Análisis: un rato de lucidez

La Selección Argentina inició su participación en la Copa América Centenario con una victoria ante el último campeón del certamen. El triunfo adquiere más valor por la ausencia de Messi: en VAVEL analizamos cómo jugó el equipo del Tata Martino.

Análisis: un rato de lucidez
Fideo festejando su gol (Foto: Web).

Los dirigidos por Gerardo Martino iniciaron de gran manera su carrera en la Copa América Centenario: triunfo ante el último campeón, sin el mejor jugador del mundo en cancha.

Luego de un flojo primer tiempo donde no supo qué hacer con la pelota; la Selección liquidó el pleito en el inicio del complemento: pegó dos veces en 15 minutos.

En la segunda parte del partido el combinado nacional elevó considerablemente su nivel y demostró su superioridad, aún sin modificar el plan original: presión media y salida rápida.

Repasamos detenidamente las tácticas utilizadas en los distintos pasajes del encuentro: ¿Por qué ganó Argentina?

Primer tiempo

Achique y presión 

A diferencia de otros partidos del ciclo-Martino, en el inicio de la Copa América Centenario la táctica no fue la presión alta desde el minuto cero.

Salvo Higuaín que sí iba sobre los centrales, el resto esperaba en mitad de cancha con Di María y Gaitán parados de carrileros, mientras Banega ocupaba el lugar del enganche.  

Cuando la pelota le llegaba a Marcelo Díaz, los mediocampistas argentinos iban sobre él para no dejarlo jugar: funcionó, porque en la primera mitad anularon al engranaje que genera el fútbol chileno.

Es que recién una vez que Chile se acercaba al círculo central, los Albicelestes comenzaban a presionar. Pese a no hacer esa presión constante que sí logró en otros compromisos, Argentina buscó hacer la cancha corta adelantando su defensa.

Los cuatro de atrás daban un paso adelante cuando Chile buscaba profundizar y así lograron dejar en offside a los atacantes chilenos en reiteradas oportunidades: la antigua táctica del 'achique' funcionó a la perfección.

En el debe: el fútbol

En el inicio, el combinado nacional intentó ser práctico: abrir la cancha para luego enviar un centro al extremo opuesto que se cerraba, marcando una diagonal al área. Así Gaitán tuvo la primera al minuto, pero el travesaño le negó el gol; luego Di María también malogró su chance. Inexplicablemente, Martino cambió de lado a los delanteros y Argentina perdió lo poco bueno que había mostrado.

Argentina buscó la salida prolija desde abajo, pero no siempre salió bien: Romero salvó a sus compañeros en más de una oportunidad, sobre todo a Funes Mori.

La Selección extrañó tanto a Biglia como a Pastore y a Messi en la generación de juego. Banega no supo ser eje y Argentina no pudo elaborar ninguna jugada colectiva: al no encontrar receptores en la mitad de la cancha, los defensores optaban por el pelotazo largo.

Sólo atinó a la velocidad de Di María para generar desequilibrio, pero Fideo no siempre eligió bien el destino de la jugada.

Bajón final

Luego de los 30 minutos, Argentina perdió completamente la pelota. Los encargados de la distribución (Fernández y Banega, principalmente) se terminaron de apagar y Alexis Sánchez comenzó a agarrar la batuta del equipo chileno.

Ese tramo fue lo mejor de La Roja en todo el encuentro.


Segunda parte

El inicio del complemente carece de todo tipo de análisis. Chile amagó con salir como una tromba, generando un córner y un tiro libre cerca del área. Sin embargo, Aránguiz la perdió en la salida y Banega asistió a Di María para definir. 

Marcamos que en la primera etapa Argentina buscaba presionar recién en la mitad de la cancha para salir rápido con Fideo: así llegó el gol.

Con la ventaja, apareció lo mejor

Todo lo que planteó en el primer tiempo, funcionó en el complemento. Luego de la falla en el gol, las pérdidas de pelota por parte del mediocampo chileno fueron una constante. Además, Banega se soltó y comenzó a jugar: ese fue el cambio clave en contraposición con lo hecho en los primeros 45 minutos. 

Mena la perdió y Gaitán se perdió el gol por demorar en la última entrega. Pero el que no perdonó fue Eber: zurdazo al primer palo y delirio en Santa Clara.

Argentina no cambió el libreto. Siguió presionando a partir de la mitad de cancha, cediéndole los primeros 50 metros de su campo a Chile. Una vez que recuperaba el balón, la Albiceleste volaba con Di María por izquierda: exactamente el mismo plan del primer tiempo.

La diferencia, como antes marcamos, fue el rol que ejerció Banega. Simplemente apareció. También el nivel de Augusto Fernández creció considerablemente y terminó siendo fundamental en la recuperación.

Cierre 

Los dos golpes rápidos fueron demasiado para el conjunto de Juan Antonio Pizzi. La Roja no supo cómo entrarle al combinado argentino en toda la segunda parte.

Argentina se cerró en su campo. El bloque defensivo se mostró más férreo, firme y seguro. El campeón de la última Copa América no generó ni una chance de peligro en la segunda parte.

A la hora de la ofensiva, el contraataque fue el arma elegida por los de Martino (como todo el encuentro). Pudo ampliar la ventaja, pero no fue necesario: el trámite estaba hecho.

El gol de Fuenzalida quedará para los estadísticas en lo que respecta a los números. Sin embargo, para Chiquito Romero debe ser una llamada de atención: un error así en otra instancia te puede dejar afuera.