Juan Fernando, "El niño maravilla"

Juan Fernando, "El niño maravilla"

Tuvo que convertirse en un hombre siendo aún un niño. La vida le obligó, tras la ausencia temprana de su padre, a asumir la cabeza de su familia y a convertirse en adulto. Es cierto que en Envigado lo llamaban ´El Niño`, obedeciendo acaso a su cara de inocente y a los 1,66 metros de estatura. Pero en realidad, al mismo tiempo que estudiaba la primaria en la escuela Pío XII, en su casa, en la que vivía con su madre Lina Paniagua y su hermano menor Mateo, decidía como padre. “No puedo más, no aguanto”, se lamentaba ella, una estilista antioqueña. “Tranquila, mamá, que vamos para adelante. Cuando sea más grande le voy a dar todo” sentenciaba el pequeño Juan Fernando Quintero.

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Julián Restrepo

De niño —cuenta su mamá— sus pupilas no lograban dilatarse ni un milímetro con carros ni juguetes ocasionales. Su mirada, con apenas tres meses de nacido, sólo seguía balones, como su papá Jaime Enrique Quintero, un volante de creación, diestro y pequeño, solía hacerlo. Su padre, justamente, le decía —con el tono de quien le habla a un bebé— que iba a ser el mejor hijo y, sobre todo, el mejor futbolista. No había posibilidad de que, al menos, Juan Fernando se probara algún día como futbolista, porque además del instinto y los genes, los siete hermanos de su madre son aficionados del Medellín. A los siete años convenció a su mamá de que asistieran al torneo infantil Pony Fútbol en la capital antioqueña y, mientras miraban un partido, acaso por un zarpazo del inconsciente, pensó en voz alta: “Algún día voy a ser el mejor”. “¿Ah, sí?”, le replicó Lina, y entonces sí, el niño la miró fijamente: “Póngale cuidado, mamá. Voy a ser el mejor”. Cuando llegaba del colegio la primera tarea que hacía el pequeño era con la pelota. Así le hizo el quite a las dificultades propias del barrio El Socorro, en la comuna 13 de Medellín, donde creció.

Quintero de su padre heredó el talento, el mismo ADN  que lo hacía amar al fútbol como pocos, de esto su buena técnica, incluso en la escuela de Fútbol de Envigado lo llamaban Harry Potter ya que era un mago con el balón. Su padre fue un gran jugador de Futbol, lastimosamente la violencia se lo arrebató cuando Juan Fernando apenas comenzaba su carrera.

Gracias a que su tío Fredy Paniagua tenía una modesta escuela de fútbol, 'Quinterito', como lo apodan sus amigos, descrestó con sus habilidades desde los escasos seis años. A los nueve años ya reclamaba con firmeza el balón, regaba rivales en la cancha Marte #1 y demostraba mucho coraje para patear penaltis y tiros libres. "Él siempre se destacó. Era el mejor y de tiro libre no fallaba, por lo que hacía muchos goles", relata su tío.

Con una gran potencia en la pierna izquierda e inteligencia futbolística, demostró que la técnica y la táctica son más importantes que la fuerza y la potencia. A simple vista  dirían que mide lo mismo que Diego Armando Maradona, pero eso fue irrelevante para Eduardo Lara, técnico de las selecciones juveniles de Colombia, que alguna vez, cuando Quintero tenía unos 16 años, no lo escogió en una convocatoria por su altura. “Juanfer me llamó llorando, me contó que no lo habían escogido y que le habían dicho que los jugadores de su estatura sólo servían para ser vigilantes o médicos, que de esos ya había en el plantel”, recuerda su madre Lina. "Me sentí muy desilusionado al verme despreciado por el técnico Lara. Me dijo unas palabras muy malucas, que no deseo repetir, y que me hicieron sentir mal y hasta decepcionarme de mí mismo", anotó sobre el incidente. En adelante, nadie más volvió a condicionar su precisión con los pies y su capacidad de asistencia.

Cuando ganar ya se convirtió en un acto común, Juan Fernando sintió que estaba listo para cosas más grandes, para mayores retos y para levantar trofeos más pesados. "Los otros jugadores buenos se quedaron en el camino; y yo sí me siento el mejor", decía entonces, cuando le preguntaban por sus condiciones como futbolista.

Luego de hacer todo el semillero con Envigado, le llegó la hora de debutar en el fútbol profesional de la mano del técnico Óscar Aristizábal. El 6 de marzo del 2009, en la victoria naranja 2-1 sobre Medellín en la Liga, jugó 21 minutos gracias a la desaparecida norma que obligaba a los equipos a alinear a un jugador sub-18 para incentivar las categorías menores. Dicha norma solo fue una excusa en ese momento, porque después la sonrisa pícara del número 10 se volvió habitual en la formación titular. Cada vez sus pases eran más certeros y su remate más letal.

Sin embargo, y pese a su juventud (17 años), se daría cuenta muy rápido de que el fútbol no es un juego de niños y que la sonrisa que muestra cuando corre tras el balón puede ser desplazada por las lágrimas, que también hacen parte de la profesión. Durante la serie de la promoción entre Envigado y Pasto del 2010, sufrió una fractura en la tibia de la pierna derecha, debido a una fuerte entrada de Germán Mera. Esa lesión también privó al mayor de los hermanos Quintero Paniagua de cumplir su primera cita con la Selección Colombia Sub-20. No poder llegar a la concentración nacional esa tarde agudizó el dolor.

Tras ese trago amargo, Quintero regresó a las canchas cuatro meses después con una cuota de madurez aprendida a la fuerza y con mucho dolor de por medio. "Cuando me operaron sabía que iba a quedar bien. Tenía la fe intacta; le rezaba día a día a Dios y sabía que iba a volver igual y hasta mejor", dijo entonces, como anunciando su ánimo de revancha para recuperar el tiempo perdido.

En su regreso siguió destacándose con su club, al punto de ser transferido a Atlético Nacional. Su pierna zurda lo iba conduciendo por el camino que él quería recorrer. Con la camiseta verde no demoró en hacerse notar, tanto, que en 2012 recibe su primera co convocatoria a la Selección Colombia dirigida por José Néstor Pekerman y además concreta su transferencia al fútbol italiano, el Pescara sería su nueva casa.

Con el 2013 también llegaron nuevas metas, entre ellas conducir a la Selección Sub-20 en el suramericano de la categoría para buscar el cupo al Mundial de Turquía y el título del torneo, Quintero cumplió con creces: además de lograr los objetivos también marcó cinco goles y fue considerado el mejor jugador del evento.

Luego de liderar a la selección sub-20 en el Mundial de la categoría logrando una destacada participación tanto colectiva como individual, Juan Fernando provocó gran impresión a los reclutadores de varios equipos europeos. La determinación, el liderazgo y la aptitud innata para figurar lo llevaron a un nuevo reto, Porto, el equipo más laureado de Portugal, donde actualmente cumple su segunda temporada y donde a fuerza de gambetas y buen fútbol se ha ganado un lugar de consideración entre las promesas del fútbol.

Pero Juan no es conformista, siempre quiere más, como dice su mamá; por eso siendo una decisión arriesgada José Pekerman DT de la Selección Colombia lo eligió para ser parte de los veintitrés jugadores que representaron a Colombia e hicieron historia durante el pasado Mundial de Brasil 2014, allí "El Mago", como le dicen sus compañeros de selección, dejo claro durante los pocos minutos disputados y con el gol marcado - Costa de Marfil que aún esta muy lejos de su techo, que detrás de esa alegría pícara con un balón se esconde el hambre de gloria que distingue a los cracks.

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