Anemia futbolística

La derrota ante Temperley, por la cuarta fecha del campeonato de Primera División, dejó en Atlético de Rafaela muchas dudas de cara al futuro, pero también muchas certezas.

Anemia futbolística
La Crema sumó su tercera derrota consecutiva y Burruchaga no encuentra el rumbo. Foto: Prensa Atlético de Rafaela.

El elenco conducido por Jorge Luis Burruchaga no sólo no encuentra el rumbo, sino que además agudiza su crisis partido tras partido. El martes sumó su tercera caída consecutiva y la pendiente hacia abajo parece no tener un fondo visible. Las producciones son cada vez más deficitarias y la idea futbolística sigue sin aparecer, en un torneo que ya transcurrió en un 25%.

Hablando de lo colectivo el conjunto rafaelino carece de gol (sólo dos a favor, uno de ellos en contra), no posee volumen de juego y cada vez está más lejos del arco contrario sin siquiera generar aproximaciones. 

A la hora de buscar juego asociado se hace muy difícil encontrar situaciones de este tipo en los últimos tres partidos. No aparece "ese" conductor que pueda marcar un cambio de ritmo, que busque cómplices, que marque desequilibrio, que haga una lectura clara del juego, o que simplemente remate al arco contrario. Claro, todo se complica mucho más cuando no existe en Atlético la posibilidad de recuperar el balón e hilvanar dos o tres pases seguidos sin perderla.

Las pelotas paradas son desaprovechadas sistemáticamente una y otra vez, ya sea por impericia en los envíos o directamente por falta de resolución. Encima, contrariamente a lo que uno puede suponer, representan un riesgo en perjuicio propio, ya que a partir de las mismas suelen generarse contragolpes que toman mal parado al equipo (le cuesta horrores retroceder) permitiéndole al rival generar peligro e incluso alcanzar el gol como ocurrió contra Defensa y Justicia.

Evidentemente que el factor anímico y psicológico a hecho mella en este plantel, ello queda expuesto cuando se observa que en la victoria ante Huracán al menos se vio una respuesta más solidaria, pero que en los últimos partidos se ha esfumado. En cada encuentro, tras una intención inicial de ser protagonista, rápidamente el equipo se repliega, cede la pelota y el terreno, y entra en un desconcierto generalizado. Nadie se muestra para salir jugando u ofrecer una opción de pase a un compañero y recurre al pelotazo, dividiendo el esférico y perdiéndolo la mayoría de las veces (por no decir siempre), haciéndolo un equipo inocente y totalmente previsible.
Los rivales cortan de manera sencilla su cicuito de juego, tapan la escalada de sus laterales y aislan a sus delanteros, haciendo que se convierta en un equipo largo, inconexo y sin ideas.

La Crema es también un reflejo de su entrenador, quien, o no tiene en claro cómo desarrollar la idea con éstos intérpretes, o no logra comunicársela de manera correcta. Burruchaga no pudo demostrar hasta ahora aquello que dijo en la previa del campeonato, cuando expresó que "estoy muy conforme con el armado del plantel" y "vamos a hacer un buen torneo".
El DT parece haber entrado en la confusión general al no encontrar el equipo, pese a las lesiones que aquejan al plantel. Jugadores que alternan titularidad con banco de suplentes, pasan a no estar dentro de la lista de convocados de un partido a otro. Variantes posicionales con perfil cambiado, delanteros devenidos en volantes, sustituciones no acertadas, y una inquebrantable decisión de no torcer la postura o el rumbo de un pensamiento que a la luz de los resultados parece condenado al fracaso. Por supuesto que todo ello sin mencionar los oídos sordos al reclamo del hincha para que se mire a los futbolistas de la institución, que no parecen ser tenidos en cuenta.

Si hablamos de lo individual, está más que claro que la mayoría de los futbolistas no han estado a la altura. Salvo los casos de Germán Montoya, con intervenciones que impidieron resultados más abultados; Walter Serrano, con la habitual entrega de un jugador "histórico" del club; Gabriel Graciani, con algunas apariciones más allá de su expulsión frente a Temperley; han defeccionado. 
Con Víctor López, Norberto Paparatto, y Agustín Díaz lesionados, los refuerzos practicamente pasan desapercibidos. O mejor dicho, no alcanzan ni remotamente a fundamentar las cualidades por las cuales arribaron a barrio Alberdi.

Los números son fríos pero demostrativos. Atlético no gana de local desde el 31 de julio del año pasado, cuando superó a Aldosivi. Mientras que de visitante, además del choque ante Huracán en la jornada inicial, se impuso en un sólo partido (frente a Sarmiento) desde comienzos de 2015 a hoy.

Está claro que de continuar por este camino el destino será uno solo. Desde la lógica todo parece indicar que no hay salida, y una vez más dependerá de otros equipos para mantener la categoría ya que no hay signos de recuperación.

El futuro de Atlético es tormentosamente negro. Ha perdió el prestigio ganado, todos los equipos quieren jugar con él para aprovecharse de su situación. Y la pregunta que asoma es: ¿serán capaces el entrenador y los futbolistas de revertir la imagen y lograr la permanencia en Primera División?