiros de esquina para el Millonario (siete en el primer tiempo). 

Así es que se va en camino a la idea y el modelo de juego de un entrenador de la escuela de Guardiola y compañía, la cual trajo a Mendoza, para sacar, de una vez por todas, al Tomba de esta mala racha. 

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