A dos años del milagro

El 13 de agosto de 2014 San Lorenzo se consagraba campeón de la Copa Libertadores por primera vez en su historia.

A dos años del milagro
Foto: Infobae

 730 días, aproximadamente 17.500 horas, más de un millón de minutos pasaron después de haber logrado el máximo título en la historia de San Lorenzo de Almagro, y hoy en día si vemos la repetición del gol de Ortigoza a Nacional se nos sigue erizando la piel, y a más de uno se nos sigue cayendo un lagrimón.

 Quién diría que esa fría noche de agosto, iba a transformarse en la noche más cálida que nunca nadie pudo haber vivido. Quién hubiera deseado que esa noche no tuviera final, que los festejos sean eternos y que esa alegría y miles de otros sentimientos siguieran alborotados recorriendo todas las partes de nuestro cuerpo. Quién diría también que desde esa noche, más de uno se quiere matar…

 Los días pasan pero el recuerdo sigue intacto, como si todos los 13 de agosto recordáramos aquella noche inolvidable. Una noche que comenzó en Bajo Flores y que siguió en San Juan y Boedo, la cuna de nuestra institución.

 Nunca podremos olvidar la fila que se formó días previos a la venta para esa bendita final de América. Una fila para poder ver al amor de tu vida. Y por la cual sacrificamos horas en el laburo, en el colegio, o simplemente de nuestro tiempo libre. Cuadras y cuadras repletas de gente que se pasaba rato esperando por conseguir una habilitación para ingresar ese miércoles a ver una final nunca antes vista.

 Algo soñado sin dudas y que mucha gente no hubiera imaginado nunca que se nos podía dar. A medida que las instancias iban siendo superadas por ese grupo de guerreros, de caudillos, que entraron en la historia grande de San Lorenzo, al hincha azulgrana se le iba prendiendo una luz de esperanza. Una luz que poco a poco fue tomando fuerza y color. Ronda tras ronda, el Ciclón abría las series en casa y se hacía muy fuerte afuera. Luego, con inteligencia y tranquilidad, definía las llaves en tierras extranjeras. En realidad, tranquilidad era la que podían dominar los jugadores que comandados por un verdadero líder fuera del campo, sentenciaba los encuentros con confianza. Sin embargo, en las tribunas la historia se vivía de distinta manera y cada vez que San Lorenzo jugaba de local era una nube de nervios la que sobrevolaba en la popular local. Pero que rápidamente se esfumaba con los infaltables cánticos de la gente.

 Como si fuera poco, una semana atrás los paraguayos nos habían embocado en casi la última jugada del partido y metían presión consiguiendo un agónico empate. Pero, San Lorenzo aguantó la presión de aquella semana y en el partido de vuelta pudo conseguir un penal que sería decisivo. Allí, el infalible Néstor Ortigoza, con nervios de acero, rompió el marcador y consigo unir en un solo grito todas aquellas almas que estaban incesantes esperando la resolución de la ejecución. De ahí en más, Bauza pidió tranquilidad y suma inteligencia para que no se les escape esa victoria que se venía anhelando por varias generaciones.

 Y San Lorenzo lo consiguió. Aquel trauma de no poder conseguir esa bendita competencia internacional llegó a su fin y aquel milagro que mucha gente soñó y por cual rezó, se hizo realidad.