Historia de los Mundiales: Grecia 1998

Dicen que todo lo bueno se acaba. Que a veces los que han sido grandes tienen que dejar paso a los siguientes cuando hayan exprimido al máximo el éxito. Y quizás fue eso lo que pasó en el año 1998 en Grecia. El universo de la canasta se preparaba para vivir la primera gran cita internacional sin un equipo estadounidense formado por jugadores de la NBA.

Atrás quedaba el eterno Dream Team de Barcelona 92 con Jordan, Magic, Bird y compañía; así como los conjuntos de Canadá 94 y Atlanta 96 aún con integrantes del mencionado Dream Team como Malone, Stockton o Robinson junto a nuevas caras de la talla de Shaquille O'Neal. El abanico de candidatos al título se ampliaba al máximo, y la hegemonía mundial parecía, por primera vez en mucho tiempo, en seria disputa. Y fue esa circunstancia la que aprovechó un grandísimo grupo de jugadores procedente de los Balcanes para imponer un nuevo orden.

Al asalto del trono de unos EEUU sin estrellas

Si hay algo que marcó el pistoletazo de salida en Grecia 98 fue el cambio de rumbo de la selección estadounidense. Tras haber ganado en el 92 los Juegos Olímpicos de Barcelona, en el 94 el Mundial de Canadá y en el 96 los Juegos Olímpicos de Atlanta, EEUU se descompuso. Una huelga de los jugadores de la NBA provocó una solución drástica: el combinado nacional lo compondrían jugadores norteamericanos que jugasen en Europa más dos jugadores universitarios.

Sin las estrellas de la liga americana, muchos equipos vieron cómo la opción del título era real. Este fue el caso de Yugoslavia (que volvía a un Mundial tras no disputar el anterior por las sanciones de la ONU al país), con Bodiroga y Rebraca al frente, a pesar de las importantísimas bajas de hombres como Divac o Stojakovic. Por su parte, Rusia también llegaba como una de las grandes potencias, aunque ya sin el aporte de jugadores de Ucrania, Lituania, Eslovenia y demás países de Europa del Este debido al desmembramiento de la URSS. Otras selecciones, como la propia EEUU a pesar de sus ausencias, Grecia y el poder de ser anfitrión, la independiente Lituania o España, con hombres como Alberto Herreros, Alfonso Reyes o Nacho Rodríguez, también reclamaban un puesto en los pronósticos.

Los candidatos superan las dos primeras fases

En la primera fase, en la que los equipos se dividían en cuatro grupos, las selecciones que lideraron cada conjunto pasaron invictas. Este fue el caso de Grecia (grupo A), Yugoslavia (B), Lituania (C) y España (D), que ganaron los tres encuentros que les enfrentaban a sus acompañantes en sus respectivos grupos.

Djordjevic y Bodiroga (mozzartsports.com)

Los griegos tuvieron en Frangisckos Alvertis (13,2 puntos y 6,4 rebotes) y Nikos Ekonomou (11,9 puntos y 58,6% en triples) a sus mejores jugadores. Los yugoslavos arrasaban con los dos mejores jugadores del torneo como líderes: Dejan Bodiroga (14,7 puntos y 4,9 asistencias) y Zeljco Rebraca (13,6 puntos y 9,1 rebotes). Por parte de Lituania, Arturas Karnisovas (17,1 puntos y 6 rebotes) y Saulius Stombergas (13,3 puntos) marcaban la diferencia. En cuanto a España, Alberto Herreros (17,9 puntos), Alfonso Reyes (11,6 puntos y 7,2 rebotes) y Nacho Rodríguez (3,6 asistencias) eran los más destacados.

Tras la criba inicial, para la segunda fase se clasificaban los tres primeros del grupo, quedando eliminado el último. Entonces, la competición se redujo a sólo dos grupos con seis equipos cada uno, de donde se clasificarían los cuatro primeros. Así, los cuartos de final se acabaron confeccionando con (en orden descendente de clasificación) Yugoslavia, Rusia, Grecia e Italia por el grupo A, y Estados Unidos, España, Lituania y Argentina por el grupo B.

Yugoslavia y Rusia sobreviven hasta la gran final

Los cuartos de final fueron, a nivel general, igualados. Rusia fue la única en conseguir una victoria fácil (82-67) y eliminó a Lituania, con jugadores como Karasev al frente de la potente selección. Estados Unidos se olvidó de las palizas del pasado y sufrió (80-77) para apear de la competición a los italianos. Yugoslavia tuvo que sudar para eliminar a Argentina (70-62), y por último, la selección española sucumbió ante la anfitriona Grecia (69-62).

Rusia acabó con años de hegemonía de EEUU y Yugoslavia eliminó al anfitriónLlegó el turno de las semifinales, y con ello una fase no apta para cardíacos. Mientras que Rusia apartó, tras años y años de hegemonía, a los Estados Unidos ganando por apenas dos puntos (66-64), Yugoslavia logró echar de "su" Mundial a Grecia tras una prórroga en un partido igualadísimo (73-78).

La Yugoslavia que no pudo jugar el anterior Mundial por sus conflictos internos, liderada por Bodiroga, Rebraca y Djordjevic, frente a la Rusia posterior a la Unión Soviética con Karassev y Babkov como principales reclamos. El trono mundial se decidiría entre dos países que más allá del deporte habían pasado por mucho, y que ahora se veían las caras de tú a tú con el mayor de los premios aguardando.

El nuevo orden llevaba el sello de la Yugoslavia de Bodiroga

En un torneo tan disputado, la final no podía ser menos, y rusos y yugoslavos lucharon a cara de perro para ganar el Mundial. Finalmente, fueron dos los detalles que decidieron el partido. En primer lugar, la férrea defensa de Yugoslavia, en muchas ocasiones zonal, que haciendo gala de una gran maestría táctica protegió su aro en los momentos fundamentales. En segundo lugar, la actuación del MVP de las finales, Rebraca, héroe en los momentos claves, que acabó el partido con 16 puntos y 11 rebotes.

Yugoslavia era la nueva campeona del mundo de baloncesto, por cuarta vez en su historia. Sólo perdieron un partido de los nueve que jugaron, habiendo anotado una media de 77,6 puntos por partido y encajando 62,6 puntos por partido. Empezaba una nueva era en el deporte del balón naranja.

El bronce fue para Estados Unidos, que venció con facilidad a Grecia para conseguir el bronce (61-84). En el plano individual, Dejan Bodiroga fue elegido el MVP del torneo. El quinteto ideal lo formaron el propio Bodiroga, su compatriota Zeljco Rebraca, el español Alberto Herreros, el ruso Vasili Karasev y el italiano Gregor Fucka.

España no sólo estuvo representada por Herreros en el quinteto ideal, sino que también fue el máximo anotador del torneo con 17,9 puntos por partido. José Rafael Ortiz, de Puerto Rico, fue el máximo reboteador con 10,5 rebotes por partido, y el australiano Shane Heal tuvo el mejor promedio en asistencias con 4,5 por encuentro.

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