Análisis: con actitud, emparejó las diferencias

Huracán jugó un gran partido anulando los circuitos de San Lorenzo en el mediocampo. Además, los jugadores quemeros no dieron una bola por perdida y se fortalecieron en la adversidad. ¿La deuda? Le faltó fútbol en ataque.

Análisis: con actitud, emparejó las diferencias
Bogado le gana a Cerutti. Balbi mira atento. (Foto: Olé)
Huracan
1 1
San Lorenzo

En la previa del encuentro, el partido no se veía demasiado alentador para el Globo. El trágico accidente sufrido en Venezuela alejó de las canchas a 4 futbolistas; y las últimas presentaciones no habían sido buenas.

Enfrente estaba el puntero de la Zona 2, con un estilo de juego muy ofensivo. Todo eso se relativiza si se tiene en cuenta que, además, los visitantes eran los azulgranas, el eterno rival.

La diferencia de calidad en los planteles se nota al repasar los nombres iniciales entre este Huracán diezmado y un San Lorenzo que cuenta con una de las mejores nóminas del fútbol argentino. Sin embargo, eso no pesó dentro del campo de juego.

El esfuerzo de los jugadores quemeros equilibró el partido, y el puntero no demostró ninguno de los méritos que lo pusieron en ese lugar. Encontró el gol en el final, es cierto; pero si el Globo se quedaba con las manos vacías, hubiese sido muy injusto.

Primera parte: no lo dejó jugar

Desde el comienzo del juego, se dió un partido distinto a lo que todos presagiaban: el San Lorenzo de Guede no tuvo la ambición en ataque que venía mostrando, ni la presión alta que ejercida en las fechas anteriores.

Ortigoza como 5 retrasado intentaba manejar los hilos del equipo, pero no pudo hacerlo con comodidad. Acá el primer mérito del conjunto de Domínguez: Montenegro molestó al naturalizado paraguayo en todas las jugadas.

Huracán buscó cerrarle los caminos al Ciclón, poblando su campo. Y funcionó. Una vez con la posesión a favor, los quemeros movían la pelota de lado a lado para encontrar un hueco; los de Guede se refugiaban en su campo, cediéndole la pelota al Globo.

El gran déficit quemero en la tarde clásica fue la carencia de ideas en ataque (en esta faceta, el equipo siente la ausencia de Patricio Toranzo). Si bien San Lorenzo le dejaba manejar la pelota, Huracán no encontraba los caminos y todo terminaba en algún pelotazo de Mancinelli al vacío o a Ramón Ábila.

El ataque del Globo creció cuando Espinoza cambió de lado. Arrancó en la izquierda, para encarar a Prósperi. Luego se mudó a la derecha, su lugar en el mundo, y a partir de allí pudo generar más peligro.

Mas allá de algún desborde de los extremos cuervos, los de Parque Patricios no sufrieron demasiados sobresaltos en la primera etapa. Tampoco supieron inquietar a la defensa azulgrana.

Complemento: sin ideas, pero fue

Con el ingreso de Mussis, Ortigoza adelantó su posición. Esa modificación benefició al Ciclón: el Gordo se despegó del Rolfi y comenzó a encontrar espacios para jugar. A los 5 minutos, el Globo ya había sufrido más jugadas en contra que en todo el partido.

El transcurso del juego fue igualando la balanza, hasta que en algún momento quedó a favor de Huracán: Ábila no supo definir ninguna de las tres jugadas que tuvo (una de ellas, una excelente doble atajada de Torrico: primero se lo atajó a Wanchope, luego a Montenegro).

Guede hizo lo que Rapallini no se animó: sacó de la cancha a Ortigoza (debió ser expulsado). Al minuto, San Lorenzo rompió el cero. El Globo la perdió en su campo, la abrieron para Cerutti y con ese pase rompieron toda la defensa: inexplicablemente, los defensores quemeros quedaron desordenados al salir del área. Belluschi la empujó y grito cuervo.

La mala actuación del árbitro continuó: no sancionó un evidente agarrón sobre Ábila dentro del área azulgrana. Para colmo de males quemeros, Risso pegó una patada de atrás y se fue antes a las duchas.

Con la desventaja en el marcador, Huracán fue como pudo. Si antes no tuvo ideas, menos iba a generar con uno menos. Pero el ingreso de los juveniles Alejandro Romero Gamarra y Tomás Molina le dieron aire fresco al ataque quemero.

Todo se resumió en pelotazos hasta que, en tiempo de descuento, Balbi se serenó y habilitó a Romero Gamarra, este colocó un centro pasado. Espinoza llegó por el fondo y la metió al medio del área: allí, donde tienen que estar los goleadores, apareció Ramón Ábila para el delirio de todos los quemeros.

Las claves

-Montenegro sobre Ortigoza en la primera etapa.

-El despliegue de un incansable Bogado.

-Mancinelli en defensa, arreglando lo que su compañero de zaga no solucionaba.

-La voluntad para seguir intentando hasta la última jugada, a pesar de tener todo el panorama en contra.