'Conquistatore di cuori'
Foto: jmfuente.es

Descuido, a la par que espectacular. Impulsivo, a la par que ganador. Español, a la par que amado en Italia. Este hombre era José Manuel Fuente, más conocido como El Tarangu, cuyo carácter era el idóneo para asaltar el Giro. La carrera italiana, la más purista de las tres grandes, ensalza las figuras de aquellos ciclistas más atrevidos, aquellos que corren más con el corazón que con la cabeza. Sin duda, ese era el Tarangu.

Nacido en Asturias, su infancia fue una constante pelea por la supervivencia. En una tierra origen de varias revoluciones, el carácter de Fuente se curtió con mucha fortaleza, algo que a la postre mostraría sobre el asfalto. La incansable lucha de su vida se trasladó a la carretera, donde nunca se dio por vencido.

Habitualmente, todos los grandes ciclistas sueñan con ganar el Tour de Francia. Por glamour, mediaticidad, prestigio... la prueba francesa es la favorita de todos. Pero no para un corredor diferente como José Manuel Fuente. El asturiano soñaba con ganar el Giro, con llevarse la maglia rosa a su Limanes natal. Y por ello se ganó el corazón de los italianos, por el hecho de ofrecer espectáculo en los Apeninos y en los Alpes, en la Toscana y en Lombardía.

Amor a primera vista

La primera prueba de su capacidad de lucha y ambición se vivió en el Giro de Italia de 1971. El asturiano encadenó la Vuelta a España con la Corsa Rosa, y llegó algo justo de forma. Sufrió, y mucho, en los primeros días, tanto que salvó el fuera de control por poco en varias ocasiones. Pero, al igual que el buen vino, con el paso de los días se iba encontrando mejor. Tal fue su mejoría que logró ganar una etapa, la décima con final en Sestola, y se llevó el maillot de la montaña. Todo un logro para un joven ciclista que debutaba en la carrera más amada por los puristas del ciclismo.

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Un año después, repitió el mismo modus operandi. El Tarangu disputó la Vuelta, en que se llevó su primer triunfo en la general, y, acto seguido, con solo cuatro días de descanso, se encaminó hacia el Giro. Llegó con un buen golpe de pedal a la prueba trasalpina, pero su directo de equipo, Dalmacio Langarica, le pisó el freno en las primeras tres etapas: la emboscada la realizarían en la cuarta jornada, en el monte Blockhaus, con solo 18 kilómetros recorridos. En este lugar, Fuente y sus compañeros ejecutaron la operación, dirigida a un hombre: Eddy Merckx, sobre el que ganaron al final del día 2:40.

Merckx, contra las cuerdas

Sin duda, esta época era la más brillante de El Caníbal, por lo que el mundo ciclista se quedó anodadado ante esta demostración de Fuente y el KAS. Era casi impensable que alguien plantase cara al belga, pero el Tarangu no entendía de rivales invencibles, por lo que luchó y luchó hasta el final. Esta capacidad de pelea se vio potenciada por dos factores: el fenomenal estado anímico del asturiano tras ganar la Vuelta, y estar en su hábitat natural, la montaña.

El Tarangu conservó la maglia rosa durante cuatro etapas. Al quinto día, Eddy Merckx la recuperó, para no desprenderse de ella nunca más. Y lo hizo a su estilo, atacando y machacando. Esta vez "solo" fueron cuatro minutos y medio la losa que interpuso entre él y Fuente, que no había dicho su última palabra. El asturiano atacó en el Stelvio y recortó unos dos minutos a todos los favoritos, que le valieron para acabar con el subcampeonato del Giro de 1972.

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Ese fue el año en el que José Manuel Fuente entró en el corazón de los italianos. Descarado y ambicioso, jamás pensó en otra cosa que no fuese ganar. No le importaba a quién tenía enfrente: Eddy Merckx era uno más para él, pese a que fuese superior al resto, él lo consideraba como otro rival en la carrera. Y por eso no le temió, le atacó y llegó a hacerle dudar. Su bagaje de aquel Giro fue de dos etapas (Blackhous y Stelvio), el segundo puesto de la general y la clasificación de la montaña.

Sin piernas pero con corazón

En 1973 regresó al Giro, pero con otro objetivo en la cabeza: el Tour de Francia. El asturiano renunció a correr la Vuelta y preparó con especial esmero la Grande Boucle, por lo que a la prueba trasalpina llegó sin demasiada preparación. Lo pagó, como es lógico, pero no renunció a sus principios pese a que su estado de forma no era el óptimo.

"Yo quería seguir atacando, como siempre, y así lo hice, pero al final me quedaba sin fuerzas. Me llovieron muchas críticas. Siempre tuve problemas en la pierna izquierda. Sufrí mucho, y la falta de preparación era el motivo de que me desfondase", estas fueron las declaraciones tras el Giro de 1973.

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Pese a todos los problemas, su mente solo pensaba en ganar, ganar y ganar. Y para ello no dejó de intentarlo, no paró de atacar. Ambicioso como pocos, con más corazón que cabeza, lo intentó. El primero le pedía demarrar, la segunda conservar. Y siempre acababa acelerando hasta quedarse sin energía. Pero lo acabó logrando. En la penúltima etapa, la reina, con final Auronzo di Cadoro, Fuente alzó los brazos y se llevó, por tercer año consecutivo, la clasificación de la montaña. Dos meses después, subiría al podio del Tour en tercera posición.

Aquella maldita pájara

Al igual que en 1972, José Manuel Fuente aterrizó en el Giro con la moral por las nubes tras alzarse con su segundo triunfo en la Vuelta a España. El golpe de pedal obtenido en las carreteras españolas era óptimo, algo que se pudo vislumbrar en el inicio de la Corsa Corsa. Solo tuvo que esperar tres etapas para enfundarse la maglia rosa. Con su victoria en Sorrento se colocó como líder de la general, posición de honor que mantendría durante diez días. En ese período, logró otros dos triunfos parciales, en Monte Carpegna y en Il Ciocco.

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Eddy Merckx veía peligrar su quinto Giro. El asturiano estaba más fuerte que nunca, y obstinado en arrebatarle la maglia rosa al belga. Aun así, El Caníbal no dijo su última palabra y en la decimotercera etapa, con meta  en Pietra Ligure, se colocó líder por primera vez en aquella edición de la ronda italiana. El desastre para El Tarangu llegaría al día siguiente.

Camino de San Remo, el asturiano perdió ocho minutos respecto a Merckx. Fuente no se alimentó como debía y en los últimos kilómetros sufrió una terrible pájara que le alejó de la maglia rosa. Pese a la distancia sideral en la clasificación general, el Tarangu no bajó los brazos tan fácilmente. En la siguiente etapa de montaña, con final en Monte Generoso, el asturiano se llevó el triunfo de etapa y recortó más de dos minutos al belga. Poco después venció en otra de las grandes etapas de este Giro, en Rifugio Auronzo.

Rendirse no es una opción

A continuación, llegaba la etapa reina. Las opciones de llevarse el gato al agua para Fuente eran escasas. Pero salió su carácter, ese espíritu de lucha y de ambición que siempre la caracterizó. Seis puertos por delante para llegar a la meta situada en el Bassano del Grappa. La jornada pedía épica, el Tarangu le daría ese placer.

Nada más darse la salida, el asturiano atacó y se marchó. Tres minutos y veinte segundos era la distancia que separaba a Fuente de la maglia rosa, a Fuente de Merckx, a Fuente de la eternidad. El Tarangu llegó a ser líder virtual con tres minutos y medio de ventaja sobre el pelotón, pero en un descenso le alcanzaron. Fuente quedó sorprendido: "bajé como un suicida, parece ser que me indicaron mal el camino, me metieron por otra carretera, pero no es algo que pueda demostrar".

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Solo quedaba la última etapa, camino de Milan, una jornada de celebración y reposo para el pelotón. Menos para un hombre: José Manuel Fuente. Aprovechando el viento de costado, atacó. Merckx se enfureció y, poniendo en marcha toda la maquinaria del Molteni, lograron neutralizar a Fuente. El día anterior, el asturiano había prometido no darse por vencido en la televisión italiana, y no defraudó a los aficionados trasalpinos. Como premio de consolación, puedo llevarse su cuarto maillot de la montaña consecutivo.

Nueve victorias de etapa, cuatro clasificaciones de la montaña y un segundo puesto en la general. Ese es, a vista de pájaro, el legado de Fuente en el Giro. Pero en realidad, es mucho mayor. Cada carretera, cada puerto, cada rampa de la geografía italiana tiene el sello del asturiano. Un sello de atrevimiento y de excesiva ambición en algunos casos que no logró conquistar el Giro de Italia, pero sí consiguió entrar en el corazón de los aficionados trasalpinos, que recuerdan sus ataques, sus demarrajes, sus pájaras y sus victorias. 

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