Lillo: ¿víctima o victimario?
FOTO: futbolred.com

Antes de comenzar, les dejo esta frase que le da sentido al escrito que a continuación van a leer: “Tengo claro por qué nos echan a los técnicos: por perder. Lo que aún no sé es porqué nos contratan. Es un misterio como el de la Coca Cola”, Juan Manuel Lillo.

Hablador, ladrón, perdedor, Malillo, de todo le han dicho a Juan Manuel Lillo desde el momento en que los malos resultados fueron la constante en cada partido de este campeonato que termina, pero lo más curioso del caso es que en los cuartos de final del Apertura no había un solo hincha que no estuviera con el entrenador apoyándolo y ‘bancándolo hasta la muerte’ como es el dicho popular coreando “Lillo, Lillo, Lillo”.

Debo decir que desde el primer día que escuché su nombre empecé a buscar por todos lados pues me inquietaba algo en especial, y era lo mismo que se estaban preguntando todos en Colombia: ¿quién es Juan Manuel Lillo?

Cuando las directivas azules confirmaron las abruptas salidas del entrenador Hernán Torres, un año después de que lograra ganar la tan anhelada estrella 14 luego de 24 años de espera, y de Felipe Gaitán, quien lideró el proyecto para que la hinchada acompañara al equipo por cantidades en las campañas de 2012 y 2013 con resultados importantes, llegaron las dudas del por qué ocurrió y los reemplazantes, sobre todo la del timonel.

Cuestión de minutos fueron los que duró Millonarios sin entrenador pues de pronto apareció el nombre de alguien muy extraño, no era colombiano, ni argentino, ni siquiera de este continente, era un español de 48 años que tenía experiencia dirigiendo pero que en tres años no lo hacía, un personaje llamado Juan Manuel Lillo Diez.

Antes de que este personaje llegara a Bogotá, estuve en la búsqueda de los que había hecho en clubes anteriores, leí los diarios españoles, noticias, videos y audios sobre él, y de lo más relevante que encontré es que en 21 años su más alto logro fue ascender de la tercera división a la primera al UD Salamanca, convirtiéndose en el técnico más joven en dirigir en la Liga, de resto, fueron fracasos tras fracasos con por lo menos tres equipos descendidos.

Pero más allá de lo que no hizo bien, descubrí que era nada más y nada menos que la persona que educó a Josep Guardiola con la táctica del fútbol posesión que le dio tantos triunfos al Barcelona conocido como el Pep Team, pero que a Lillo no le había dado nada importante.

Desde España me dijeron que era una persona inteligente, de muchos conocimientos y trabajo reconocido, pero que su problema era algo más allá de lo deportivo, una cosa que no muchos tienen pero que en la mayoría de casos necesitan: suerte.

En el momento que pisó tierras colombianas vio un terreno hostil por los partidarios de Hernán Torres y las dudas de los periodistas sobre quién es y cómo será su trabajo, pero prefirió guardar sus palabras hasta el día de su presentación.

Pasó diciembre y en enero comenzó la ‘era Lillo’ con las prácticas que le dieron un nuevo aire al equipo que se acostumbró de lo mismo en décadas, los ‘rondos’, como son llamados en España, le hicieron sacar el mayor potencial a los jugadores que ganaron los tres amistosos previos al inicio de la temporada con Envigado.

Llegó el día de inicio del Apertura 2014 para Millonarios en el Parque Estadio, cancha difícil para los clubes visitantes por su gran tamaño y el no estar acostumbrados a ella, pero para Lillo pareció que no fue problema y con su táctica de posesión venció por marcador de 1-2 con doblete de Dayro Moreno  aunque sin ser un equipo brillante y dominador.

Tras la victoria en Envigado era claro que los tres puntos en El Campín eran de suma relevancia, pero todo se complicó y fueron derrotados por la mínima diferencia. El público coreaba el nombre de Hernán Torres y no estaban muy confiados de este personaje que aún no conseguía afinar su nómina, y eso se vio en Tunja al colocar un onceno suplente que perdió también por 1-0.

El ambiente no era el mejor, y peor aún cuando se venía el actual bicampeón de Colombia y hasta el momento un club casi invencible: el Atlético Nacional de Juan Carlos Osorio, quien tenía un equipo lleno con futbolistas de primer nivel por donde se viera y con su sistema de rotación que le dio hasta ese momento cinco títulos en año y medio.

En Bogotá no solo se enfrentaban Millonarios y Nacional, era un duelo de dos tácticas que empezaron a revolucionar el fútbol colombiano, por un lado el fútbol inglés del profesor Osorio, y por el otro la tradicional escuela de posesión que se volvió famosa gracias a la Holanda de la década de los 70’s y el Barcelona de los 90’s y de los periodos 2008-2012 con Guardiola, el pupilo de Lillo.

Esa tarde las apuestas estaban todas a favor de los antioqueños, pero algo increíble ocurrió en la cancha, una cosa tan extraña para los dirigidos por Juan Carlos Osorio que ni él lo podía resolver: no lograban hacer su juego, por una extraña razón su rival supo neutralizar toda forma de crear ataque y de a poco fueron más peligrosos en el área de Luis Martínez a tal punto que antes de finalizar el primer tiempo Millonarios estaba ganando por 2-0.

El descanso daba para varias preguntas pregunta ¿qué pasaba con Nacional? ¿Están jugando mal o el rival juega muy bien?, lo único cierto es que el equipo de Juan Manuel Lillo no tenía errores, algo que se siguió reflejando en el segundo tiempo manteniendo el ritmo de juego, la posesión de más del 60%, desnudando las falencia de Nacional y finalmente venciéndolo 3-1 sorpresivamente.

Nadie entendió lo que pasó, ni siquiera los hinchas bogotanos, el cómo no importaba sino que finalmente alguien superó con fútbol y goles al poderoso campeón, con un entrenador nuevo en el país y jugadores que celebraban la victoria que tanto añoraban durante meses.

Desde ese día empezó formalmente un periodo de pelea por el primer lugar con la misma táctica, mismos jugadores y partidos en los que no se veía a Millonarios por debajo sino luchando por los tres puntos, ganándole a los grandes como Santa Fe, Junior y Cali, y complicándose a ratos con clubes como Huila, Uniautónoma y Pasto.

Tras cada encuentro había otro hecho que ningún periodista, entre ellos me incluyo, se perdía: las ruedas de prensa. No eran como esas en las que el entrenador llegaba, respondía preguntas sobre el balance del juego, su equipo y lo que viene, con Lillo era como tener un profesor de filosofía y sociología al mismo tiempo, su forma de hablar lo volvió famoso en Colombia pues cada frase era para enmarcar por su sentido misterioso pero a la vez asombroso.

Finalizada la primera fase empezaron los play-off, y el primero rival era La Equidad, al que en la ida superaron por un gol y en El Campín igualaron 1-1 pero con el bonito y recordado hecho del apoyo de los 29.000 asistentes a ese encuentro al español tras la muerte de su padre días atrás, fue tal así que en el minuto de silencio solo se escuchó el viento y el sonido de los autos pasando por la Avenida 30.

En semifinales la fe de un nuevo título estaba mucho más cerca, y solo era superar a Junior de Barranquilla. El primer duelo en el caribe terminó sin goles y la vuelta daba para pasar por encima de los visitantes, pero éste equipo logró defender su arco sin dejar hacer el juego de posesión de Millonarios, llevándolo a los penales, y en la definición de los 11 metros terminó la esperanza de la estrella 15 inesperadamente aunque con el agradecimiento de los aficionados por darles una ilusión tan cercana de que se podía quedar campeón.

Entre mayo y julio cambiaron las cosas radicalmente pues empezaron las dudas sobre los refuerzos y quienes vendrán, sobre todo si alguien como José Portolés estaba a cargo de eso, quien no daba nada de confianza por no hacer un buen trabajo desde el primer día que llegó al club.

Pocos jugadores estaban llegando y Lillo empezó el Clausura con algunos problemas de nómina por estar incompleta pero con la fortuna de sacar los dos primeros encuentros con victoria antes del comienzo de la Copa Sudamericana.

La Copa Postobón fue quizá el primer paso al desastre total por no lograr los resultados que todos querían, y por el contrario, fueron un total de siete derrotas consecutivas para la temprana eliminación.

En el torneo local llegaba la fecha cuatro contra Nacional en el Atanasio Girardot, un rival que Lillo conocía bien pero que de un momento a otro no le pudo hacer el mismo daño que meses atrás, y se llevó a casa el humillante, apabullante y desagradable resultado de 5-0, dando la excusa de que ''A Brasil le metieron 7''.

Ante Cesar Vallejo de Perú por la Copa Sudamericana había mejores expectativas para dejar de lado la pesadilla de la Liga, pero fue peor, derrota en Bogotá por 1-2 y empate en Trujillo de 2-2 dejando eliminado al equipo que dos años antes alcanzó las semifinales.

La hinchada no aguantaba más pues no solo era el problema deportivo sino administrativo y financiero por el ‘caso Interbolsa’, las contrataciones de Portolés y sin nadie que le mostrara una luz a un club que navegaba en aguas turbulentas y con la oscuridad rodeándolo.

Los empates contra Pasto, Once Caldas y Huila, y la derrota en el clásico contra Santa Fe dieron paso a la salida definitiva de Juan Manuel Lillo tras 10 meses de dirección técnica dejando al club en el segundo lugar de la reclasificación pero sumando semanas sin ganar y eliminado de Copa Colombia y Sudamericana antes de tiempo.

¿Qué pasó con Lillo? ¿Fueron los jugadores o las directivas? ¿Su mala suerte fue la que finalmente primó en su campaña? Nadie sabe lo que pasó, y el español se fue del país sin decir una sola palabra, algo típico de él pues solo hablaba en ruedas de prensa, y con el infortunio de no poder lograr su primer trofeo de liga.

Pero hay una cuestión mucho más importante hoy luego de ver lo que pasó con Juan Manuel Lillo en Millonarios, y es sí el fracaso del club que de un momento a otro pasó de estar cerca de la estrella 15 a ser eliminado de tres torneos en primera ronda fue culpa de él o de las directivas, y es por el hecho de que Ricardo Lunari, el técnico que reemplazó al ibérico, no logró nada importante y su rendimiento en 10 encuentros fue peor que su antecesor, esas mismas personas que permitieron que su institución se fuera al piso con una deuda enorme y traicionando las campañas de 2012 y 2013.

En fin, al ver cómo se iba este señor de cabello canoso, estatura baja y vestimenta que lo hacía ver más como alguien del común que como un entrenador deportivo, no me alegre ni me sentí triste, sino decepcionado de ver cómo un torneo acostumbrado a la ‘escuela de Maturana y Bolillo’, de dirigentes ladrones y sin escrúpulos, estadios a medio derrumbarse y vacíos, o en su defecto con hinchas que se matan por el color de su camiseta, dejó pasar la oportunidad de aprender algo de una persona que siempre fue amable y de bajo perfil, sin escándalos de narcotráfico o por tratar mal a sus jugadores, alguien que no tenía las malas mañas que ciertos colombianos aprendieron con el tiempo.

Su aventura por Colombia solo fue de 10 meses, pero pienso que si queremos mejorar nuestra liga y colocarla entre las mejores, hay que tomar lo bueno de esos revolucionarios como Lillo u Osorio que con nuevas ideas marcaron historia en estas tierras, aunque uno tuviera más éxito que el otro.

Para finalizar dejo esta frase con la que comencé este texto para que ustedes como lectores tengan claro el concepto de técnico que con el paso de los años tiene su definición clara: “Tengo claro por qué nos echan a los técnicos: por perder. Lo que aún no sé es porqué nos contratan. Es un misterio como el de la Coca Cola”, Juan Manuel Lillo.

VAVEL Logo