Brizuela: "Lo he pasado fatal, muy mal"
Darío Brizuela / Archivo VAVEL

Brizuela: "Lo he pasado fatal, muy mal"

El jugador del Estudiantes explicó el gran sufrimiento que ha vivido en estas semanas fuera de la competición, analizó la reacción de su equipo, su actuación individual, la hazaña conseguida y lanzó un mensaje de agradecimiento para su afición.

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Miguel Angel Cazorla

El héroe del partido junto a Alessandro Gentile. Cuando Darío cayó lesionado de la rodilla durante el partido ante el Gran Canaria, el pesimismo aumentó aún más si cabe tras ver a su jugador estrella abandonando el partido. Cabía la incertidumbre de si podría llegar a final de temporada.

Brizuela regresó para darle la salvación a su equipo en un último cuarto prodigioso. Los dolores en la rodilla ya no existían y el corazón del guerrero hizo temblar el Wizink para rendir a sus pies a los casi 11.000 espectadores allí presentes. Ya no hay lugar para el sufrimiento. Si esta salvación tiene un responsable, con permiso también de Gentile, es Brizuela.

Valoración del partido

Un Darío visiblemente todavía emocionado comenzó a hablar del partido. "Hoy era una final. Sí que cabía la posibilidad de mantenerse sin ganar ninguno de los dos partidos, pero sabíamos que si ganábamos hoy, nosotros ya estábamos salvados. Nos hemos dejado el alma, la semana de entrenamientos ha sido bastante buena a la vez que larga y dura. Al final, acaba el partido, todo salió bien y el sentimiento del vestuario es muy bueno".

Tres semanas infernales fuera de las pistas

Debe ser muy duro cuando un jugador ve que su equipo está cayendo en picado y no tiene ninguna opción de levantarlo porque su cuerpo se lo impide. "Lo he pasado fatal, muy mal. Empecé esta semana a entrenar con la idea de jugar este partido y si no podía pues jugar el siguiente, pero estoy mejor de lo esperado así que bien. Ha sido difícil porque vienes de estar fuera, llegas para entrenar, no estás para todo el entrenamiento y vas seleccionando momentos, dosificándose. Al final, ha salido bien y eso le da un sabor especial", comenta Brizuela.

Día para sacar el corazón

Este era uno de esos días en los que más que con buen nivel de baloncesto, que también es fundamental, se gana con orgullo, con garra y con todo corazón. Así lo ve Brizuela. "Era un día para jugar con cabeza y con el corazón caliente. El físico daba igual, no existía el dolor, no existía el cansancio. A mí me ha empezado a doler la rodilla cuando he subido al vestuario y durante el partido no me dolía nada y ha sido un partido de esos".

En algún momento del partido, Darío fue sustituido y su rostro de frustración reflejaba que en ese momento no le estaban saliendo las cosas. "Si estaba cabreado era porque no estaba dando el mejor nivel que podía, es normal. Al final, vengo de un esguince y tengo una rodillera que de protegerme tanto me impide. Estaba cabreado conmigo mismo. Hay muchos jugadores muy buenos en esta plantilla y si yo no estoy que jueguen ellos", explica el escolta.

¿Último acto de servicio?

Se da por hecho que Brizuela saldrá del Estudiantes a final de temporada por lo que este ha podido ser el último regalo que le ha ofrecido a su afición. Él prefiere huir de aquello y pensar que todavía queda un partido más. "Nos queda un partido más la semana que viene. Vamos a intentar ganarlo por nosotros. Es diferente porque ya estamos salvados, pero no creo que llegue el domingo y a la gente le dé igual ganar o perder. Así que hay que intentar disfrutar al máximo", dijo Brizuela.

La buena defensa, clave para el triunfo

"Sabíamos que era un partido de estar muy bien atrás. Sabemos que el Obradoiro es un pedazo de equipo y si no defiendes bien te puede llegar a 100 puntos tranquilamente. Creo que todo el trabajo que hemos hecho durante la semana se ha reflejado. El nivel defensivo ha sido muy alto todo el partido. Ellos aún así han tenido sus rachas porque tienen unos tiradores increíbles y al final hemos apretado un poco más. Ellos quizás han fallado tiros y nos ha permitido remontar", comenta Brizuela.

El papel de Vicedo

Hay jugadores cuyo trabajo no es visible ante los demás, pero su granito de arena es muy importante para ayudar al equipo. Uno de esos hombres es Edgar Vicedo. Juega poco, pero aporta mucho en el aspecto emocional Tanto él como Brizuela, se armaron para impedir que se produjera el descenso.

"Estaba emocionado. Le he dicho a Edgar que lo hemos conseguido. Ha sido un año muy difícil y él y yo vimos un descenso hace cuatro años. Lo teníamos hablado desde hace varios meses que no íbamos a permitir que esto pasara. Él también ha hecho una parte muy importante que no se ve porque Edgar es el mejor entrenando, es el que más anima y está emocionado por eso porque ha hecho un trabajo importantísimo", cuenta Brizuela.

Mensaje a la afición

El Wizink Center se ha volcado y entregado con los suyos hasta el final. En las duras y en las maduras. Por ello, Darío también tuvo tiempo para agradecer a esa afición que les ha arropado en todo momento. "Un montón de gracias porque han estado increíbles y nos han apoyado en esos momentos difíciles en el que Obradoiro ha cogido una racha de siete, ocho o nueve puntos seguidos que es como juegan ellos y en vez de bajar los brazos han seguido animando y se ha agradecido bastante".

Salvador de su equipo en el tramo final

En el tramo final del partido, Brizuela anotó diez puntos seguidos que han sido capitales para salvar el partido. Más valor tiene cuando no estaba físicamente al 100%. "No sé ni que ha pasado en este momento. He salido a tiempo para ayudar, sí que llevaba tiempo en el banquillo y estaba preocupado por eso. Porque me quedo frío y ahí es cuando me empieza a doler, pero cuando he entrado y me he puesto a defender se me ha olvidado todo y ha salido bien afortunadamente", comenta Brizuela.

Un día enorme y repleto de felicidad para todas las personas que forman el Movistar Estudiantes. El esfuerzo y el sufrimiento que conlleva siempre el mantenerse en la categoría es siempre una quimera. Los equipos humildes son el principal reflejo de lo que hay que sufrir para lograr los objetivos. Darío Brizuela fue ovacionado ante su público tras la gesta y, quizá, haya sido el regalo de despedida.

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