Cien años de tradición roja
Foto: El Colombiano

Cien años de tradición roja

El 14 de noviembre de 1913, se fundó el Deportivo Independiente Medellín. Hoy, cien años después, su hinchada festeja este hecho histórico.

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Por: Valentina Berrío y Daniela Areiza

A finales de 1913 comenzó la historia de un equipo que para muchos representa su más grande amor y un sentimiento que no tiene fin. Cien años después, esa pasión con la que nació el Deportivo Independiente Medellín parece estar intacta. El acutalmente conocido como el “Equipo del Pueblo” está dispuesto a arrancarle la sexta estrella al universo para conmemorar un centenario de su existencia y sobre todo, compensar a su fiel y sufrida hinchada por el largo recorrido junto a ellos.

El Medellín ha enmarcado su historia con alegrías infinitas y grandes tristezas: 45 años sin ganar un título significó para ‘El Rey de Corazones’ conquistar una de las hinchadas más fieles del país. En 1993 esa conquista y fidelidad de la afición se vio reflejada en el que se puede considerar el subtítulo más doloroso de la historia roja, cuando el Medellín consiguió por siete minutos su tercera estrella.

Víctor Saúl Góez Zapata ha tenido la fortuna de vivir los cinco títulos que ha ganado el Medellín en sus cien años de historia. Don Saúl, de 75 años, vive en el barrio Florida Nueva con su esposa Rosa y su nieto. A los 12 años se trasladó del lugar donde vivió sus primeros años de vida, Santa Rosa de Osos; hacia la ciudad de Medellín, buscando una mejor calidad de vida.

Sus primos fueron la principal influencia para que ese amor por el DIM comenzara a nacer. En el año de 1953 empezó a frecuentar el recién inaugurado Estadio Atanasio Girardot, en donde dos años después celebró el primer título del ‘Rojo de la Montaña’ y en el año 1957 festejó el segundo campeonato del equipo de sus amores, sin saber que iban a pasar 45 años para volver a sentir esa alegría en su corazón.

Equipo campeón del Medellín - 1957.

Una alegría de siete minutos, resume lo que miles de hinchas del rojo sintieron en 1993, cuando por fin, después de casi 40 años, se coronaban nuevamente campeones del fútbol colombiano.

Don Saúl recuerda en la sala de su casa ese subcampeonato que sufrió más que cualquier otro. “Ese momento –refiriéndose al subtítulo de 1993- lo viví en el estadio con mi hija menor, Lina. El partido que era contra Nacional, iba 0-0. Según el resultado en Barranquilla nosotros no teníamos nada, aquí íbamos empatados todo el tiempo y allá los resultados no se daban, hasta que en el segundo tiempo Carlos Castro marcó el gol que nos entregó el campeonato por siete minutos y ya se imaginarán la alegría…”, cuenta con el corazón el hincha que por décadas ha sufrido y gozado con su equipo del alma, el Deportivo Independiente Medellín.

La euforia de los hinchas rojos hacía temblar el estadio, no solo por la satisfacción de ver a su equipo campeón, sino porque por fin iban a acabar con una racha de casi 40 años de zozobra, años en los que pasaron generaciones de hinchas fieles que siguieron con amor a ese equipo que fue la herencia de sus padres, pero que ni una sola vez pudieron ver campeón.

‘El de los Cinco’ como cariñosamente le dicen a don Saúl los periodistas que lo conocieron en el estadio, cuenta cómo fue tenerlo todo y al final quedar sin nada. “Teníamos dos sentimientos encontrados, el primero era felicidad y el segundo, angustia; todos estábamos con el radiecito en la oreja esperando que terminara el otro partido, pero ellos habían hecho una jugada sucia allá en Barranquilla, en el segundo tiempo los equipos se demoraron seis minutos más para salir, con el fin de terminar el juego sabiendo el resultado de acá. Entonces, efectivamente, América se abrió de patas para que el campeón fuera el Junior.”

Diecinueve años después de ese difícil subcampeonato, finalmente el rojo consiguió lo que por 45 años estuvo esperando su fiel afición; des

DIM Campeón Copa Mustang 2002-II

pués del sufrimiento, la espera, pero sobre todo el incansable apoyo de su hinchada, el Medellín levantó una ‘copa’ que significaba la gloria.

En la tarde del 22 de diciembre del 2002 terminó un largo sinsabor. De la mano de Víctor Luna y un equipo de guerreros como David González, ‘Mao’ Molina, Tressor Moreno, Amaranto Perea y ‘Choronta’ Restrepo, el Medellín entre la euforia, la alegría y el aliento de sus hinchas consiguió lo que parecía una utopía, su tercera estrella. 

En menos de dos años, el equipo escarlata consiguió dar su cuarta vuelta olímpica, esta vez con un sentimiento especial, pues era contra su rival de plaza; los hinchas rojos llenos de júbilo y orgullo festejaban la victoria, mientras que los verdes, abandonaban el estadio con la amargura de la derrota dibujada en sus rostros.

La fiesta se celebró en la tarde del 27 de junio del 2004, se vivió en un marco espectacular pintado de verde, blanco, rojo y azul; hasta el tiempo de reposición los hinchas no sabían con certeza quien celebraría, pero luego del pitazo final, los entonces dirigidos por Pedro Sarmiento lograron regalarle a la afición un título más, título que significó el orgullo, el júbilo y  la satisfacción de saber que se hacia historia al ganar el campeonato, pero esta vez ante su eterno rival.

El quinto título del ‘Poderoso’ llegó en el 2009, después de haber hecho una campaña casi perfecta. Dirigidos por Leonel Álvarez y con el espectacular desempeño de Jackson Martínez, que logró romper el récord de máximos goleadores de torneos cortos con 18 anotaciones, el rojo alcanzó la máxima posición en el podio. Esto, logrado de la mano de grandes jugadores como Aldo Bobadilla, el capitán que hasta hoy los hinchas recuerdan con inmenso cariño. ‘Choronta’ Restrepo, que por años se entregó como un hincha más por el equipo de sus amores. Luis Fernando Mosquera, Juan David Valencia, Luis Carlos Arias, entre otros recordados por la afición.

Hasta hoy, los jugadores campeones desde el 2002 han sido inmortalizados por los seguidores del rojo, pues le han permitido al Medellín y a toda su hinchada, vivir en la mejor década de toda su historia.

Para don Saúl el último título fue uno de los más difíciles, porque en ese entonces cayó sobre él una enfermedad que lo mantuvo inmovilizado por casi dos meses. “En el último campeonato, un fotógrafo muy reconocido del estadio me envió una foto muy linda con un acróstico que dice: ‘Saulo Cinco’. En ese momento estaba muy enfermo, yo fui operado de la columna y no pude asistir al estadio, entonces esos amigos periodistas me la enviaron”, relata don Saúl recordando ese campeonato que significó para él un agradecimiento por parte del equipo que ha seguido por más de 50 años.

Por su parte, José David Castrillón, más conocido entre sus amigos como ‘Lengua’, vivió esa final como ninguna otra. Su juventud y amor por el equipo, le regalaron lo que fue una de las mejores experiencias de su vida, porque tuvo la oportunidad de vivir, en carne propia, lo que muchos consideran como los “gozosos” del Medellín.

DIM Campeón Copa Mustang 2009-II

‘Lengua’ es integrante de la “Rexixtenxia Norte”, barra que desde hace 15 años acompaña al rojo en cada partido como local o visitante. Él tiene 23 años y en sus brazos y espalda lleva tatuajes alusivos a sus dos amores: su madre, Dora Patricia y el DIM; usa cabello largo hasta la cintura, manillas rojas y azules, en su mayoría, y la camisa de su equipo que sin importar el día, lleva puesta como el escudo que tiene en su piel tatuado.

Los días de José cuando juega el Medellín no son de 24 horas si no de 72, al ser parte de la organización de la barra debe estar atento de coordinar las salidas, pegar los trapos, decorar la tribuna y, después, alentar a su equipo hasta quedar sin voz.

“Es una felicidad intacta estar en la mejor época del equipo, de cien años la mejor (década) nos está tocando a nosotros; tal vez, todos no lo hemos sabido aprovechar, muchos hinchas se alejaron del equipo. Al dejar de quedar campeón la gente se vuelve triunfalista... Y no, no debe de ser así, el sentimiento debe ser igual siempre”, cuenta José en el almacén de la Rexixtenxia Norte, lugar donde trabaja y comparte con sus amigos, también seguidores del ‘Equipo del Pueblo’.

La tradición que enmarca el Deportivo Independiente Medellín en la ciudad es inminente: corrientes de personas lo siguen partido a partido y nunca pierden la fe. El hecho de que en el 2013 se conmemoren cien años de su existencia ejerce una presión en los jugadores, directivos e hinchas.

“Son dos caras opuestas –manifiesta José David refiriéndose al centenario–, es la felicidad de saber que es el equipo que tiene cien años, que es el decano y pionero en el fútbol colombiano; pero con la preocupación y la mirada puesta en la posición del equipo, con todo esto de los malos resultados. Sin embargo se debe apoyar y hacer la fiesta en la tribuna siempre. No somos muchos, pero ¿para qué cantidad? Con los que somos es suficiente, los que nos reventamos la garganta en las tribunas, los que vienen y se mojan, los que dejan de mercar por comprar una boleta, con todo eso es más que suficiente.”

El año pasado un equipo de guerreros logró lo que nadie imaginaba, volver a una final con la nómina con la que se contaba no era algo que estuviera en los planes ni de los mismos jugadores. Sin embargo, superar una crisis administrativa como la que se vivió en el 2012, hizo de esa clasificación algo histórico para el hincha rojo.

Alejandra Tuberquia, estudiante de psicología en la universidad San Buenaventura y autoproclamada hincha fiel del Medellín, se encontraba el 9 de diciembre del 2012 en el estadio Ditaires de Itagüí, mientras alentaba y cantaba no dejaba de pensar en otra cosa sino en la clasificación de su equipo y en esa ilusión de volver a llegar a una final, pero saber el resultado que se daba ese mismo momento en el Atanasio Girardot era un hecho la angustiaba y no le permitía disfrutar el partido de lleno, porque un triunfo en el partido que se jugaba simultáneamente, significaba la eliminación del ‘Poderoso’.

“En esos 90 minutos me di cuenta lo que verdaderamente era sufrir y sentir amor por el Medellín, fueron minutos agónicos, la verdad nunca los voy a olvidar. Minuto a minuto viví intensamente el desespero y la ilusión de cantar nuevamente campeón. Imaginar la llegada de un gol en esas instancias del partido era algo que no me esperaba, pero gracias a Dios el momento llegó y fue más lo que lloré de emoción que lo que grité, lo que se vivió en ese estadio una vez terminado el partido, fue épico”, recuerda Alejandra como si estuviera viviendo nuevamente ese momento que la marcó para siempre.

El ímpetu y el sentimiento del hincha rojo está y va a perdudar el tiempo que sea necesario, no por los jugadores ni por los directivos, sino por esa tradición que significa el Medellín y por esos colores que definen la pasión y perseverancia de su gente.

Son cien años que se resumen en gloria, espera y sufrimiento; por eso independientemente del presente tan incierto que afronta el ‘Poderoso’, lo único que se asegura es esa hinchada que en los peores momentos jamás abandonó y que hoy sigue más firme que nunca; estuvo, está y va a estar acompañando al equipo que desde el inicio de sus días fue su primer amor.

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