Ben Wilson, la leyenda que ni siquiera debutó en la NBA
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Año 1967, Ben Wilson nacía en Chicago en el seno de una familia humilde. Siempre custodiado por su hermano mayor Curtis, Ben pronto mostró mucho interés por el baloncesto. Sin canastas donde poder entrenar, desde sus primeros años de vida ensayaba su tiro en una papelera de casa donde se comenzó a forjar la leyenda que es.

Su adolescencia no fue nada fácil ya que estuvo marcada por las malas influencias y por el divorcio de sus padres que hizo que “Benji” madurara más rápido. Cuentan sus amigos de la infancia que el bueno de Ben fue expulsado de la escuela de Sr.Dorothy a la semana de entrar ya que tras ver la película de “El Zorro” fue marcando a todos los niños con una “Z”.

Además sus amistades hicieron que su madre le castigara una y otra vez hasta que el joven se dio cuenta de que su vida debía dar un giro rotundo. Quería dedicarse al baloncesto.

Jugando para la Escuela de Ruggles pronto todo el mundo quedó impresionado por la disciplina de un joven que pese a su edad se desvivía por entrenar y por mejorar en cada lanzamiento que realizada. En 1981, se graduó y pasó a formar parte de la universidad de Simeon, donde sería recordado como una verdadera leyenda.

En Simeon se forjó su leyenda

Ben Wilson pronto fue apodado “Magic Johnson whit jump shot” gracias a que se decía que poseía el gran talento del mítico jugadores de los Lakers pero además tenía un portentoso lanzamiento de larga distancia lo que le hacía aún más temible. En el instituto situado en chicago, el joven condujo a Simeon a ganar su primer título estatal contra el equipo que ostentaba el mejor record, Evanston. Incluso la ESPN consideró al de Chicago el mejor jugador joven de todo el país.

Todos hablaban de un Wilson que llenaba cada noche los 10.000 asientos del pabellón de Simeon de gente que quería verle jugar. Además ya por aquellas había niños que comenzaban a fijarse en Ben y que lo tomaban como ejemplo. En Chicago todos los jóvenes soñaban con seguir los pasos de Wilson y convertirse en unas verdaderas leyendas mucho antes de llegar a la NBA.

Wilson era apodado "Magic Johnson with jump shot"

Además en su tercer año de instituto, creció 15 centímetros hasta medir 1,98 haciéndose aún más temible tanto en ataque como en defensa. Tanto sorprendió su físico, que fue invitado a un campamento de atletas en Princenton, Nueva Jersey, donde ojeadores y entrenadores coincidieron con la ESPN en que Wilson era el mejor deportista de instituto de todo el país. Las becas universitarias le comenzaron a llover. Desde la propia universidad de Illinois, hasta la universidad de Paul o la de Indiana, todos querían contar con un jugador que podía cambiar el destino de la universidad con sus manos.

Sin embargo su vida extradeportiva no marchaba tan bien como lo hacía su carrera deportiva. Ben, tuvo un hijo con su novia de toda la vida, Jetun Rush pero su relación con ella no funcionaba y Jetun no dejaba a Benny ver a su hijo. Esto causó una gran frustración en el jugador que llegó a discutir aireadamente con su novia y al ser reprendido por un profesor, le agredió siendo sancionado indefinidamente. Ese chico noble y humilde, no era perfecto.

En una de tantas discusiones con su novia, Wilson iba a meterse en problemas con los tipos equivocados. La tarde del 20 de noviembre, solo un día antes de comenzar de nuevo el campeonato que debían defender, dos jóvenes acababan con la vida de Ben y con un trozo de la historia de Chicago.

Muerte

El jugador acompañó a su novia a la parada de bus y allí se encontró a Omar Dixon y Billy Moore, dos jóvenes pertenecientes a una banda callejera. Tras discutir con ellos, Moore sacó una pistola del calibre 22 y disparó a Wilson hiriéndole en la ingle. Acto seguido, volvió a disparar el arma y la bala entró por el abdomen de Ben que yacía en el suelo ante los gritos de su novia que presenció toda la escena.

La ambulancia tardó en llegar mientras Wilson no paraba de repetir a sus amigos que estaba bien. El joven fue trasladado al hospital de Saint Bernard en la calle 64. Pese a que allí no había unidad de urgencia ni cirujanos de urgencia, la policía ordenaba que las ambulancias llevaran a los pacientes al hospital más cercano.

A la llegada de su hermano y su madre, Ben seguía repitiendo que estaba bien pero su madre, médico de profesión, y su hermano veían como sus pies se ponían cada vez más y más pálidos. Wilson tenía una hemorragia interna que impedía que la sangre circulara por su cuerpo con normalidad. Más de dos horas y media después de su llegada al hospital, por fin Ben es intervenido.

Sin embargo, todo el optimismo entorno a su figura pronto se tornó en pesimismo. Del “probablemente esté preparado para jugar en un tiempo” se pasó al “probablemente nunca más pueda jugar al baloncesto” había perdido mucha sangre y las secuelas no se podían predecir. Después de unas horas de operación, el cirujano que le operó afirmó que el jugador se encontraba estable. Pero su madre ya se estaba preparando para lo peor.

En aquella madrugada, cada informe que salía era peor que el anterior y cada segundo Ben tenía menos posibilidades de sobrevivir hasta el punto de que si lo hacía iba a permanecer postrado en una cama el resto de su vida. Fue entonces cuando su madre tomó la decisión más dura y valiente que nadie puede tomar. Hacia las cinco de la mañana, Mary Wilson pedía a los médicos de Saint Bernard que desconectaran a su hijo. Todo Chicago se estremeció. La ciudad que había visto nacer y crecer a Ben Wilson, se despedía de su estrella de tan solo 17 años de la noche a la mañana.

Su muerte agitó por completo a la ciudad que estaba muy castigada por la violencia de las bandas callejeras. Wilson era la víctima 669 de ese año y su caso no era uno más. Todas las esperanzas de miles de personas estaban puestas en ese joven que se iba del mundo demasiado pronto.

Solo seis horas después de que falleciera, su madre se dirigía a todos los jóvenes de su instituto en un salón de actos a reventar y roto por el dolor. Mientras su equipo de Simeon había decidido jugar el primer partido del campeonato estatal y rendir así su tributo particular a Wilson. Curiosamente ese encuentro era contra Evanston, equipo al que había derrotado en la final del curso pasado. Simeon aplastó a Evanston como Ben hubiera querido.

El 23 de noviembre, el pabellón que había visto brillar a Wilson, se llenaba para despedir definitivamente a Ben que yacía con su uniforme de Simeon puesto. Al día siguiente se calcula que unas 10.000 personas acudieron a uno de los entierros más multitudinarios que se recuerdan.

Juicio

Durante la madrugada de la muerte de Wilson, la policía había detenido a los dos sospechosos, Omar Dixon y Billy Moore de 15 y 16 años respectivamente. Según el informe policial, los dos jóvenes se encontraron con Ben en la acera y le intentaron robar. Él se resistió y los dos delincuentes le dispararon dos veces causándole la muerte.

El juicio duró poco más de una hora y ambos delincuentes fueron declarados culpables. Dixon fue condenado a 30 años de cárcel y Moore a 40. Sin embargo, después de salir de la cárcel, Moore fue entrevistado y afirmó que la historia no concuerda con el informe policial.

Según su testimonio, él se encontraba junto a Dixon esperando a una amiga a la puerta de una cafetería universitaria. Wilson estaba discutiendo con su novia y al pasar a su lado, se abrió camino empujándolos. Él le recriminó la acción y le dijo que le pidiera disculpas algo a lo que Ben se negó. Moore enseñó la pistola al jugador con el objetivo de que este se fuera pero lejos de hacerlo se abalanzó sobre él ante lo que Billy respondió con dos disparos. Ambos salieron corriendo y Wilson se quedó sentado con dos heridas de bala.

Después de cumplir la mitad de su condena, Billy Moore salió de la cárcel y en la actualidad ayuda a ex presos a reinsertarse en la sociedad. Por su parte Dixon, salió con la condicional y en 2007 volvió a ser condenado a 40 años de cárcel por robo a mano armada.

Mary Wilson

Tras la muerte de su hijo, Mary luchó fervientemente por conseguir una reforma de la ley que permitiera un control más riguroso de las armas de fuego. Además años después demandó al hospital de St.Bernard exigiéndole 10 millones de dólares alegando que dejaron morir a su hijo de manera innecesaria. La familia del malogrado jugador llegó a un acuerdo económico con el hospital aunque las cifras no fueron reveladas. Además el ayuntamiento de Chicago reformó la norma por la cual las ambulancias no llevarían a partir de entonces a los enfermos al hospital más cercano si no al que mejor dotado estuviera.

El legado de Wilson

La muerte de Ben sigue presente muchos años después del trágico sucesos. Pese a morir a los 17 años, muchos han sido los que han querido rendirle homenaje en el mundo del baloncesto.

Derrick Rose, actualmente base de Chicago Bulls, jugó para Simeon y allí portó el número 25 a su espalda en honor al dorsal elegido por Ben Wilson. Además, Jabari Parker, jugador de Milwaukee Bucks, que conoció su historia cuando también jugaba para Simeon, llevó ese mismo dorsal y además lo puso en sus zapatillas junto al nombre de Wilson.

Otros jugadores como Nick Anderson, que fue su amigo de la infancia y que llegó a jugar en la NBA, también utilizaron ese dorsal en Orlando Magic. Por su parte Juwan Howard quiso jugar toda su carrera con el “25” a la espalda.

Muchas son las preguntas que se quedaron en el aire tras la muerte de Ben Wilson. ¿Dónde hubiera llegado? ¿Habría sido el mejor jugador de la historia? Algunos expertos coinciden en que podría haber sido uno de los mejores deportistas de la historia y el mejor jugador que había pasado por chicago.

Sean cuales sean las respuestas lo que está claro es que Wilson tendrá siempre un hueco en la historia del baloncesto estadounidense.

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