El drama de Sint - Michielsgestel
Foto: Develosoof.nl

En casi toda la historia del ciclismo, Bélgica ha dominado sin discusión cuando se trata de destacar en pruebas de un día. Grandes nombres han salido de las regiones de Flandes y Valonia para comerse el mundo a base de victorias y espectáculo a partes iguales. La ínfima posibilidad de convertirse en el nuevo Eddy Merckx, Roger de Vlaeminck o, más recientemente, en Philippe Gilbert, lleva a muchos jóvenes belgas a empezar desde muy temprana edad en el mundo de los pedales, sin saber si podrán continuar en un futuro o si lo tendrán que dejar como un hobby para los fines de semana con los amigos. Y lo que ha ocurrido en la historia del ciclismo en ruta, o estival, ha ocurrido también en el invernal, en el popularmente llamado como "ciclocross".

Y si los belgas, en la modalidad estival, han tenido la dura competencia de los ciclistas italianos o los holandeses en las "clásicas de un día" durante cada primavera, cuando llega el invierno en los prados y ciudades del norte de Europa, los belgas mantienen su nivel de dominio, los holandeses lo aumentan y los italianos prácticamente desaparecen de la lucha entre las dos naciones vecinas. Holanda y Bélgica, Bélgica y Holanda. Ambas necesitan a la otra para mantener su alto rendimiento y su oligopolio entre la élite mundial del barro que, si lo analizamos a día de hoy, no parece tener fin. Cuantos más años pasan, más difícil parece ser ver a algún no belga o a algún no holandés entre los mejores del planeta. Tan sólo la aparición de Zdenek Stybar ha servido para variar efímeramente una tendencia que, tras el paso del checo a la ruta, sigue donde se dejó.

Si se echa la vista atrás en el tiempo, verá que cuanto más se alejaba uno de los dos países anteriormente nombrados, más dificultad había de encontrar aficionados a este deporte invernal. Resulta incluso sorprendente la afición del País Vasco, favorecidos por el abrupto paisaje, el irregular clima y los abundantes prados verdes de su territorio, idóneos para la práctica de este deporte, para crear una de las aficiones más fieles a este deporte. Lo que es Bélgica para el mundo, lo es el País Vasco para España. Pero la zona vasca resulta muy lejana respecto al país y localidad donde sucedió toda esta historia. Fue en el país del tulipán, y si se entra en detalles, en la provincia de Brabante Septentrional y en las afueras del municipio de Sint - Michielsgestel. Con motivo de los Campeonatos del Mundo de ciclocross del año 2000, la ciudad holandesa recibía a los mejores especialistas del mundo en la que sería la quincuagésima edición.

En busca de un triunfo soñado

Holanda y Bélgica son sinónimos de cultura ciclista durante toda la historia del ciclocross, pero cuando se habla de los Mundiales del final de cada temporada, los belgas se imponen con suma facilidad cada año a los habitantes del país del tulipán. Antes del año 2000 y del nuevo siglo, la única victoria cercana fue la de Adrie Van der Poel en la edición de 1996, cuatro años atrás. Para encontrar al anterior representante holandés vistiendo la prenda arcoíris en el pódium, uno se tiene que remontar hasta el año 1990, y claro, el ansia por vovler a copar lo más alto del pódium ya era muy evidente. Empezado ya el nuevo año, los holandeses buscaban una nueva oportunidad en casa, en el mundial de su país, y estaban dispuestos a hacer cualquier cosa por derrotar a los belgas en su casa.

Durante dos días (29 y 30 de enero), Sint - Michielsgestel iba a ser el centro de las miradas de todo aquel (en mayor o menor grado) aficionado al ciclocross, y su Mundial quería estar a la altura de la participación allí presente que, como cada año, reunía en una misma zona a lo mejor de la disciplina. Para ello, un circuito que presentaba diversas dificultades en forma de obstáculos artificiales que, sumado a los anteriores días de lluvia, presentaba un aspecto digno de prueba reina mundialista y que creaba expectación desde el sábado, el primero de los dos días de pruebas. El fin de fiestas de aquellos Mundiales y la carrera más esperada por todos sería la de la categoría élite, pero las tres anteriores tampoco fueron del desagrado de los allí presentes.

Barn Aernouts en júniors, Bart Wellens en sub - 23 y Hanka Kupfernagel en féminas, fueron los ganadores en las pruebas precedentes a la categoría élite.

A los belgas se les comenzó dando bien el circuito holandés. Bart Wellens, en categoría sub - 23, abrió la lata para los belgas cumpliendo los pronósticos de la potente selección liderada por su mánager Eric De Vlaeminck (hermano del conocido Roger de Vlaeminck y uno de los mejores crossers de Bélgica y de la historia). Posteriormente, el primer Mundial femenino de la historia terminó con la victoria de la alemana Hanka Kupfernagel, la primera gran dominadora de la disciplina hasta la irrupción de Marianne Vos, que a partir de 2006 impuso su ley en cada una de las categorías del ciclismo. Tras una prueba, la élite femenina, que históricamente nunca se les ha dado bien a los del país belga, Barn Aernouts devolvió la alegría a los fans y a De Vlaeminck el domingo, cuando, en solitario, logró una más que importante victoria en la prueba júnior.

Calma tensa y bloques compactos antes del inicio

Quedaba la prueba reina, la que más espectáculo da y la que más espectadores suele recibir a ambos lados del trazado. Poco importaban los resultados anteriores, la prueba élite masculina iba a decidir el gran triunfador de aquel Mundial, aunque Bélgica ya llevase cinco metales hasta ese momento (dos oros, una plata y un bronce) y fuese la gran dominadora de aquel fin de semana.

Los holandeses venían con la vítola de ser los únicos que podían impedir la exhibición belga, y para ello tenían como líder de filas a un Richard Groenendaal que ya venía de ganar la pasada semana en una prueba suiza y llegaba al Mundial de su casa en forma como nunca. Junto a él, como "gregarios", estaban Adrie Van der Poel y Wim de Vos, dos peligrosos outsiders que podían hacer mucho daño si la carrera se planteaba lenta, y más aún si corrían en casa, motivados por su público y empujados por las gargantas y alientos de sus compatriotas. Se esperaba una gran actuación de los holandeses, especialmente animados por correr ante sus paisanos, e incluso muchos pensaban ya en color oro.

Pero si hay una selección que sabe de oros (y de ganarlos Mundial si, Mundial también), esa es Bélgica, con su pasión, con sus corredores y con su incondicional e impagable afición, siempre presente en cualquier carrera de caché. Con el liderato de no uno, sino dos corredores perfectamente capacitados de conseguir el oro, el objetivo era única y exclusivamente hacer el doblete oro - plata. El primero de ellos era Mario De Clercq. La temporada del belga había sido brillante, con grandes triunfos durante toda la temporada para incluirle como uno de los hombres del año. Sin embargo, el ambicioso corredor belga deseaba conseguir el mundial para redondear su año a lo grande, y demostrar que no estaba dando sus últimas pedaladas entre los mejores. Ganador de los dos mundiales anteriores, el de 1998 y 1999, quería ese tercer arcoíris consecutivo, y lo quería a cualquier precio, aunque tuviese que hacer trabajar a su selección cual sprinter antes de una llegada masiva.

Al mismo nivel que De Clercq estaba Sven Nys, quien a sus 23 años ya estaba entre la élite mundial y ya había demostrado que estaba listo para ganar un Mundial en la categoría de los "mayores". Representaba la juventud, la esperanza, la nueva oleada de ciclistas que luchaban por hacerse un hueco entre los más grandes. Era la segunda bala del potente equipo belga, casi más fiable incluso que su propio compatriota en resultados, pero donde compartía selección con alguien que quería sí o sí aquella victoria y que podía perjudicar a sus opciones de victoria. De Clercq iba a vigilarle, a ir detrás suyo toda la prueba, a seguir todos sus pasos. No se fiaba de Nys, porque en el momento menos esperado podría abrir hueco e irse a por la victoria dejando a los demás muy lejos, tal y como había hecho varias veces esa temporada. Después de un 19º lugar en el Mundial de 1999, Sven Nys llegaba a Holanda con opciones muy serias de coronarse en la élite pese a su precocidad, algo que podría pasarle factura, con su inexperiencia en ese tipo de situaciones.

Richard Groenendaal es el elegido

Pocos minutos antes del inicio, el público dividido entre la afición local holandesa y los siempre presenten amantes del barro del país belga hacían presagiar el duelo que se iba a producir durante la hora siguiente. Una Bélgica un peldaño por encima de Holanda en cuanto a representación, pero una Holanda muy capaz de batir a una Bélgica con un claro problema de liderazgo, que el seleccionador no se había encargado de solucionar antes del inicio de la prueba reina. Y es que la dupla Nys - De Clercq podría acarrear una oportunidad única para los holandeses, fruto de la vigilancia mutua entre ambos. El objetivo estaba claro para ellos: ganar el oro, fuese quien fuese o en la situación que fuese.

Bélgica estaba por encima de Holanda en calidad de ciclistas, pero tenía a su vez un grave problema de liderazgo de sus dos estrellas.Se dio el pistoletazo de salida a la carrera y empezó la lucha. Ajenos a los ánimos de los fieles aficionados, los corredores encararon la recta inicial conscientes de que la posición sería fundamental en aquel circuito, que las lluvias de los días anteriores se habían encargado de ralentizar. Wim De Vos, en un acto de control de carrera para evitar emboscadas belgas y de exhibición propia, se encargó de liderar gran parte de la primera vuelta, con un ritmo exigente que pocos pudieron aguantar. Cuando poco más de media vuelta se había cumplido, solo Bélgica y Holanda estaban representadas en aquel pequeño pelotón, que De Vos seleccionó para gusto de su líder, Richard Groenendaal. La armada belga no tardó en reaccionar ante el intento del holandés, conocedora del peligro de dejarle unos metros. Su intento quedó en nada, porque los belgas aún no habían puesto a trabajar a sus dos mejores hombres y la selección de Holanda vería como iba a perder a un importante hombre cuando la carrera se puso seria. Pero los del país del tulipán siguieron buscando las cosquillas, y esta ve con un serio ataque de su líder de filas, el propio Groenendaal.

El holandés, que venía de ganar la semana anterior en Suiza, saltó del grupo una vez cazado De Vos con una pasmosa facilidad, que ningún belga pudo contestar. No fue un ataque, sino un hueco provocado. ¿Porqué cambió Nys su bici justo cuando su máximo rival estaba atacando? Su acto, muy extraño tanto para aficionados como para los comentaristas belgas que retransmitían en directo la prueba, provocó que el holandés se fuera en solitario en busca de una victoria épica. Demasiado pronto para irse en busca del oro, pensaron los belgas, que siguieron a su ritmo sin cebarse, pero causando estragos en todos aquellos que pretendían seguirles la rueda. De cinco hombres persiguiendo cuando se produjo el ataque de Groenendaal, solo aguantaron dos cuando De Clercq empezó a acelerar de verdad el ritmo del grupo. Eran Adrie Van der Poel y Sven Nys quienes se habían mantenido en las posiciones traseras del grupo y seguían en él sin aparentes sobreesfuerzos, reservándose para la parte final o aprovechándose del trabajo de su compañero y rival, según se viese para fans de uno o de otro.

Jan Raas, el protagonista inesperado

Reduciendo el ritmo de paso a cada vuelta que se daba, sin encontrar ayuda de sus dos compañeros de persecución se encontraba Mario De Clercq. Quería ganar el Mundial y había sido él el que asumió toda responsabilidad de la caza durante el transcurso de aquella prueba. A pesar de ir reduciendo la difrencia entre el holandés, el solitario cabeza de carrera y el grupo de tres ciclistas, ya se encontraban a casi un minuto de distancia, algo que ya hacía soñar a Groenendaal y a los fans holandeses en la victoria final y en el jersey arcoíris en el pódium.

"¿Porqué no ayuda Nys a De Clercq?", pensaron aquellos que veían la prueba, ya fuese porque estaban en el circuito o porque estaban viendo la prueba por televisión. Van der Poel no iba a ponerse a ayudar a sus dos rivales porque sabía que los dos eran superiores a él y porque no quería acercarles a su compatriota, que estaba en solitario desde el primer giro. Pero, ¿y Nys? ¿Porqué Nys no ayudaba a su compañero? Toda ayuda significaba el acercamiento al hasta entonces líder de la prueba, con muchos cartuchos de energía ya gastados, y la posibilidad de dejar descolgado a Van der Poel, dejando un panorama bastante favorable al doblete oro - plata de los dos compañeros de selección. La respuesta a esas dos preguntas son sencillas: porque Sven Nys ya tenía a otro compañero de equipo en carrera, y ese era el propio Richard Groenendaal.

Que un equipo holandés ganase en un equipo holandés en un Mundial que se celebrase en Holanda humillando a Bélgica habría sido algo que muchos hubiesen firmado.Y, como si esto fuese una obra de teatro, aquí es donde entra a escena Jan Raas, la persona que interpetró el papel de director del equipo Rabobank en aquella época y máximo responsable de lo ocurrido en aquella prueba, de su transcurso y de su resultado final. Con ambos ciclistas en las filas del conjunto Rabobank (Groenendaal y Nys) durante ya varias temporadas, el mánager ordenó al segundo "dejar ganar" al primero, fuese de la forma que fuese. Con un Nys controlado en todo momento, Groenendaal sólo tuvo que aprovechar un momento de debilidad de De Clercq para marcharse a por el triunfo. Que un equipo holandés ganase en un equipo holandés en un Mundial que se celebrase en Holanda humillando a Bélgica habría sido algo que muchos hubiesen firmado. Y ante las pocas opciones que había de hacerlo, Raas ideó un plan para bloquear a Nys y dejar a De Clercq sin opciones de victoria.

Y con las órdenes dadas a sus dos ciclistas antes del inicio de la prueba, se encontró con la situación perfecta en carrera: un Groenendaal enchufado, un Nys sin intención de ayudar y un De Clercq enfadado y sin fuerzas después de haber dado la cara durante la mayor parte de la prueba, que veía como la diferencia con la cabeza de carrera era cada vez mayor y sus opciones de conseguir el campeonato mundial por tercera vez consecutiva se empequeñecían a cada pedalada que daba. Los belgas, a pesar de su superioridad numérica y en calidad antes del inicio de aquel Mundial, estaban viendo como estaban siendo humillados en el país vecino. El mejor ciclista del año, uno de los más queridos por su gente, y uno de los que mejor habían preparado el mundial, estaba viendo que por su culpa su país iba a obtener de aquel Mundial, la prueba más vista del año, una dolorosa derrota, de aquellas que no se olvidan fácilmente.

Las lágrimas de un país

Sonó la campana de la última vuelta y media Holanda ya celebrada el gran Mundial que les había regalado su compatriota. Un giro separaba a Groenendaal de la victoria, del título Mundial y de inscribir su nombre en la historia del ciclocross. Un giro separaba a Holanda de ver a uno de los suyos imponerse con tanta claridad ante los belgas, los enemigos históricos, en la cita anual por excelencia de la temporada. Y un giro separaba a los dos ciclistas belgas del final de la misma, en lo que fue una prueba maldita para ellos de principio a fin.

Jan Raas ya se frotaba las manos (de alegría, sobre todo, y también de frío) y empezó a celebrar el triunfo de su pupilo, en un júbilo que rápidamente se extendió a los fans holandeses. Groenendaal levantó el pie después de más de 50 minutos de esfuerzo continuo y disfrutó de la última vuelta a un ritmo plácido como si fuese una de calentamiento. Afrontó la recta de meta sin prisa, y levantó los brazos consiguiendo la primera posición de la prueba. Los bajó enseguida, ya sin una sonrisa en su rostro, porque sabía que había pasado a sus espaldas y que no tenía un claro motivo de celebración.

Tras él llegaron, totalmente derrotados, los belgas Mario De Clercq y Sven Nys, que ni se molestó en sprintar a su compañero para asegurarse la segunda posición. Ya no le importaba. Cabizbajo, entró casi parado a la línea de meta, desenado bajarse de ella e irse de aquella ciudad en aquel mismo instante. Había recibido insultos incluso de sus paisanos, los mismos que dos semanas antes ya veían su primer Mundial con sus actuaciones en las pruebas del Superprestige. Parece que el belga tiene una maldicón con la prueba reina del año, porque desde esa primera carrera con los élites hasta el día de hoy, y a pesar de ser el mejor corredor del mundo y dominador absoluto en sus años de madurez deportiva, sólo lo ha conseguido ganar en dos ocasiones, en Alemania y en Estados Unidos (curiosamente, lejos de los dos países de mayor tradición) en 2005 y 2013 respectivamente.

Mucho tuvo que explicar Nys a los medios de su país durante los días posteriores a su reprochable actuación en Holanda. Mucho que contar y mucho que disculpar, sobre todo a sus seguidores y a su compañero De Clercq, los principales afectados de la artimaña del conjunto Rabobank aquel día. La obra de teatro, compuesta y dirigida por Jean Robic, y protagonizada por los tres ciclistas fue un éxito de público y una sorpresa para ellos. La comedia y el éxtasis holandés se combinó con la tragedia belga para dar de sí una de las carreras más míticas de este deporte, no por el resultado y el esfuerzo personal, sino por la codicia y el triunfo casi pactado que tuvo en Sint - Michielsgestel su idóneo escenario.

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