Crítica de 'Criminal': cine adulto...pero del bueno
Cartel promocional de 'Criminal' (Foto: abudhabi2)

Parece ser que el Reino Unido, y en especial Londres tienen algo especial. Algo que convierte a la nación británica en idónea para los thriller y tramas de espionaje. 'Criminal' se presenta con un punto de partida que marcará el tono adulto del resto de la película: implantar los recuerdos y personalidad del hombre adecuado en el cuerpo del hombre equivocado. 

Esta idea y su posterior desarrollo alejarán al largometraje en todo momento del tono juvenil basado en efectos especiales y peleas de alto nivel visual. Sin embargo, resultará entretenida para los jóvenes gracias a su carácter más inteligente, algo que se agradece. El guión y la presencia de actores de alto nivel (Costner, Oldman, Gadot...) serán los pilares de este aspecto fundamental.

Buscar en una mente muerta la clave para hacerse con los códigos militares fundamentales resulta en una persecución en toda regla por parte de la CIA y un anarquista español para hacerse con el protagonista y hacerle recordar. Esto dará varios momentos de buenas persecuciones y tiroteos.

Debido a este 'síndrome Rambo' llega un punto en el que las peleas pierden emoción al haber garantizado la seguridad del personaje principal al tiempo que dejan de resultar creíbles debido a la heroicidad y habilidad excesiva del protagonista Sin embargo, caen como muchas otra películas en el defecto que podríamos llamar 'síndrome Rambo'. Esto consiste en que en todas las peleas y enfrentamientos mueren todos los personajes que acompañan al protagonista menos el propio personaje principal, quien sin tener ni una posibilidad aparente consigue vencer a todos sus rivales una vez tras otra, en cada ocasión en peores circunstancias. 

Debido a este 'síndrome Rambo' llega un punto en el que las peleas pierden emoción al haber garantizado la seguridad del personaje principal al tiempo que dejan de resultar creíbles debido a la heroicidad y habilidad excesiva del protagonista. Cabe recordar que este síndrome se hace más patente en las primeras escenas del largometraje por lo que no suele ser un spoiler para la parte final de la película (a veces si y otras no).

La película consigue (a duras penas) sobreponerse a un desliz que en el tráiler daban a entender que cometerían. Ahondar más de la cuenta en el aspecto sentimental que une a los personajes de Kevin Costner y Gal Gadot hubiese sido un fallo de nivel a la vez que aburrido al no resultar creíble. A pesar de que en la película este tono queda bastante reducido, todavía quedan partes que chirrían como el excesivo y rápido cariño que le coge la hija al personaje de Costner sin apenas conocerlo.

Si bien es cierto que el guión consigue mantener la atención del espectador, se echa en falta un giro de los acontecimientos marca de la casa de este tipo de películas para dejarte con la boca abierta. El final lejos de eso, acaba cayendo en tópicos y resulta demasiado fácil, al contrario que el resto de la película. 

Lo mejor: Jordi Mollà. Entre tanto actor americano de renombre como Kevin Costner, Gary Oldman o Gal Gadot, es el actor español quien sobresale interpretando de una forma magnífica al malo de la película. Lejos de amedrentarse ante sus compañeros de pantalla consigue realizar una muy buena interpretación.

Lo peor: ¿Historia de amor? Los intentos fallidos por forzar una relación entre el protagonista con la familia del policía fallecido queda en un bochornoso empeño al que no se le dedica el tiempo debido a causa del necesario desarrollo de la trama principal. Eso sin tener en cuenta la poca química existente entre Kevin Costner y Gal Gadot (y eso que la actriz israelí sigue demostrando que es una actriz como la copa de un pino).

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