La tranquilidad de la victoria

Temperley volvió a sumar de a tres y acumula un poco más de aire para trabajar en la lucha por el descenso. Ahora a cuatro puntos de Argentinos Juniors pero con la serenidad para trabajar de cara al resto de las finales que le quedan.

La tranquilidad de la victoria
Foto: Olé

Temperley le ganó por 2 a 0 a Quilmes, en el estadio Alfredo Beranger, con goles de Ariel Cólzera y Patricio Romero. La victoria le da tranquilidad al equipo para seguir trabajando por el objetivo: salvarse del descenso y conseguir la regularidad en primera división.

Bloque defensivo

El partido comenzó con el equipo esperando agazapado en el fondo, cediéndole la posesión del balón a la visita. La dos líneas de cuatro, clavadas en el fondo, moviéndose en conjunto para el lugar en donde atacaba el contrario. Con el regreso de la dupla defensiva Bojanich-Aguirre se ganó en la solidez para defender aquellos ataques que llegaron por el centro. Muy fuertes en el trabajo aéreo y clave, en especial Bojanich, con varios cortes mano a mano con los delanteros cerveceros.

Además, la labor de los laterales fue totalmente aprobado. En primer lugar, Chimino tuvo un gran primer tiempo por la suma participación que tuvo en cada uno de los ataques celestes. Logró combinarse junto con Peralta y los delanteros, para desbordar cada vez que se lo necesitó, explotando el sector más débil de la defensa rival. Por su parte, Romero redondeó un buen trabajo, especialmente en el segundo tiempo. Tal vez con más espacios por la expulsión de Malrechauffe, tuvo paciencia para jugar en varias salidas desde el fondo, pasó al ataque en los momentos justos y se coronó con el gol en el final. En la jugada del tanto, se combinó de gran manera con Arregui y Di Lorenzo para quedar solo frente al arco y habilitar a Tarragona.

Contraataques potentes

Se abroqueló de manera eficaz en el fondo para salir rápidamente en cada situación que se le permita. Fue importante el trabajo de los que jugaron por las bandas para abrir el juego hacia los costados y conseguir el centro al corazón del área. Las pruebas estuvieron con la escapada de Peralta en el inicio (con el reclamo de un supuesto penal) y el tiro cruzado de Canuhé que se fue rozando el palo.

Después, los delanteros que salieron desde el arranque Figueroa y Tarragona supieron moverse bien en cada escapada del equipo, con el objetivo principal de distribuir la pelota hacia los laterales. Entre ellos dos tuvieron buenas vinculaciones pero no pudieron concretar sus chances. En el final, el ex Santamarina casi marca pero el palo se lo impidió.

Un banco fructuoso

Iván Delfino decidió dejar en el banco a Ariel Cólzera y Gabriel Esparza en el banco de suplentes -dos de los nombres más importantes del plantel-. Como era de esperar, cuando entraron le dieron sus frutos al equipo. Cólzera tuvo la delicadez de ejecutar a la perfección la primera pelota que tocaba (casualmente un tiro libre) y marcar un golazo para abrir un partido trabado. 

Por otro lado, Esparza le aportó velocidad para salir rápidamente en los momentos finales donde el Gasolero se metió más atrás para defender el resultado. Tuvo varias escapadas con espacio en el campo rival -principalmente por la búsqueda de Quilmes para empatar- pero no pudo lastimar demasiado. Regresaba de la lesión y se lo vio bien. 

Ganar lo es todo

El conjunto de Turdera no ganaba hace cinco fechas y eso se sentía en el equipo. El nerviosismo y las ganas contenidas por obtener un resultado óptimo, le quitó paciencia en ciertos ratos de los 90 minutos, pero finalmente se lo logró. Se ganó y ganar lo es todo. No hay nada para un equipo que vive estas circunstancias como la tranquilidad de la victoria. Los Guerreros volvieron a ganar y hoy pueden trabajar más tranquilos. Siguen las finales y ellos darán todo.