Papá y el tío se pelean; mamá sigue a lo suyo
Patrick Baumann (Papá), presidente de la FIBA, y Jordi Bertomeu (el tío), presidente de la Euroliga | Foto: David González

Papá y el tío, que no es hermano de papá ni mamá, pero es tu tío, llevan discutiendo desde verano de 2017 para imponer su criterio dentro de una casa en la que mamá gobierna de manera clara y nadie le puede discutir absolutamente nada, pero papá y el tío quieren comprar el cariño y, sobre todo, su atención para poder afianzarse en casa y ser la segunda potencia por detrás del indiscutible poderío de mamá. Papá lleva viendo durante años como el tío no deja de llevarse mérito, reconocimiento y dinero, mientras que él, lo único que puede hacer es aprovechar unos pocos meses de verano para saltar a escena y copar la atención de buena parte de la familia. En el último año, en 2016/17, el tío consiguió dar un vuelco a su forma de entretener a todos sus sobrinos e ideó un formato atractivo que aseguraba calidad, emoción y competitividad durante los nueve meses que tiene para él, siendo un poco más selectivo con sus integrantes y permitiendo que sus sobrinos viesen cada semana algo que antes solo veían durante dos meses en todo el año. Pero eso papá no lo puede tolerar. No puede perder, todavía, más protagonismo.  

Entonces papá elaboró un plan maestro… Según él. Decidió crear un formato parecido al del tío, pero para sobrinos con menos atención o menos exigentes. Pero no sólo eso. Viendo que no era suficiente con competirle semanalmente al tío, en el verano de 2017 se enzarzó en una pugna digna de un mono con una escopeta en las que exigía a su tío que desapareciese unos breves periodos durante el año para poder llevarse él todo el mérito, reconocimiento, atención y dinero, además de quitarle al tío algunos de los reclamos que más gustan a los sobrinos para ser más efectivo. El tío, lógicamente, dijo que no, que este era su momento y que papá ya tenía tiempo de hacer lo suyo en verano, que es cuando le corresponde. A todo esto, mamá seguía a su bola, sin hacer ni caso a estos dos ancianos aburridos que no tienen otra cosa que hacer que ver quien es más chulo.

Para tener más éxito en su plan, papá decidió dejar la elección sobre qué hacer en manos de 'sus hijos', pero les puso algunas condiciones, como, por ejemplo, que, si no iban con él durante el año, no vayan a verle en verano. Esto bien podría llamarse chantaje, pero papá no haría una cosa así. Para nada. La decisión sobre a quién hay que hacer caso se ha ido delegando hasta llegar a los más pequeños, los que más pueden perder, porque sus progenitores no se han querido manchar las manos por si el salpicón enfadaba a papá o al tío.

Al final, todos los sobrinos tienen a su disposición todo tipo de entretenimiento según le apetezca a cada uno a lo largo de estos periodos. La realidad es que los damnificados son los sobrinos, porque tienen que renunciar a un tipo de entretenimiento más atractivo e interesante que el que ofrece papá, que a su vez está ganándose una reputación muy mala para con toda la familia que nada tiene que ver con los resultados que esperaba de su magnífico plan para quitarle atención y fama al tío. Este lo único que hace es mejorar año tras año su producto y ofrecer cada vez un espectáculo de mayor calidad y más emoción y, al no sucumbir ante papá, añade un clavo más a su ataúd y consigue más descanso entre actuación y actuación y puede rendir mejor cada semana. Sin duda, el tío es el mono vencedor de esta pelea de ancianos aburridos

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