Crónica de una muerte anunciada

Argentina cayó frente a Nueva Zelanda en Hamilton por 35 puntos (57-22). Los Pumas le jugaron de igual a igual a unos All Blacks imprecisos en el primer tiempo, pero una maquina negra se encendió, y el elenco sudamericano lo sintió.

Crónica de una muerte anunciada
Los All Blacks realizando el Haka Kapa O Pango | Foto: TyC Sports

Se sabía de antemano que el partido iba a ser difícil, por todo el contexto: El rival era el actual bicampeón del mundo y una potencia histórica, Nueva Zelanda, y jugando de locales. Si bien el objetivo era el batacazo, nadie hubiese estado disconforme frente a una derrota por pocos puntos, pero la triste realidad fue que así no terminó la historia.

De los 22 puntos de Argentina, 19 fueron cosechados en el primer tiempo, momentos de auge del equipo. Lo cierto es que, si el rival no hubiese sido Nueva Zelanda, el equipo sudamericano hubiese estado ganando por más de 20 puntos. Muy buena fue la actuación de Los Pumas en la primera parte del partido, mientras los All Blacks no lograban desplegarse con tranquilidad.

Cualquiera que no hubiese visto el partido, diría que fuimos humillados, que nos ‘’Pasaron el trapo’’ y que no servimos para el rugby. Pero para darse cuenta de lo contrario, hay que hacer un análisis más profundo, y lo principal: Haber visto el encuentro. De nada sirve criticar el esfuerzo de Creevy y compañía si solo se ojea el resultado en el diario, o en las redes sociales.

Los Pumas tuvieron un buen arranque, ya que empezaron ganando cuando Santiago Cordero anotó el primer y único Try del equipo, con exitosa conversión de Nico Sánchez. Lo errático de los All Blacks también se dejaba entrever: Fallos raros de ver en ellos, y falta de puntería a la hora de patear a los palos, algo que no se acostumbraba a ver cuándo, quien pateaba, era el legendario Carter.

El segundo tiempo fue una masacre, una negra. Los All Blacks hicieron cinco tries en los últimos 40 minutos, donde cada ataque terminaba en calvario. Nueva Zelanda se aprovechó del desgaste puma, y no perdonó, porque rinden igual tanto en el minuto cero como en el 80.

Como clara muestra de la diferencia entre un tiempo y otro, están lo parciales: El primer tiempo acabó 24-19 para el local, mientras que el segundo fue… ¡33-3!

Partido de esos que sirven para aprender, para corregir errores, para desarrollarse y lo más importante: para seguir creciendo.