Recordando a El Maestro

Un 27 de abril, pero de 1911, en Lomas de Zamora, Buenos Aires, nació Antonio Sastre, el fantástico delantero de Independiente que integró el famoso quinteto ofensivo: Maril, De la Mata, Erico, Sastre y Zorrilla; marcó 112 goles en 340 partido en el Rojo. Jugó en todas las posiciones del campo de juego (hasta de arquero), es considerado el inventor del fútbol moderno, y en San Pablo lo denominaron “El Maestro”.

Recordando a El Maestro
Antonio Sastre, inventor del fútbol moderno, el "Hombre Orquesta". / Foto: El Gráfico.

Antonio Sastre nació un 27 de abril de 1911, en Lomas de Zamora, en sus inicios arrancó jugando en el club Progresista de Avellaneda, para debutar en Independiente el 4 de junio de 1931, en una visita del Rojo a Argentinos Juniors, que terminó 1-1. Arrancó jugando de volante por derecha, en el inicio del quinteto ofensivo (Sastre, Facio, Ravaschino, Constante y Seoane), pero luego fue rotando la posiciones, jugando de lo que el equipo necesitaba y lo hacía bien. Gracias a este talento nato, se convirtió rápido en ídolo de Independiente.

El Cuila, como así le decían, integró el plantel bicampeón récord de 1938 y 1939, en el cual, con la fantástica delantera rompieron los récords de goles en un torneo. En 1938, en tan solo 32 partidos, el equipo marcó 115 goles (récord total e insuperable), con la delantera fantástica de: José Vilariño, Vicente De la Mata, Arsenio Erico (43), Antonio Sastre y José Zorrilla; Sastre manejaba al equipo dentro de la cancha como un técnico. Al otro año, con Juan José Maril incorporado al equipo (proveniente de Ferro), consiguió ganar nuevamente el título, marcando 103 goles en 34 partidos. Además, se convirtió en el primer y único equipo en la historia del futbol argentino en marcar 100 o más goles en tres temporadas seguidas (1937, 1938 y 1939).

El jugador más completo de la historia del fútbol argentino, como así lo nombro la Asociación del Fútbol Argentino, que además lo añadió al Salón de la Fama (solo hay 24 futbolistas), jugó en el Rojo hasta 1942, donde fue transferido a San Pablo. En el tiempo en que estuvo en Independiente, jugó en la Selección Argentina 34 partidos, donde marcó seis goles; integró el plantel campeón del Sudamericano (hoy Copa América) de 1937, jugado en Buenos Aires. Además, integró el plantel que obtuvo el Sudamericano de 1941, jugado en Chile.

Sastrín cerró su paso dorado por el conjunto de Avellaneda con la conquista de tres copas nacionales: la Copa Ibarguren 1938, al campeón rosarino (Rosario Central) por 5-3; repitiendo el título contra Central Córdoba al siguiente año, tras golear 5-0; y la Copa Escobar de 1939, donde venció 2-0 a San Lorenzo. También en los dos años que fue campeón del fútbol argentino, disputó la Copa Aldao, que enfrentaba a los campeones argentinos y uruguayos. En 1938, le ganó 3-1 a Peñarol, y en 1939, destrozó 5-0 a Nacional. No obstante, formó parte de dos goleadas históricas: el 7-1 a Boca, en la 15° fecha del Campeonato de 1940, en Avellaneda; y, el inolvidable 7-0 a Racing, también en Avellaneda, el 3 de noviembre de 1940 (fecha 27), ambas máximas goleadas en la historia entre ambos clubes.

En 1942 terminó su gloriosa estadía en el Rojo; el 4 de octubre, en un empate 2-2 contra Platense, en La Doble Visera, convertiría su último gol, de sus 112 en el club. Y el 18 de octubre, jugó su último partido, en un empate 1-1 ante Boca. Tras su traspaso a San Pablo, fue elogiado y reconocido por todos los hinchas de Independiente, por todo lo que le dio al club y por su capacidad de adaptarse a cualquier posición: delantero, volante, defensor y hasta de arquero, en dos oportunidades, cuando reemplazó a Fernando Bello. La primera ocasión fue ante San Lorenzo, por el campeonato local, y la otra en un amistoso, ante Peñarol, y ninguno de los dos equipos pudo hacerle goles.

Ya en San Pablo, el Cuila no empezó con el pie derecho, debido a que la prensa local lo criticaba mucho, y en los primeros dos partidos, el equipo perdió y el técnico Vicente Feola, campeón del Mundo en 1958, se tuvo que ir. Con Lloreca en el banco, la cosa cambió. En su primer partido con el nuevo entrenador, Sastre anotó seis goles en la victoria de su equipo 9-1 a Portuguesa. Poco a poco Sastrín empezó a desentonar y ayudaba mucho a Leónidas, el tremendo delantero brasileño. La primer temporada estuvo a préstamo, a cambio de 10.000 pesos, pero luego el conjunto paulista compró su pase por 30.000.

San Pablo, que no ganaba el Campeonato Paulista desde 1931, y que era víctima de las burlas de los rivales, cambió esa imagen de la mano de Sastre: ganó tres de los cuatro que jugó con el ex Independiente en Brasil, y en el otro fue subcampeón. Primero, en 1943 conquistió el Paulista, en 1944 terminó segundo, detrás de Palmeiras, en 1945 volvió a festejar, y en 1946 completó el bicampeonato. “Los argentinos quieren copiarnos a los brasileños, pero se olvidan de que un argentino vino a Brasil hace veinte años para enseñarnos el fútbol a nosotros. Se llamaba Antonio Sastre”, le contó el técnico Osvaldo Brandao a Juvenal, periodista de El Gráfico, en 1967. En Brasil, Sastre fue denominado El Maestro, debido a su fenomenal juego, que iluminó al fútbol brasileño. Cuando se retiró de San Pablo, le hicieron un monumento en el Morumbí.

Finalmente, terminó su carrera en 1947, en Gimnasia y Esgrima de La Plata, y como no podía ser de otra forma, se retiró siendo campeón, pero de la segunda división del fútbol argentino, para darle el ascenso al Lobo. En 1980, recibió el Premio Konex de Diploma al Mérito, en reconocimiento como uno de los cinco mejores jugadores de la historia del fútbol argentino. Los otros cuatro jugadores son: Pedernera, Di Stéfano, Maradona y el Charro Moreno). Desgraciadamente, falleció el 23 de noviembre de 1987, a los 76 años, debido a un derrame cerebral, en su casa de Avellaneda.