Recordando a Olajuwon
Olajuwon / Fuente: NBA

Son multitud los pívots que han conseguido récords a lo largo de la historia del baloncesto. Muchos nombres encabezan esta lista, pero, sin ninguna duda, uno de los más grandes de la lista se llama Hakeem, de apellido Olajuwon.  

El 21 de enero de 1963 nacía en Lagos, Nigeria, uno de los mayores talentos de este deporte. Nació en una época en la que todo lo que no salía del hemisferio norte, no podía acercarse a un balón de baloncesto, y menos, llegar hasta la liga más importante del planeta. Hasta los quince años, el joven prefería otro tipo de balón, y unos guantes de portero. Sus grandes manos ya hacían acto de presencia, aunque con una función muy distinta.  

A aquella edad, un familiar lo convenció para participar en un torneo local de baloncesto. Debido principalmente a su altura, todo parecía indicar que sería una gran estrella. Y nadie se equivocaba. Poco a poco se fue haciendo un nombre dentro de Nigeria, justo a tiempo para coincidir con una oleada de ojeadores estadounidenses en busca de nuevos talentos nacidos en el continente africano. 

Mediante una serie de correveidiles, el nombre de Hakeem llegó a oídos de Guy Lewis, quien fuera el entrenador de la Universidad de Houston. Entre todos los ojeadores presentes en Lagos, se encontraba un amigo del técnico, que al ver cómo jugaba Olajuwon, decidió rápidamente llamar a Lewis, para convencerlo de no dejar escapar al jugador. Al principio, el cabeza de los Cougars rechazó la oferta, pero la negativa no se prolongó durante demasiado tiempo.  

El nigeriano pronto recibiría la llamada de la Universidad para visitar el campus y realizar una prueba. Pero no todo fue, en un primer momento, como esperaba. A la salida del avión, Hakeem se encontró con la asombrosa cantidad de ningún miembro del equipo técnico de Houston, y el joven acabó sumamente desorientado. Le fue ordenado llamar a un taxi, pero él no conocía la cultura estadounidense, y aquello supuso un gran choque para él.  

Durante el entrenamiento llegó la segunda decepción para Olajuwon. Le pidieron hacer un mate, pero sólo pudo hacerlo subido a una silla. Pero pese a lo ocurrido en la cancha, Lewis vio en Hakeem algo distinto, una agilidad impropia de alguien con su estatura, y un increíble juego de pies que hacían parecer al jugador un patinador deslizándose por el parqué, sin rozamiento alguno. Esto parecía deberse a su pasado futbolístico.  

Esos fueron los motivos que hicieron a los de Houston quedarse con el africano, pero durante los dos primeros años de juego en América, su inclusión en el equipo fue tenue, por no decir inexistente.  

Tras ese segundo año, el cuerpo técnico diseñó un plan a la medida de Olajuwon, poniéndolo en las manos de Moses Malone, quien era por aquel entonces jugador de los Houston Rockets. El pívot mejoró sus habilidades y se convirtió en alguien imparable, llevando al equipo a la Final Four, pero cayeron contra North Carolina State en la final. Su carrera como amateur terminaba con aires de derrota, nada demasiado recomendable.  

Hakeem, en deuda con la ciudad de Houston, sentía que serían los Rockets quienes lo eligieran, en la noche del Draft del 84, con el número 1, por delante de Jordan (3), y al lado de un novato comisionado David Stern. Y así fue.  

Houston no tuvo ningún problema con su elección, es más, empezaron a sacar partido del nigeriano desde el inicio de la temporada. Solamente Michael Jordan podía, y así hizo, arrebatarle el trofeo de Rookie del año, incluso cuando el pívot promedió 20,6 puntos; 11,9 rebotes y 2,7 tapones por partido. 

Pero lo importante en él no eran las estadísticas, era su habilidad para controlar el juego con la agilidad de un escolta y sus 213 centímetros de altura. Entre sus novedosos movimientos en el mundo de los pívots, se encontraba su conocido Dream Shake, que hizo de él toda una promesa.  

Sumado a esto se le unía su compañero Ralph Sampson, con quien formaría la dupla conocida como las ‘Torres Gemelas’ de Houston, que hizo vibrar a la ciudad tejana, con la esperanza de conseguir un anillo puesta en aquellos dos gigantes.  

Y en el año de sophomore de Hakeem, a punto estuvieron de conseguirlo. Entraron en play-offs, y se cruzaron con los todopoderosos Lakers de Magic en Finales de Conferencia, que partían como favoritos en todas las apuestas, al ser los ganadores de la NBA el año anterior.  

Olajuwon estuvo imparable, ganando aquella serie por 4-1, derrotando así a un equipo referencia en el mundo del baloncesto. Nadie podía parar al nigeriano, ni siquiera cuatro jugadores defendiéndolo. Pero, de nuevo, el pívot vería la gloria irse delante de sus ojos. Las Finales de la NBA se disputaban contra los imparables Celtics de Bird, McHale y Parish, que se impusieron con un 4-2.  

Tras esta derrota, cinco años arrastró el pívot con grandes logros personales, apasionantes actuaciones y engordando sus estadísticas, pero con la ausencia de una victoria. El punto cumbre llegó en 1992, cuando discutió con la directiva de la franquicia, acusándolos de no pagarle el salario que merecía, y de no rodearlo de un equipo ganador.  

Cuando todo parecía acabado, los Rockets no traspasaron a Olajuwon, y sentaron en el banquilllo a un nuevo técnico, Rudy Tomjanovich, que engrasó la maquinaria del equipo, consiguiendo su mejor racha de victorias, 55. El anillo parecía factible, pero no lo consigueron aquella temporada.  

En el verano del 93, llegaron los últimos engranajes necesarios en la franquicia. Mario Elie y Sam Cassel se sumaban a Horry, Maxwell y Kenny Smith, para poner toda la carne en el asador de Hakeem. El nigeriano se convirtió en el primer jugador de la historia en ganar en el mismo año el MVP de la temporada, MVP de las Finales y Mejor Defensor. Ante su rival universitario, Patrick Ewing, orquestó su venganza, consiguiendopor fin, su tan ansiado anillo. Pero no era suficiente.  

La temporada siguiente volvió el antiguo compañero universitario de Olajuwon, Clyde Dexter. Juntos, lideraron a los Rockets hasta las Finales, donde se toparían con la siguiente generación de pívots, O’Neal. Hakeem acabó con el center, y se erigió MVP, dándole una lección al joven Shaq. Cuando todo parecía indicar que se iniciaría una nueva dinastía en la NBA, Jordan volvió de su retiro, y nada volvería a ser como antes. Ni siquiera con el fichaje de estrellas veteranas como Scottie Pippen o Charles Barkley podían resurgir a Olajuwon. La luz de su estrella se estaba poco a poco agotando.  

Tras seis temporadas persiguiendo lo imposible, el pívot decidió no renovar, coger las maletas e irse a Toronto, donde firmó por tres temporadas, pero gracias a su aquejada espalda, solamente pudo jugar una.  

Con él se marchó la elegancia del juego de pies en las canchas, pero ahora son muchos quienes acuden a él, desembolsando de 100.000 dólares, para aprenderlo. Dos anillos, dos veces MVP de las Finales, un MVP de la temporada regular, 12 presencias en el All Star, dos veces elegido Mejor Defensor del Año, máximo taponador histórico de la Liga, y un oro olímpico. Hakeem Olajuwon.  

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