Paul Pierce ya es eterno

El mítico dorsal 34 ya cuelga del techo del TD Garden, donde permanecerá para siempre al lado de los dorsales retirados de otras leyendas de los Boston Celtics.

Paul Pierce ya es eterno
Los Celtics retiran el número del que fue MVP del último título que conquistaron | Foto: nba.com

La ceremonia de retirada del dorsal de Paul Pierce ya es un hecho que pasará a la historia de los Celtics. Tras disputar el partido contra los Cleveland Cavaliers tuvo lugar sobre el parqué del TD Garden la gala, cargada de emotividad, en donde el exjugador de los Celtics rodeado de sus mejores amigos y familia recibió el cariño de toda la organización mientras su número se colgaba del techo del pabellón.

Desde que comezó el homenaje los mensajes de cariño hacia el alero llegaron constatemente. Wyc Grousbeck, propietario de los Celtics, Doc Rivers o Danny Ainge fueron algunas de las personalidades que mandaron su mensaje de orgullo por haber compartido momentos con Pierce. El orgullo que siempre está presente en la franquicia, el famoso Celtic Pride que tan bien personficó Paul Pierce no faltó en toda la ceremonia.

Como suele ser habitual en las historias de las grandes leyendas los inicios de Pierce no fueron sencillos. Se crió en Inglewood, un barrio de Los Angeles conocido por albergar el mítico Forum de los Lakers por lo que a Paul no le quedó otra que apoyar al equipo angelino desde que era joven. La tranquilidad no estaba a la orden del día en su vida ni en la de sus hermanos que tenían que observar violencia habitualmente cerca de su casa ya que Inglewood era uno de los barrios más violentos de la ciudad en la década de los 80 y 90.

Su madre, Lorraine, tuvo que criar ella sola a Pierce y a sus hermanos dado a que su padre desapareció cuando él todavía era un niño. Durante la ceremonia Pierce tuvo palabras especialmente cariñosas con su madre y también con sus hermanos a los que tildó como sus primeros referentes en la vida. Su figura paterna fue la de un policia local de barrio al que Pierce guarda un gran afecto por su implicación en la familia, incluso en la noche del Draft fue él quién le cortó el pelo.

Ese Draft de 1998 tuvo que tener un sabor agridulce para Paul que era seleccionado en el número 10 por el enemigo histórico de su equipo de la infancia: los Boston Celtics. Además el equipo de Massachusetts no pasaba por su mejor momento y desde la retirada de Larry Bird ni siquiera eran habituales de playoffs, tan solo un proyecto por reconstruir.

No obstante, y a pesar de que sus antecedentes no eran los mejores, la relación con su nueva franquicia fue afianzandose a lo largo de los años y volviéndose prácticamente inmejorable. La guinda a esta se la puso en las Finales del año 2010 cuando se encaró con la afición angelina y a tono vacilón les soltó un "We ain't comin' back to LA", dejando claro que la intención de su equipo era la de ganar la serie 4-1. 

Pero antes de llegar a sus últimos años Pierce tuvo varios hechos que lo unieron con los Celtics y con la ciudad de Boston. Uno de esos hechos tuvo lugar la noche del 25 de septiembre del año 2000 cuando fue apuñalado hasta en once ocasiones en el Buzz Club, una discoteca ubicada en el barrio de los teatros de Boston. Quedaban días para empezar la pretemporada y Paul Pierce no solo llegó a disputar el primer partido de la temporada, sino que jugó los 82 de ese año después de todo lo sucedido.

Esa misma temporada en el clásico contra los Lakers celebrado en el mes de marzo, Pierce anotó 42 puntos contra el equipo que lideraba un tal Shaquille O'Neal que al finalizar al encuentro en zona mixta se dirigió a Steve Bulpett, periodista del Boston Herald y declaró: "Anota lo siguiente. Mi nombre es Shaquille O’Neal y Paul Pierce es la jodida verdad. Cítame tal cual y no dejes nada fuera. Sabía que podía jugar, pero no sabía que fuera capaz de hacerlo así. Paul Pierce es The Truth"

La carrera de The Truth tocaría techo años más tarde, concretamente en las Finales del año 2008 contra los Lakers de Kobe Bryant. En pleno Game 1 la estrella de los Celtics se marchaba a vestuarios lesionado en silla de ruedas y entre gritos de dolor. Lo que pudo ser un final trágico a una maravillosa temporada lo cambio el propio Pierce al volver de los bastidores y cambiar de signo un partido que terminaría siendo decisivo para que los orgullosos verdes se llevasen su título más reciente.

No fue el único gesto que honraría a Paul Pierce y su fidelidad por el equipo. Como el propio Danny Ainge reconoció durante su discurso: "Paul Pierce renunció a dinero en el año 2010 para que los Celtics pudiesen tener una plantilla más competitiva". Doc Rivers, su entrenador en la mejor época de su carrera, también reconoció la importancia de Pierce en sus éxitos: "Paul era la estrella cuando llegué, y decidí desafiarlo. Es cabezón, y se dio cuenta de que yo soy igual. Paul vino y me dijo que íbamos a hacer esto juntos. Te lo agradezco".

La leyenda de los Celtics se fue hace ya tiempo y tras pasar por otros equipos para que la franquicia pudiese reconstruir y disfrutar de la gran plantilla que tienen a día de hoy. No obstante su último gran gesto fue firmar un contrato de un día para poder retirarse como un verdadero celtic

A partir de hoy su número, ese 34 que tantas alegrías ha dado al TD Garden, no podrá volver a ser utilizado por ningún jugador del equipo, él será la última persona que lo haya vestido. Rodeado de sus amigos más queridos y recibiendo mensajes de todo el universo NBA, Paul Pierce forma ya parte del olimpo de los dioses de la franquicia más exitosa de la historia.

Como él mismo dijo un día: "Hay una línea que separa tener confianza y ser presuntuoso. No cruzaré esa línea, pero tengo mucha confianza en mí mismo." y Paul Pierce ha cumplido su palabra moviéndose a la perfección por esa delgada línea. Amado por todos los que lo vieron jugar, solo queda decir: "Thank You The Truth".