Crítica de 'El hombre de las mil caras': un diamante con igualdad de brillo en sus caras
Foto: Filmaffinity

Tras arrasar con La isla mínima, el cineasta sevillano Alberto Rodríguez aterriza de nuevo en las salas de cine para llevar del papel a la pantalla la historia del espía Francisco Paesa desde el momento en el que conoce a Luis Roldán, el fugitivo más buscado desde la instauración de la democracia en España.

Se podría vaticinar que El hombre de las mil caras tendría un camino fácil al llegar a los cines. Más allá de la intensa promoción de cualquier película de Atresmedia, cualquier aficionado a las cábalas de los resultados en taquilla diría que su estreno estaría principalmente empujado por el éxito de la brisa procedente de las marismas del Guadalquivir que tantas alegrías dio a Rodríguez y su equipo en 2014 y 2015. Pero nada más lejos de la realidad, este nuevo trabajo no tiene nada que ver con lo realizado hasta ahora por el cineasta andaluz. Se trata de un film que hay que ver si prejuicios y con ciertas nociones acerca de la historia en la que está basado para hacerlo disfrutable al completo.

Un equipo que funciona como un reloj suizo

Y es que la cinta ha supuesto un cambio de registro para el cine de un director que, junto a un equipo que producción tras producción demuestra funcionar como un reloj suizo, ha sabido pulir un diamante con igualdad de brillo en todas sus caras. Equipo humano de alta precisión.

"El espectador no ve a un actor dando vida a un personaje, vislumbra un personaje que muta con su realidad en la pantalla "

El trío actoral formado por Eduard Fernández, Carlos Santos y José Coronado ejerce como un trébol al que complementa una cuarta hoja con nombre de Marta Etura que genera un reparto de los que cuesta encontrar por los bosques del séptimo arte. Un elenco de esos en los que el espectador no ve un actor dando vida a un personaje, sino un personaje que muta con su realidad en pantalla.

Foto: Atresmedia
Foto: Atresmedia

El buen cine siempre debe aportar sensaciones en aquel que lo consume y visualizar El hombre de las mil caras es asistir a un encuentro con los sentidos. Las dos horas de metraje no necesitan de altas dosis de acción para que el ritmo no decaiga. Porque ya se encargaron el propio Alberto Rodríguez y su inseparable Rafa Cobos, en la creación de guion, de alisar el terreno para que Álex Catalán y Pepe Domínguez brillasen una vez con el apartado visual.

La inclusión de la voz en off del personaje de Coronado a lo largo de la trama para narrar los acontecimientos y el dinamismo que aporta la magia de Julio de la Rosa en forma de acordes, también ayudan a que el espectador se vea inmerso en las vidas de un grupo de protagonistas que se van convirtiendo en unas matrioskas con el paso de los minutos. Todos parecen estar en el interior de todos pero a la vez cada uno de ellos da la impresión de poder salir del núcleo tan poderoso y frágil de la confianza en cualquier momento.

Foto: Filmaffinity
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El hombre de las mil caras tiene la virtud de poder generar mil sensaciones distintas. Pero si algo se consigue es que el espectador vea la historia sin posicionarse a favor de ninguno de sus protagonistas. La realidad se disfraza durante 123 minutos en una ficción camuflada en ironía.

En esta ocasión la brisa del posible éxito no lleva el aroma de las marismas, ni de la comercialidad que da llevar el sello de thriller policiaco trepidante. Pero al igual que el recorrido marcado por los movimientos de dinero de Paesa, el largometraje tiene galones para hacerse camino aquí y fuera. El tiempo dirá. Él y el a veces caprichoso público deciden siempre.

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