La Dimayor y su historia de descaro con el fútbol femenino en Colombia
Foto: Dimayor

El panorama que vive el fútbol femenino en Colombia es agobiante y basta mencionar el decepcionante desenlace de una liga que en ojos ajenos es más amateur que profesional. Pero, ¿cuál ha sido la respuesta de las jugadoras ante este vergonzoso suceso? Aquí las razones del talento desperdiciado desde dirigentes hasta federaciones.

La denigración en el Fútbol Profesional Colombiano parece indicar ser un tema de cromosomas, pues inefablemente la mayor competencia para las jugadoras profesionales cuenta con un mes y medio de duración, sí, el mismo lapso de una pretemporada, en el que las atletas deben justificar su trabajo con exigentes pedidos del público.

Ante esto, cabe mencionar los logros obtenidos por las jugadoras colombianas en sus clubes, como también por la Selección Colombia, que, si bien no han tenido el más mínimo proceso de preparación, han logrado palmarés tanto individuales como colectivos que serán marcados para la historia.

En cuatro años desde la realización de la Liga, Atlético Huila fue campeón de Copa Libertadores 2018, la Selección Colombia obtuvo medalla de oro en Juegos Panamericanos en Lima 2019, Leicy Santos fue elegida como la jugadora latinoamericana más importante en 2019/2020, Yoreli Rincón fue fichada por el Inter de Milán, y un sinfín de jugadoras exportadas al exterior surgidas de equipos participes en la liga.

Tendría lugar para mencionar cantidad de nombres de mujeres colombianas becadas en Estados Unidos y México por el fútbol, militantes en España, Ecuador, Chile, Brasil, entre otros, a quienes los jueces no le siguen la pista.

Ahora bien, se cuenta con la suerte de ser una de las 42 jugadoras finalistas, sumando las competidoras de ambos equipos, y jugar 12 partidos en totalidad. Es decir, si se va al calendario, iniciar el 18 de julio y finalizar como máximo el 5 de septiembre. ¿Qué será de ellas los 10 meses y medio en temas de empleo? ¿Cómo sostienen un buen nivel competitivo? ¿Cómo velarán por el bienestar de sus hogares y de su manutención?

Es notable la involución, pues el primer torneo contó con cuatro meses de juego y el próximo tendrá un mes y medio de competencia, todos los indicios para ser un tema netamente de obligaciones y compromisos con federaciones para ejecutar este certamen. Entonces sacaría la conjetura que a esto va el comité: sí, esas serán las fechas y ustedes se las arreglan.

Concluir con una comparación puede ser detestable, pero no es inviable ni descabellado pensar que, Colombia podría ser un gran país en el balompié femenino si se brindan oportunidades para las jugadoras con un torneo estable y decente como lo ha sido la Liga Mexicana Femenil, que en el mismo tiempo de realización tienen dos torneos al año con una primera fase de 17 partidos.

Así mismo, por ser una Liga tan prematura, únicamente pueden jugar jugadoras nacidas o nacionalizadas en México, brindando un proceso desde lo local para obtener y conformar una buena base en su Seleccionado. Pero hasta ahí, porque esto suena de maravilla en territorio colombiano.

Hay una lista de cientos de jugadoras que piden a gritos una base sólida para posicionar este nuevo producto en el mercado y mostrar un rendimiento estable. Se piden condiciones y no montos salariales de altos millones. ¿Hasta cuándo Colombia será un país en el que las mujeres no puedan vivir del fútbol? Tendremos que postergar la respuesta hasta el próximo año con una nueva incertidumbre.  

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