Clásicas de primavera, un reencuentro con la pureza del ciclismo
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Clásicas de primavera, un reencuentro con la pureza del ciclismo

Este sábado, con la disputa de la Omloop Het Nieuwsblad, se abre una de las épocas esperadas por los aficionados más acérrimos al deporte de la bicicleta: la primavera de clásicas. Unas semanas en las que la tradición y el espectáculo se dan la mano en el país del ciclismo, Bélgica, gracias a un puñado de locos que botan con sus máquinas sobre una alfombra de adoquines con la intención de entrar en la leyenda. Pónganse cómodos y disfruten, porque la campaña del Norte está a punto de comenzar.

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Javier Ruiz

Para muchos de los aficionados puristas, la esencia del ciclismo está representada por un simple trozo de adoquín, de los que podemos encontrar en una calle de cualquier centro histórico de nuestras ciudades o pueblos. Algo tan simple como eso puede guardar y, de hecho, guarda, millones de vivencias y simbolismos, que en la mayoría de los casos trascienden el significado y la finalidad del propio deporte. Un simple trozo de piedra que, por poner un ejemplo, es el trofeo del ganador en la París-Roubaix, el Infierno del Norte, la carrera más dura y espectacular del planeta ciclista. Un simple trozo de adoquín que, entre otros muchos, cuidan con mimo los habitantes de una pequeña región autónoma de Bélgica, para que sus inagotables hornadas de corredores pisen victoriosos en la prueba táctica más difícil de conseguir, el Tour de Flandes.

Por todo esto y más, la primavera simboliza en el ciclismo el florecimiento de las carreras más antiguas y puras, donde la tradición se da la mano con la modernidad, en un deporte que busca en cada metro aportar una nueva dosis de espectáculo. Unas sensaciones que se palpan semanas antes en gran parte de Centroeuropa, la zona con más seguidores habituales de estas carreras de un día, no así en España, que cuenta con una tradición ciclista más enfocada en las grandes vueltas por etapas (Giro, Tour y Vuelta).

El epicentro de esta temporada se halla en Bélgica, un país donde el ciclismo forma parte del patrimonio inmaterial de la nación, aunque no podemos dejar de lado la aportación gala con la París-Roubaix, la legendaria carrera que sirve de colofón a seis semanas de auténtica competición y lucha. Pero si hay que reducir aún más ese punto de encuentro, tenemos que dirigir la mirada hacia una pequeña región histórica pegada al mar del Norte: Flandes. El territorio del león ha visto nacer al 90% de las carreras que conforman este calendario y es la tierra prometida para cualquier clasicómano del pelotón, en especial para los corredores autóctonos. La inyección de prestigio, orgullo y moral que recibe un flamenco tras ganar una clásica en su tierra es incomparable a cualquier triunfo que se produzca en cualquier parte del mundo. Francia es la cuna del ciclismo, pero Flandes es su lugar sagrado, su particular ‘Tierra Santa’.

Los amantes de las carreras explosivas y tácticas han comenzado a elaborar sus propias cábalas y apuestas. En Bélgica, y en el resto del planeta ciclismo, ya anhelan el primer banderazo de salida, el de mañana en la Omloop Het Nieuwsblad, que inaugura, como todos los años, la primavera del pavé. Estos serán los escenarios y sus protagonistas.

Once citas plagadas de sufrimiento, alegrías, tristezas y emoción

A lo largo de las próximas seis semanas se celebrarán un buen ramillete de clásicas y semiclásicas. Dejando a un lado por el momento otras de diferente fisonomía, como son Strade Bianche, Milán-San Remo y el Tríptico de las Ardenas (Amstel, Flecha y Lieja), las pruebas estrella del calendario primaveral son las siguientes:

Omloop Het Nieuwsblad (25 de febrero). La bella e histórica ciudad de Gante acogerá la salida y llegada de la primera semiclásica belga. La anteriormente denominada Omloop Het Volk, que cambió de denominación en 2009 por la desaparición de su principal patrocinador y organizador, el diario flamenco Het Volk, inaugura el calendario belga de clásicas. Esta 67ª edición presenta un recorrido de 200 km., en los que se pasará por nueve tramos de pavé y diez muros. De ellos, destacan los habituales Kruisberg, Leberg y Molenberg, que serán los puntos claves sobre los que se construirá la victoria final. Otro de los factores determinantes será la climatología, ya que en la mayoría de las ediciones se han visto escenas dantescas bajo la lluvia, el barro e incluso la nieve. La pasada edición de Het Nieuwsblad casi viaja hacia España, ya que Juan Antonio Flecha, el ‘Flandrien hispano’, acabó segundo tras el holandés Sebastian Langeveld, en un sprint agónico entre los dos corredores, bajo una intensa lluvia.

E3 Prijs Vlaanderen – Harelbeke (23 de marzo). La E3 cambia de status y asciende a la máxima categoría de carreras profesionales, el UCI World Tour, en este 2012. También cambia de día, de domingo a viernes. Además, para estrenar su nueva idiosincrasia, acoge en su seno al desterrado Muro de la Capilla (Kapelmuur), el símbolo del Tour de Flandes, que volverá a abarrotarse con aficionados belgas y de todo el mundo, en uno de los momentos ciclistas de la temporada.

Gante-Wevelgem (25 de marzo). Junto con E3 conforma la antesala del Tour de Flandes. Gran parte de los aspirantes a hacerse con el Monumento flamenco se ven las caras en este aperitivo tan suculento. Sólo falta saber con detalle el recorrido de la 74ª edición. El año pasado, tras una bonita batalla planteada en los muros finales, la victoria se dilucidó en un sprint numeroso, que finalmente se decantó a favor de Tom Boonen.

Tour de Flandes (1 de abril). Llegamos al punto culminante del calendario belga. A las 10 de la mañana del primer domingo de abril, en la idílica plaza mayor de Brujas, fiel a su cita y a la tradición, se pone en marcha el acontecimiento deportivo más esperado del año para Bélgica (y para gran parte de los aficionados): De Ronde Van Vlaanderen. El segundo Monumento del año, tras la Milán-San Remo, trasciende la propia carrera paralizando al pequeño país, con la intención de saber quién es el nuevo conquistador de una clásica complicadísima de ganar, donde la combinación de astucia, fuerza y técnica es esencial para llegar el primero a la línea de meta, situada en Oudenaarde. La eliminación del emblema de la carrera, el Kapelmuur, una decisión que ha provocado hasta manifestaciones en algunas localidades por las que pasa la prueba, ha hecho reorganizar el trazado, elaborando un circuito final con la combinación de los muros Paterberg-Oude Kwaremont; un trazado de 255 km. más duro y explosivo que en anteriores ediciones, en el que un solo hombre se desenvuelve como pez en el agua: Philippe Gilbert. Pero los Cancellara, Ballan, Pozzato, Nuyens (el vencedor en 2011) y Flecha no se lo pondrán nada fácil. Se prevé, como ya es habitual en De Ronde, ciclismo en estado puro.

Scheldeprijs (4 de abril). La parte norte de Flandes, más llana, toma el relevo a la parte más occidental, más quebrada, con el Scheldeprijs Vlaanderen, la carrera más antigua de cuantas se disputan en Flandes. Con salida y llegada en la ciudad de los diamantes, Amberes, esta semiclásica presenta un trazado de 205 km. prácticamente llanos con algunos tramos de adoquín, ideales para la preparación con vistas a Roubaix, que se celebra en apenas cuatro días. Pero en los últimos años los sprinters puros han dominado el palmarés, con Mark Canvendish como último vencedor. La prueba celebra su centenario en este 2012, por lo que será un hándicap más para que exista batalla y emoción hasta los metros finales.

París-Roubaix (8 de abril). El Infierno del Norte de 2012 esconde historias sin resolver, venganzas ocultas, segundas oportunidades y desafíos velados. Un ambiente que no es novedad ni es ajeno a una carrera con 110 años de existencia, santo y seña del ciclismo profesional. Los grandes campeones de la historia han dejado su huella en los adoquines del Carrefour de l’Arbre o del Mons-en-Pévèle, los tramos de pavé más complicados y decisivos del tercer Monumento de la temporada. Por otro lado, Las últimas informaciones publicadas apuntan a la posible no inclusión de la Trouée d’Arenberg, símbolo de la París-Roubaix (junto con la llegada final al velódromo), aunque de momento viene incluido en el recorrido oficial para 2012. El paso estrecho de adoquín, rodeado de bosque y en el cual siempre se ‘rompe’ la carrera, necesita arreglar su deteriorado firme, por lo que ASO, la organizadora del evento, está analizando con detenimiento cada pedazo de adoquín de este pavé histórico. La decisión será determinante para que los corredores estudien una u otra táctica. Cancellara, Boonen, Hushovd y Ballan tienen cuentas pendientes en el norte de Francia, pero la presencia de outsiders de categoría como Boom, Van Summeren (el vencedor en 2011) o Boasson Hagen, sin olvidarnos de Flecha, pueden trastocar las objetivos de aquellos. El espectáculo está servido de antemano.

Dentro del calendario en cuestión, en un segundo grupo de interés, se encuentran otro grupo de clásicas menos conocidas para el aficionado medio pero que encierran grandes dosis de competición y una buena participación. Entre ellas están la Kuurne-Brussel-Kuurne (26 de febrero), Le Samyn (29 de febrero), Nokere-Koerse (14 de marzo), Dwars door Vlaanderen (A través de Flandes, el 21 de marzo) y la Flecha Brabanzona (11 de abril), esta última sirviendo como epílogo de las clásicas flamencas.

Favoritos, outsiders e invitados sorpresa

La campaña del Norte 2012 presenta un amplio abanico de candidatos, mucho más abierto que el de anteriores ediciones. Los dominadores de las últimas temporadas aún siguen en lo más alto y una nueva generación de clasicómanos, más variada e internacionalizada que en ediciones precedentes, va a chocar de frente con los dominios de esa oligarquía. Estos serán, a grandes rasgos, los corredores a tener en cuenta:

Fabian Cancellara (RadioShack-Nissan). La ‘Locomotora de Berna’ será, por enésimo año consecutivo, el hombre más vigilado en el adoquín. Fabian quiere enterrar y olvidar para siempre su decepcionante temporada 2011, sin ninguna victoria en los Monumentos; aun así, se sacó de la chistera una nueva exhibición en E3, la única clásica flamenca que ganó. El resto fue un tercer puesto en Flandes y el segundo en Roubaix, algo que no satisface las expectativas de esta máquina de triturar rivales. Su único talón de Aquiles puede encontrarse en su equipo, el RadioShack-Nissan. Poderoso sobre el papel, pero dudoso en cuanto a su efectividad real, la estructura que ampara al suizo no parece, al menos por lo visto en este primer mes de competición, estar a la altura de escuadras sólidas como Omega Pharma y Sky. Gregarios aparte, Fabian es Fabian; su dos París-Roubaix, su Tour de Flandes y sus dos E3, amén de sus numerosos podios, no tienen discusión. Sigue siendo el hombre más temido.

Philippe Gilbert (BMC). Entre Fabian y él anda el juego. El ciclista número uno del momento según el CQ Ránking, intentará realizar un calendario amplio de clásicas, al igual que el suizo, por lo que se verán mucho las caras en los meses venideros, tanto en Bélgica como en las pruebas italianas. En las apuestas del Tour de Flandes aparece como el principal favorito, debido a los cambios de trazado y a la inyección de dureza y explosividad, algo que casa perfectamente con las características del de Verviers. Además, la motivación extra que se le supone a un valón, vestido con el maillot de campeón belga, para conquistar De Ronde es un plus. Sus principales escollos serán, primero, la ampliación del espectro de favoritos y segundo, el correr en un equipo nuevo, el BMC, rodeado de gallos algo testarudos y con intereses parejos, como Hushovd, Ballan y Van Avermaet. No se le espera en Roubaix, ya que prefiere prepararse para las Ardenas, donde el año pasado consiguió llevarse el triplete (Amstel, Flecha y Lieja).

Tom Boonen (Omega Pharma – Quick-Step). El clasicómano belga más laureado de los que siguen en activo regresa esta temporada con fuerzas renovadas y con ánimos de revancha, tras sus infortunios y caídas de la campaña pasada. Para ello contará con el amparo de un equipo que está dominando en estas primeras semanas de competición, el renovado Omega Pharma - Quick-Step. Tommeke todavía tiene, si se lo propone, algún Monumento más en las piernas (de los cinco que posee en su palmarés), no digamos del resto de clásicas. En esto ha basado la preparación de esta temporada, perdido su gran fuelle originario en los sprints puros en favor de valores como Cavendish, Farrar o Greipel. Este año ya lleva tres victorias, más la general del Tour de Catar, por lo que su preparación marcha viento en popa.

Thor Hushovd (BMC). El noruego de BMC es la principal baza del equipo americano para la París-Roubaix. Así lo ha dictaminado su director, John Lelange, en unas declaraciones recientes recogidas en Cyclingnews, en las que también apuesta por el escandinavo para la victoria en el Tour de Flandes y en la Milán-San Remo. Unas afirmaciones en las que el mánager ha jugado con fuego, en una estructura plagada de capos como Gilbert, Ballan o Van Avermaet, que también necesitan galones para brillar en primavera. La polémica por el liderazgo está candente, lo que sí es cierto es que si hay una prueba en la que pueda brillar Hushovd, esa es Roubaix. Los muros de Flandes son demasiado para un rodador puro y más estando presentes Gilbert o Ballan. Además, la prueba francesa se ha convertido en una obsesión para Thor, tras tentarla muy de cerca en las anteriores ediciones (3º en 2009, 2º en 2010 y 8º en 2011).

Juan Antonio Flecha (Sky). Es nuestra única baza con garantías para el pavé. La prolongada trayectoria del catalán en las piedras flamencas y francesas está jalonada de enormes resultados, pero falta esa victoria de prestigio que justifique su enorme carrera deportiva, la carrera de un ciclista único en un país plagado de escaladores y hombres-vuelta. 2012 será una de sus últimas oportunidades de ganar en su prueba más anhelada: el Tour de Flandes. Ganar en De Ronde sería el broche soñado para Flecha y para el ciclismo español, que aún no ha inscrito su nombre en el legendario Monumento, ni tampoco en Roubaix.

Aparte de los candidatos más contrastados, la presencia de un amplio espectro de jóvenes valores será sinónimo de más favoritos, más descontrol y, por consiguiente, más emoción. De entre esos cachorros, algunos ya mayorcitos, encontramos a Lars Boom, Greg Van Avermaet, Peter Sagan, John Degenkolb y Edvald Boasson Hagen. En una segunda fila siempre amenazante, estarán outsiders tan peligrosos como Filippo Pozzato, que quiere recuperarse cuanto antes de su fractura de clavícula, Alessandro Ballan (ganador del Tour de Flandes en 2007 y podio en Roubaix), Sylvain Chavanel y los sorprendentes pero merecidos ganadores de De Ronde y París-Roubaix el año pasado, los belgas Nick Nuyens y Johan Van Summeren, respectivamente.

Por último, no nos podemos olvidar de actores secundarios que pueden aprovechar su oportunidad desde la sombra, como Matti Breschel, que parece haberse recuperado ya de su grave lesión de rodilla, Jurgen Roelandts, Heinrich Haussler, Björn Leukemans, Sebastian Langeveld y, para terminar, Óscar Freire. El tricampeón del Mundo, que se despedirá este año del ciclismo profesional, puede colarse en algún corte bueno y no desaprovechará la oportunidad si se le llega a presentar. Hay que recordar que el cántabro ha sido ganador de Gante-Wevelgem (2007) y Flecha Brabanzona (2005 y 2007), lo que demuestra que nunca se ha desenvuelto mal en este tipo de carreras.

Comunión entre deporte y aficionado

Las clásicas flamencas suponen todo un espectáculo deportivo, social y mediático en el mundo del ciclismo. Algunos corredores llevan preparando estas citas desde el comienzo del invierno, entrenando día y noche, llueva o nieve, ya que un solo fallo táctico o una imprecisión mecánica pueden echar por tierra el trabajo de meses.

Es por ello que miles de aficionados, no sólo belgas, sino de todas las partes del mundo, se dan cita en marzo y abril en las Ardenas flamencas, una tierra verde que es el mejor escenario posible para una fiesta del deporte y del pueblo. Un pueblo, el flamenco, que engalana cada primer domingo de abril, con motivo del Tour de Flandes, sus calles y plazas con la bandera del león para recibir como se merece a estos guerreros de las dos ruedas, en un acontecimiento festivo sin precedentes, cargado de tradición, colorido y hasta reivindicaciones políticas. Una amalgama de sensaciones que acompañan a la verdadera pureza del ciclismo: las clásicas.

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