¿Y la renuncia para cuándo?
Foto: AS Colombia

Quien alcanza a ser idolatrado como jugador de un equipo de fútbol, debería respetar el amor que siente el hincha por él y lo que consiguió, y no debe emprender aventuras que sabe que no va a lograr. Al parecer el paraguayo Aldo Bobadilla no entiende esto, pues para muchas personas está temblando en su status de ídolo.

El DT paraguayo llegó el año inmediatamente anterior al equipo antioqueño tras una seguidilla negativa de resultados, en medio de un rumbo desconocido. En primera instancia estuvo bien, porque tomó un plantel que ya se conocía y que ya estaba armado y con esto pudo rozar la clasificación a los ocho y el título de la Copa Aguila 2019.

Puede que el Medellín llevara años sin algún título, y que ese mismo le otorgara la clasificación a la Copa Libertadores de América, pero, ¿a quién vamos a engañar? Fue un recorrido fácil, empezando en la fase de eliminatoria y con el goleador histórico del club: Germán Ezequiel Cano. No es que sea un gran mérito de Bobadilla.

Sin embargo, tras pensar que empezaba una etapa fructífera en el equipo, toda la hinchada se estrelló fuertemente contra una pared para posteriormente darse cuenta de lo que realmente estaba pasando: la peor debacle del equipo en el último siglo. Un equipo sin ideas, desarmado, sin figuras y sin aspiración alguna más que vender diversos juveniles que salgan de las fuerzas básicas del club. 

Gran parte de la culpa la tiene el señor Aldo Bobadilla, pues cualquier técnico con carácter es capaz de pararse en la raya y exigirle a los directivos de su equipo que le arme un equipo en condiciones para las diversas competencias que tiene próximas a disputar.

Dejó que abandonaran el equipo diversos jugadores que aportaban bastante al desempeño del equipo y le dijo que no a otros que pudieron ser fundamentales como Christian Marrugo (firmó con Águilas pidiendo menos en el Medellín) o Jown Cardona (iba a jugar por el sueldo de un juvenil).

Además contrató a un jugador que genera bastante incertidumbre en la hinchada y parece algo como un "favor familiar", pues el señor Carlos Monges (delantero que llegó al equipo de la tercera división paraguaya) y Bobadilla comparten su segundo apellido: Ávalos.

La hinchada se cansó de esperar, de los malos resultados y de ver como técnicos cobardes toman la rienda de un equipo que cada vez se encuentra más desolado y lejos de la gloria que todo fanático del fútbol anhela para su club. El señor Bobadilla demostró que no es técnico para el Medellín, pues en la reanudación lleva 3 partidos en línea perdidos con el equipo que el decidió armar. La renuncia está tardando.

 

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