La historia del día: Idolatría sin precio

En un potrero chaqueño, Gustavito luce orgulloso su camiseta de Ábila. El 9 del Globo se comunicó con el niño y lo invitó al Ducó. Cuando las diferencias pasan a un segundo plano, se vuelven imperceptibles...

La historia del día: Idolatría sin precio
La historia del día: Idolatría sin precio

En una plaza o en un parque. En una cancha de esas que se alquilan por hora o en un potrero. Con arcos o sin arcos. Pero siempre con una pelota, con una remera que te identifique con tu ídolo e imaginando ser ese jugador. 

La esencia del fútbol se repite en todos los barrios del mundo. Desde aquellos mejor acomodados, a los más sencillos: la imagen es igual, el fondo es lo que se modifica. Poco vale eso en esta historia.

En el Chaco, una de las provincias más humildes del país, se encuentra una pequeña localidad llamada Charadai, cabecera del Departamento Tapenagá.

Casi 100 kilómetros separan Charadai de Resistencia, capital chaqueña. Pero la distancias se multiplican considerablemente al comparar la lejanía entre la localidad de Tapenagá con el Estadio Tomás Adolfo Ducó: en línea recta son casi 790 kilómetros; eso sin tener en cuenta que el viaje de un lado a otro se extiende por casi 10 horas.

Pero... ¿qué tiene que ver el Palacio con esta historia?

En la pequeña localidad chaqueña se encuentra Gustavo. Gustavito para todos, por no ser mayor de 15. El niño en cuestión es quien porta la camiseta que se luce en el inicio de esta nota. Gustavo tiene como ídolo a Ramón, y Ramón no es otro que Ábila, el goleador y máxima figura de este Huracán de los milagros.

En el humilde Charadai, Gustavito despliega su talento con la 9 de Wanchope en su espalda. No vió mal la imagen, no es un estampado: el número y el nombre están escritos en marcador.

Hace poco, una historia similar sacudió el mundo. En esa oportunidad, el jugador en cuestión era Lionel Messi: Murtaza Ahmadi se dibujó la camiseta del argentino en una bolsa. La imagen se volvió viral y el astro del fútbol le envió unas camisetas y una pelota al niño en cuestión.

La situación de Gustavito y Wanchope es totalmente comparable a lo que vivió Messi con el pequeño afghano. Pero en este caso, el cordobés fue por más: le envío un saludo al quemerito chaqueño y lo invitó a presenciar un partido en el Ducó; prometiéndole, además, una camiseta de regalo.

Pero la historia no termina ahí. También se conoció la reacción de Gustavo al ver el saludo de Ramón: lógicamente, el niño no pudo contener la emoción.

Una historia que conmueve a todos los que la aprecien. No sólo a los amantes de este deporte, ni sólo a los hinchas de Huracán. Va mas allá del fútbol: es un mensaje para la sociedad.

Desde Vavel aplaudimos el gesto de Wanchope y nos adelantamos, deseándole la mejor de las suertes a Gustavito para el día que pueda conocer a su ídolo.