Cuando jugar con ventaja es una desventaja

El planteo táctico que pensó Falcioni fue tan austero que no supo cómo aprovechar la superioridad numérica ante Lanús. Y eso, sin dudas, agranda la herida.

Cuando jugar con ventaja es una desventaja
Simeone lucha solo ante dos defensores Granates | Fuente: Prensa Banfield

Corrían 15 minutos del Primer Tiempo, y Banfield estaba haciendo su trabajo a la perfección: aguantar los embates diagonales de Mouche y Acosta, frenar el juego de Román Martínez y Almirón en el mediocampo, y despejar todo bochazo que llegue al área en busca del siempre difícil Sand. Más todavía, si en alguna de esas contras solitarias de Sarmiento o Simeone se podía conseguir un córner, o tiro libre, que desacomode el orden natural de los eventos.

Todo iba según lo planeado hasta que llegó la roja. Esa expulsión cambió el panorama. Lo irónico es que el conjunto que se quedó con diez fue Lanús, y que a partir de allí, Banfield fue un mar de dudas. Obligado a tener una iniciativa  que ni Rossi, ni Remedi, ni Cecchini tienen. Erviti y Sarmiento tenían que bajar hasta el anillo central para comenzar las jugadas, y la brecha mediocampistas-delantero (Giovani “llanero solitario” Simeone) se hacía aún más grande.

Lanús se acomodó bien. Almirón pasó de doble cinco junto a Martínez, los dos extremos se convirtieron en volantes carrileros y dieron una gran mano en defensa. Adelante, Sand mostró los dientes lo suficiente para que ni Matheu ni Jorge Rodríguez se animen a pasar y romper el esquema. Ni siquiera el penal atajado por Hilario Navarro le dio a Banfield ese aire de ánimo para ser protagonista.

Se esperaba que en el entretiempo Falcioni vaya en contra de sus principios y pare un equipo más ofensivo. Podía ser Villagra desde el inicio del segundo tiempo por Cecchini, pero se demoró demasiado (lo hizo recién después del gol de Lanús). En cambio, el que si movió las piezas fue Almirón. Seguramente llegó al vestuario sin entender mucho la escena y pensó: “Si Banfield no se anima a jugar con las cartas a su favor, me animo yo”. Y entonces mandó al campo a Victor Ayala por Mouche. El paraguayo no solo acomodó mejor al equipo (Almirón y Acosta se soltaron más en ataque), sino que convirtió un golazo con su sello y dejó muerto a su rival.

Si con un jugador de más durante todo un tiempo, Banfield no fue protagonista, mucho menos lo fue con la expulsión tonta de Erviti (en la jugada anterior al gol de Ayala) y la desventaja en el marcador. El segundo de Almirón sobre el final profundizó más la enorme diferencia que hay entre los dos equipos.

El hincha del Taladro se fue herido de muerte. En un principio, sabía que iba con el cuchillo entre los dientes a la batalla, pero la situación cambió y obligó a tomar la iniciativa. Algo que no sucedió. Por eso el dolor es mayor. Ojalá nunca hubiesen expulsado a Marcone. Ojalá la ventaja no se haya convertido en desventaja.